EL MISMO LOCO AFAN - Parte 2 por el Dr. Nelson Jorge Mosco Castellano
Conversaciones con Stalin de Milovan Djilas es un libro necesario para entender hasta dónde puede llegar el bestialismo del hombre.
El régimen comunista de ayer y el neocomunismo de hoy es una calamidad para la especie humana, que favorece el ascenso de los chiflados en los que “cualquier delito contra la Humanidad es posible”, por lo tanto, debe ser combatido con todas las armas intelectuales a nuestro alcance allí donde se encuentre: en La Habana, Caracas o Pyongyang.
Stalin, “cuyo gusto por los crímenes gratuitos era propio de un Calígula, y poseía además la refinada crueldad de un Borgia y la brutalidad de Iván el Terrible”, fue la consecuencia de un régimen de partido único.
Milovan era un joven montenegrino, admirador y amigo de Stalin, seguidor del hombre fuerte de su país, el Mariscal Josip Broz “Tito”.
Djilas, comunista cabal, político, guerrillero, romántico, intelectual, pronto llega a los más altos estamentos de poder en su país, y se proyecta en toda la URSS como teórico principal del marxismo-comunismo.
En 1953, a un paso de alcanzar la presidencia de su país, comienza a publicar una serie de artículos en contra de los burócratas políticos, yugoeslavos y soviéticos.
Es rápidamente detenido y separado de todas sus funciones, y en 1954 escribe “La nueva clase”.
Allí sostiene que la burocracia del partido comunista, que manejaba también los medios de producción y de generación de riqueza, se había transformado en una nueva aristocracia.
Disponía de los bienes como propios, se enriquecía con ellos, transmitía su poder y sus influencias a sus descendientes, no muy diferente a la tan odiada aristocracia zarista que los había precedido y que tanto habían denostado.
Esa nomenklatura o “nueva clase” como la llamó, rompía el principio de la sociedad sin clases que habían preconizado, y sometía a la clase proletaria, tan explotada ahora como lo había sido en la época de los zares.
En esa nueva élite se otorgaban favores y ventajas entre sí, como en una corte, y se concedían privilegios, prebendas y prerrogativas de las que nunca gozarían los obreros.
Djilas terminó encarcelado.
Por esa misma época se difundía una novela política de un feroz anticomunista inglés, Eric Arthur Blair, conocido como George Orwell, que antes publicó su emblemático “1984”.
La novela se tituló “Rebelión en la Granja” y contaba la historia de unos cerdos emancipados de la tiranía de un simbólico zarismo, para terminar, cayendo bajo otra tiranía igual de los cerdos que conducían la revolución porcina.
El León estaba representado por un cerdo llamado Snowball.
Tanto “La nueva Clase” como “Rebelión en la granja” estaban destinados a mostrar la mentira en que había devenido el comunismo, la farsa de los supuestos derechos que otorgaba a las sociedades, y al enriquecimiento y acumulación de poder de los burócratas del partido comunista.
Con el tiempo, esa característica ya no es exclusividad del comunismo.
Muchos países, conspicua y descaradamente, están gobernados por una Nueva Clase, la de los políticos, que le han birlado la democracia, con el pretexto permanente de asegurarla y garantizarla.
Hay un pensamiento de 1945 del tirano Stalin que quizás explique mucho del mundo actual:
“Hoy en día el socialismo es posible incluso bajo la monarquía inglesa. La revolución no es siempre necesaria..”.
Los políticos han deformado e infectado el sistema democrático, que ahora sólo sirve a sus necesidades y a sus negocios, no a la sociedad.
La lectura de la historia no es en estos días un valor.
En tal precariedad, el individuo se vuelve muy manipulable, porque cae en todas las trampas que se le tienden para transformarlo en un fanático, que es un modo de esclavizarlo sin que se de cuenta.
El fenómeno del barrabrava es la forma de que los aficionados se fanaticen y no se den cuenta de lo mal que juega su club preferido.
El voto es siempre emocional.
Es la mayor herramienta de las campañas electorales y aun de gobierno para dominar.
La alternancia en el poder es nuestro mejor seguro de vida.
Pero no impide el autoritarismo disfrazado de democracia.