THE SHOW MUST GO ON - Parte 3 por el Dr. Nelson Jorge Mosco Castellano
El eterno problema de construir y vender utopías tiene consecuencias.
Convencer de que la realidad que les disgusta se puede cambiar por decreto, por otro operador más sensible, con resultado inmediato garantido.
Promover que quienes viven mal es siempre culpa de otros; que les quitan lo que les corresponde, cuya redistribución es simple.
Mistificar que la pobreza es responsabilidad de quienes se abusan en todo momento de su incapacidad de rebelarse.
Estratificar la sociedad en ellos y nosotros, buenos y malos, ricos y pobres, es un verdadero problema para quienes se ofrecieron como bomberos sociales y tienen que cumplir sus promesas.
Es peor cuando ellos también son parte del problema, proponiendo avanzar sobre quienes de buena fe producen los recursos para atender infinitas necesidades que prometen.
También, es su responsabilidad, crear “comisarios políticos” burocráticos con sueldo público para custodiar la igualdad que no llega.
Y siempre, hay un grupúsculo de extremistas totalitarios que quieren desestabilizar y exigen que las utopías son ha pedido ya.
Todo está servido para que los especuladores, los prebendarios, y los comunistas, heterogéneo conjunto de chupa sangre, quieran sacar el mayor pedazo del descalabro que los utópicos propician.
Cuando se advierte por quienes plantean evitar el derrumbe, son enemigos.
Ordenar el caos genera rebeldía, nadie quiere pagar el pato de la boda.
El inefable mix marxista-liberal no estaría funcionando.
La convivencia está desgastada entre el sistema de ahorro productivo de capital que debe hacer crecer la economía, y el socialismo del siglo XXI.
Viejo marxismo remasterizado que quiere ordeñar hasta el éxtasis.
No existe un sistema genuino de capitalización de los ahorros; el aparato destructivo de confiscación por el Estado no permite multiplicar recursos.
Las experiencias comunistas viejas y nuevas exponen las consecuencias de aplicar in totum el Manifiesto Comunista, bajo palio de morir en el intento.
A diferencia del comunismo y el socialismo light, nunca se ha aplicado un régimen liberal, aséptico de intervención pública desbordante, de libre disposición del capital propio con responsabilidad de invertirlo y trabajarlo honradamente.
El laboratorio liberal, inexorablemente, requiere excluir las mordidas del político y los prebendarios.
El híbrido que propone Oddone, va avanzando, carcomiendo los ahorros y derechos generados por los individuos.
Mientras los ultras intentan engullírselo todo, incluyendo la institucionalidad.
Este matrimonio en el que uno trabaja y el otro vive de arriba está fracasando.
El haragán lucha prometiendo esa redención utópica, pero siempre tiene una excusa ajena.
La intervención del sistema político hace lo que se le antoja, incorpora graves distorsiones, liquida expectativas, ganas de ahorrar, inversión del capital honesto, obliga a evadir la insoportable carga impositiva que acrecientan.
Un deporte desleal, David esquiva los golpes de Goliat que le conculca lo que produce, el salario, el desarrollo económico colectivo.
Y si no se crece, se decrece.
El sistema político socializa las pérdidas convirtiéndolas en endeudamiento e inflación.
Se extingue la confianza, y la única alternativa es callar la protesta.
Aunque se conocen las dramáticas circunstancias de aplicar el marxismo light, un cúmulo de crédulos, avivados, corruptos y canallas, le otorga mayoría para que el “show must go on”.
En este marco de gestión decadente especuladores internacionales carroñenan la sociedad.
Algunos hacen creer que pequeñas dosis de marxismo hace al político más redistributivo y solidario.
En “Los enemigos del comercio, una historia moral de la propiedad”, Antonio Escohotado, luego de 17 años de investigación averiguó las causas de la pobreza y riqueza entre países que jugaban en distintas ligas.
Cómo se gesta y cómo naufraga todo propósito de crear un paraíso inmaterial (por abolición dineraria) en la tierra.
“Movimientos revolucionarios/comunistas aparecen en etapas de relativa prosperidad y no de carestía.
El máximo ejemplo sería el siglo XIX en donde la exuberancia de la Revolución Industrial, que permite pasar de la estacionalidad del cultivo a la estabilidad de la fábrica, despierta los primeros ardores de estómago de los mesías rojos.
Ayudados por quienes pecan de amarillismo, reflejando una sociedad que no fue la del momento, surgen los primeros grupos comunistas modernos.
Ninguno de los grandes líderes del movimiento obrero, desde Marx pasando por Lenin o Stalin, fueron trabajadores, sino “señoritos” que vivían de sablazos o atracos, sin dar un palo al agua.
Marx se pulió la fortuna de su mujer, Jenny von Westphalen, además de dejar morir a su hijo Edgar de hambre y de frío, mientras se negaba a aceptar un puesto de profesor en la academia de su amigo Wolff, a escasos metros de su casa.
Otros de sus vástagos fueron cayendo ante la desidia de quien pretendía salvar un grupo social al que nunca perteneció ni entendió.
Nunca definió el concepto de "clase", que confunde con estamento inamovible.
Durante la égida de Lenin (poco más de cinco años) murieron de frío y de hambre cerca de 30 millones de personas en Rusia.
Suponía que por la fuerza la humanidad iba ser arrastrada a ser feliz (Gorki).
Y fue arrastrada a la muerte.
Se pregunta Escohotado: ¿son acaso tan distintos los nazis de bolcheviques, cuando Hitler al final de su Mein Kampf confiesa que pretende acabar con la propiedad privada?
Los estatutos de la Gestapo son un calco de los de las Chekas, siendo Dzerzhinsky el creador de las mismas a la vez que inspirador de su homólogo alemán Himmler.
Ni Mao ni Stalin (asesinos genocidas al mismo nivel que Hitler) leyeron El Capital de Marx.
¿Cómo aplicaron la teoría de lo que no conocieron?
Concluye: “el comercio libre y honesto es la fuente de cooperación, justicia; y la miseria universal aparece cuando se construyen enemigos”.
“Por lo mismo que le tengo tirria al discurso patético enfático.
Al que pretende hacer del sueño la realidad. Al que va con ideas preconcebidas”.
Acabar con la propiedad privada es una utopía que nunca se ha logrado, ni aún, a través de la violencia.