CRISIS O DECADENCIA DE UN IMPERIO

De los trece hijos que Letizia dio a luz en diecinueve años, ocho sobrevivieron. Cuando iba para el parto de Nabulio, repetía: “¡Él será el vengador de Córcega! Ocho corsos pobrísimos que un día habrían de repartirse tronos y principados

Nabulio, a la italiana, Nabulione, era apodado “Rabulione”: “el que se mete en todo”. Sería soldado. Su objetivo, liberar Italia de la tiranía.

El Imperio es una vieja sirvienta acostumbrada a que la viole todo el mundo”, dijo Napoleón Bonaparte al representante del emperador Francisco II de Austria, embajador Cobenzi, en la negociación de los nuevos límites del imperio con Italia.

Aquel soldado tenía la magnífica intuición de que su tiempo había llegado. Los liderazgos de Emperadores, Reyes y aristócratas estaban en franca decadencia.

Antes de tomar camino de Rastadt para firmar el tratado de paz y liberación de una parte de Italia, Bonaparte, como un verdadero jefe de estado, le dio al pueblo cisalpino los siguientes consejos:

“Únanse; denle tregua a su desconfianza, olviden las razones que crean tener para no permanecer todos de acuerdo, organicen y consoliden su gobierno. Para mostrarse dignos de su destino sólo dicten leyes sabias y moderadas. Háganlas cumplir con energía. Con los Estados sucede lo mismo que con un buque que navega y con un ejército; son necesarias la frialdad, la moderación, la sabiduría y la razón en la concepción de las órdenes, mandatos y leyes, energía y vigor en su ejecución”.

El ciclo de todos los imperios tiene su apogeo, su grandeza, y su extinción como inexorablemente lo marca la historia.

Siempre es más fácil construir un imperio que arreglarlo en su etapa terminal, abandonados los valores fundantes que lo hicieron grande, por los que conducen a la decrepitud.

Occidente, el faro de libertad y responsabilidad que iluminó e hizo crecer el bienestar de la humanidad sufre los embates de quienes apuestan a destruirlo.

Sus liderazgos débiles no soportan los cuestionamientos relativistas que le han hecho perder la brújula, la decisión y la sabiduría. Están en crisis. Son viejos para la época tecnológica y los cambios vertiginosos. Tienen que dirigir un mundo que pone en jaque a estructuras institucionales obsoletas.

EEUU está sufriendo hace décadas una enorme contradicción. Lo sostiene el desarrollo científico, pero aquellas instituciones inquebrantables, sólidas en el manejo del dinero de la gente perdieron su moral, ética, y respeto al prójimo. Tienen la complicidad de una dirigencia política errática, timorata, fracasada. Siguen gastando sin control ni sentido; preanuncia una decadencia irreversible. Etapa que es propia de todos los imperios que han intentado darle un sentido unívoco al mundo y desaparecieron.

Sufre el desgaste de liderar, se va corrompiendo, alejando de las bases que lo llevaron a la prosperidad, sus cimientos se diluyen en el barro.

Un sistema financiero al servicio de emprender se ha corrompido. Ha crecido obscenamente; no es controlable ni confiable. La corporación controla al gobierno temeroso de una debacle. Ocultarla no la evitará.

Infiltrado por las ideas socializantes del enemigo, contrarias al ahorro genuino, la inversión segura, la responsabilidad por fallar, y rehacerse, deshicieron lo que parecía indestructible.

El ingenio hizo crecer fulleros que exponen las inmoralidades y justifican como legal enriquecerse estafando al prójimo, para deleite de los que consideran que el capital es el enemigo de la gente.

Hay un mundo de apuestas, Wall Street, del que viven muchos personajes detestables.

Bloquearon el crecimiento genuino, convencieron al mundo que vivir de hacer nada era posible.

Deturparon a los emprendedores como benefactores sociales, que invierten, dan trabajo, y aumentan los recursos genuinos comerciando. Convirtieron a los “Padres Fundadores” en los “Vivos Fundidores”. Un esquema Ponzi perpetuo que copian los enanos mentales endeudándose. Degenerados fiscales enjugan sus fallidos presupuestos públicos enderezando la curva de Laffer. Cargan una carga tributaria insoportable al sector medio, esclavo, al que mienten oportunidades de vivir mejor con deuda e inflación.

El modelo económico que han creado es un monstruo.

El gobierno justifica el costo del dinero en tasas negativas. Una aberración imposible de incorporar en una hoja de cálculo; da error.

El sistema acostumbró al ser humano a vivir el presente y proyectarlo hacia el futuro cargando generaciones nonatas sin cuestionarlo.

El precio se paga en inflación que duele a la gente en el bolsillo.

La crítica al modelo económico es fácil. La solución es muy dura. Implica subir los tipos de interés del dinero hasta equilibrarlos con la producción real. Nada menos que pagar más por la energía, la comida, la salud, menos por las pasividades. Subir el costo de las hipotecas y el interés de los préstamos.

Ahogar al consumidor. Exigirle dejar de consumir. Ajustarlo al valor real de intercambio del dinero por el de bienes y servicios. Eso provocaría una recesión económica, paralizaría el comercio, generaría desempleo. No hacerlo es cobardía. La inflación pasa a ser un cálculo estadístico, no real. Si se calculara en períodos mayores a un año, presentaría porcentajes increíbles de pérdida de valor de tu dinero.

Tiene un alto costo electoral; para taparlo usan los Bancos Centrales que emiten y lo barren bajo la alfombra. Desnudaría la mentira de los políticos: exhibiría su responsabilidad.

Ocultar la realidad ha sido el deporte político de EEUU al mundo. Este juego intoxica al imperio y la realidad lo golpea. Hay que elegir un gladiador que corrija el rumbo.

Se evapora el valor adquisitivo de la moneda que es la divisa mundial.

EEUU lo ha propiciado y es el sheriff del barrio.

La mentira desnuda políticos ineptos. Exhibe su responsabilidad en dar pescado en lugar de enseñar a pescar.

Analizaremos en el próximo las posibilidades del actual presidente.