POR LA RAZÓN O LA FUERZA
“Por la razón o la fuerza”, es una versión del latín «aut consiliis aut ense» («o por consejos o por espada»), concepto vinculado a los orígenes del Estado de derecho.
La frase se remonta a la Antigua Roma y es expresión del clásico dualismo saber-poder (consilium-auxilium; «consejo»-«auxilio»), que es posible encontrar en el pensamiento platónico, y que fue desarrollado en la Europa medieval.
De ese dualismo, a su vez, es expresión el símbolo más conocido de la justicia: la balanza, que es expresión de la razón y el derecho, y la espada que representa el poder y la fuerza.
En sus orígenes, el significado del lema no está vinculado a un carácter belicista, sino que pretende establecer la primacía de la razón en la vida colectiva (el derecho), no obstante, si esta es violentada (se violenta el derecho). Puede restablecerse mediante el uso de la fuerza.
Desde Roma con el cruce del Rubicón de César, pasando por Francia, y su Revolución popular que dio paso al Imperio de Bonaparte; el intento liberal en la Rusia zarista arrasado por la pequeña Revolución Leninista; la Alemania dos veces derrotada que terminó en Hitler; la caída y desintegración de la URSS dando paso en Rusia a un nuevo zar; la China de Mao que hubiera sido barrida, si no hubiera surgido de Deng Xiaoping, para permitir un oxímoron: gobierno autocrático y economía liberal.
Todas experiencias que fueron de la razón a la fuerza, para cambiar situaciones políticas terminales que generaban la intolerante reacción de los pueblos hacia sus gobiernos.
Cuando la razón fracasó, determinó una vuelta por la fuerza al absolutismo.
En democracia se es eficaz y eficiente en gobernar, o se es sustituido por la razón. La voluntad del elector. Y cuando el enfrentamiento es definitivo se impone la fuerza. Le pasó a César, Napoleón, Hitler y Mao, hasta que demostraron sus debilidades, y fueron arrasados a su vez por la fuerza de la razón.
La tan llevada y traída frase: “Somoza may be a son of a bitch, but he’s our son of a bitch”, atribuida al presidente de Estados Unidos Franklin Delano Roosevelt en referencia al dictador de Nicaragua Anastasio Somoza, puede traducirse así, “puede que sea un hijo de perra, pero es nuestro hijo de perra”. Aunque la más exacta, en su significación e intención, sería “es un hijo de la gran puta, pero es nuestro hijo de puta”.
EEUU aprendió a sangre y fuego el costo de sustituir a un dictador por la fuerza. Enfrentó dos problemas, el costo político de una guerra cruenta cuya victoria no está asegurada; y el de mantener el orden en un país que no quiere tener un sheriff. La transición intentando reformarlo en democracia, no necesariamente mejora el gobierno anterior. El pueblo culturalmente acostumbrado a obedecer y recibir lo que se le asigna a prepo, tiene una dura y larga transición hacia la libertad responsable.
El gran tema es cómo se restituye el imperio de la razón cuando el péndulo está jugado hacia la decadencia, sin caer en el autoritarismo de estos tiempos revueltos.
Cómo se acuerda cuando no hay tiempo para razonar demasiado. Cuánto de fuerza se justifica por quien intenta volver al quicio de la razón, sin quedar pegado al autoritarismo.
Henry Kissinger advertía a quienes detentan el poder:
“Lograr el equilibrio entre poder y legitimidad es la esencia del arte del gobierno. Los cálculos de poder sin una dimensión moral transformarán cualquier desacuerdo en una prueba de fuerza, la ambición no hallará descanso; los países se verán embarcados en insostenibles tour de force de cálculos elusivos relacionados con la cambiante configuración de poder.
Por otra parte, las proscripciones morales que no se preocupan por el equilibrio tienden a la cruzada o a desarrollar políticas impotentes que invitan a cuestionarlas; los dos extremos ponen en peligro la coherencia del orden internacional mismo.
En nuestra época, en parte por las razones tecnológicas, el poder está en un proceso de cambio sin precedentes mientras los llamamientos a la legitimidad multiplican cada década su alcance de maneras hasta hace poco inconcebibles.
Cuando las armas se vuelven capaces de acabar con la civilización y las interacciones entre sistemas de valores se tornan instantáneas e inauditamente intrusivas, los cálculos tradicionales para mantener el equilibrio de poder o una comunidad de valores pueden volverse obsoletos”.
Jacques Rancière, catedrático de Estética de la Universidad París VIII, profesor invitado en Suiza y en EE.UU., aborda de qué manera se fue transitando desde el fin de la Guerra Fría a finales de la década del ‘80, cuando se pensaba que la era de las ideologías y los conflictos asesinos eran parte del pasado, hasta llegar al mundo actual donde enfrentamos un presente incierto con ideologías cada vez más fanatizadas y conflictos más sangrientos e irracionales.
Rancière pone en alerta sobre la posibilidad de estar en la puerta de un nuevo orden mundial irracional que se creía ya en el pasado.
Por la razón o la fuerza; una opción dramática de corsi e ricorsi. El precio de construir la fuerza moral, ética y estética de libertad responsable superando la fuerza.
A veces, no comprendemos las dificultades y el riesgo permanente de perder la razón. Y lo cerca que se está desde el sistema político de generar enfrentamientos cuando claudica y se vuelve a imponer la fuerza.
Los gobernantes tientan otras infamias por la fuerza cuando sus decisiones ponen a la humanidad al filo de perder la razón.