ENTRE ILUMINADOS Y GATOPARDOS por el Dr. Nelson Jorge Mosco Castellano
El nuevo desorden mundial es la consecuencia de la sumatoria de millones de desaciertos, acomodos, corruptelas, ansiedades, insatisfacciones.
La historia registra miles de estos episodios, fruto normal de la incerteza humana para resolver sus entreveros.
Que cuando llegan a una situación crítica desembocan en un iluminado que viene a decir qué es lo que hay que hacer sin margen a análisis técnicos, políticos, o, al menos, contemplativo de la dificultad de los individuos para abarcar soluciones universales.
La democracia presenta aspectos complejos, que si no pueden resolverse dialogando, terminan en choques de ideologías, cerradas, que no admiten controversia.
En ese estadio de cosas estamos.
Tanto en lo global como en lo nacional.
Se eligieron autoridades con un método que no es exactamente el más democrático, en el que inciden miles de factores, desde económicos de recaudación, hasta operadores expertos de lavados de cerebros, y la militancia que cuida o descuida la elección.
Pero, el antecedente inclaudicable son las acciones humanas previas del colectivo político que no ha podido dar satisfacción a la insatisfacción de la mayoría de sus congéneres, y viene a representar a la mayoría circunstancial de la opinión pública, que detesta a la que condujo a las sociedades a la actual situación.
Este enfrentamiento de intolerancia concluye con iluminados.
Nada bueno para momentos definitivos económico y sociales.
La llegada de Trump con un tiempo limitadísimo para encarar cambios estructurales profundos, abandonó el liberalismo para conformar una suerte de totalitarismo que intenta volver al futuro de lo que fue su país-imperio.
Tarea que ha encarado con las escasas condiciones negociadoras que posee, convencido del rumbo inexorable, aunque cueste convencer por la violencia comercial a todos sus competidores, los paniaguados que han tolerado pacíficamente su preponderancia, y los que construyeron este mundo convulso al margen del humanismo que pregonaban.
En lo nacional, también enfrentamos el fracaso del gobierno anterior que intentó con prudencia reencaminar el país al orden presupuestal, en tiempo de demandas de un creciente núcleo que se formó a lo largo de 70 años de no prodigarle solución alguna que les diera oportunidades reales de superar la miseria.
Tanto allá en el hemisferio norte, donde la guerra de aranceles se ha convertido en arma bélica insoportable para gobiernos acostumbrados al dolce far niente, como aquí en donde el gatopardismo de tanto desaguizado acumulado hará imposible el cambio radical que ofrecen personajes que integraron esos colectivos deturpados de nuestra sociedad otrora de "clase media”, exponen sus inconsistencias, debilidades, y conflictos con quienes quieren que les arreglen lo que prometieron.
Trump ha manejado como elefante en bazar su propuesta alternativa.
Ha dejado expuestos a sus propios conciudadanos, que alarmados intentan manifestar su descontento con un futuro que visualizan negro.
Por otra parte, idas y vueltas, condenan a los emprendedores, financistas, e inversores a stand by, lo que trae consecuencias dramáticas que difícilmente se podrán controlar por este supuesto super hombre, y los gobernantes que esperaban una negociación ordenada y no un conflicto bélico estúpido de confrontar barreras al comercio que suben y bajan.
Impedir gobernar es impedir la mejora en un mundo globalizado.
Hoy nadie tiene claro si suben y bajan los mercados de valores, si hay que invertir en EEUU trayendo empresas que nadie programó reinstalar, o hay que esperar que se calmen las aguas y se pueda seguir produciendo con un costo alternativo en donde está instalada la producción.
Parece que Trump que ha estado en el negocio inmobiliario, ignorara que las empresas no se desarman y vuelven a armar en tiempo récord.
Que tiene un costo de incertidumbre que no se puede calcular en un mundo en turbulencia.
Que también parar la producción tiene un costo social, económico, y empresarial que se tratará de resolver trasladando a precios.
Que un producto en el siglo XXI es un aparato con componentes de cientos de productores de diversos lugares que lo hacen competitivo en un mercado que demanda precio y calidad.
Por nuestra parte, el gobierno quiere ser reconocido internacionalmente, para lo cual la seriedad en lo económico para un país no soberano, que depende de los prestamistas de aquél hemisferio, genera un problema adicional al ministro del ramo, que ha tenido que salir a frenar los impulsos infantiles de políticos oficialistas que manifiestan que estamos casi en default.
La prudencia sería buena consejera para todos.
Desarmar el aparato que está andando mal en funcionamiento, implica un experto en sostenerlo y arreglarlo andando.
No es posible hacer tabula rasa con el presupuesto anterior.
No es posible hacer tabula rasa con las obligaciones contraídas.
No es posible hacer tabula rasa con los intercambios comerciales internacionales.
La realidad, sigue siendo la realidad.
Y ser realista permite que algunos cambios puedan ensayarse sin patear el tablero.
Cosa harto sencilla, pero muy complicada en asimilar, porque desde los fenicios tenemos relaciones comerciales complejas, que antes se arreglaban a los sablazos, pero hoy parece que hay un botón rojo que hace imposible semejantes decisiones.
Volver a la sensatez en tiempos violentos es una receta aconsejable para un mundo nuevo absolutamente, en el que nadie sacó libreta de conducir.
Donde todos nos necesitamos para pensar con cabeza abierta las mejores alternativas.
Siempre perfectibles y corregibles, mientras no lleguemos al límite infranqueable de desaparecer como humanidad.