THE SHOW MUST GO ON - Parte 2 por el Dr. Nelson Jorge Mosco Castellano

China le exporta casi cuatro veces más que lo que importa de EEUU, compite con el mayor dumping nunca visto haciendo trizas el equilibrio comercial.

La pregunta es, podía seguir EEUU en este proceso de hipotecar su sistema productivo sin hacer nada. 

O entregándole su mercado consumidor a quien compite por ser la primera economía mundial.

Aunque nos resulte extraño, los costos adicionales que EEUU le paga a China los pagamos todos. 

De esa relación comercial depende el interés que fije la Reserva Federal para sus préstamos.

La prima de riesgo, riesgo país o riesgo soberano se define el sobreprecio de intereses sobre el que fija la Reserva Federal que paga un país para financiarse en los mercados. 

La calificación crediticia que se otorga a un país indica el nivel de confianza en su capacidad de repagar su deuda. 

El grado inversor se considera un activo clave para acceder a financiamiento en los mercados de capitales. 

No se conoce hasta el momento un país cuyo gasto público se financie con recursos genuinos propios. 

Apenas pagan el interés, por lo que, el norteamericano también nos interesa a nosotros.

Según se fije en EEUU el gobierno puede obtener costos de endeudamiento más bajos y plazos más largos, o, todo lo contrario. 

El Riesgo País de Uruguay (medido por el Índice UBI publicado por República Afap) al 31/03/2025 muestra un valor de 95. 

Nuestra sobretasa es, por ahora, 95 puntos más que la tasa de interés que paga EEUU. 

La irresponsabilidad y la corruptela también se miden con el mismo índice. 

Por ejemplo, Argentina llegó a más de 1600 puntos. 

Antes de la guerra de aranceles había bajado a 600 puntos básicos, y hoy está en 900. 

Haber sido gobernada por los Kirchner en sus diversas versiones de corrupción profunda es un plus de hambre y desolación que pagan todos los argentinos. 

Adam Smith en “La teoría de los sentimientos morales” da la explicación de por qué, independientemente de que un resultado nos preocupe más que otro, elegimos como decidimos ante problemas morales.

Cuando estamos mucho más íntimamente afectados por lo que nos pasa que por lo que le pasa a los demás, la manera en que actuamos se debe, no a que estemos preocupados por lo que pensarán los demás de nosotros, sino por lo que pensará ese espectador imparcial, fruto de mi imaginación, que es uno mismo. 

Nos preocupa lo que pensaremos nosotros de nosotros mismos, pensando en la persona que queremos ser, y en la idea de persona que tenemos de nosotros mismos”.

Quizás Trump tenga esa visión de sí mismo como redentor. 

Otros no encararon semejante desafío. 

Dejaron avanzar a EEUU a la decadencia económica, moral y social por desidia o corrupción. 

Crisis ética y moral que se extendió a Europa.

China puede ser víctima o victimario. 

O simplemente, aprovechó la avaricia de los imprudentes para mejorar su condición económica y social. 

Henry Kissinger, asesor de Seguridad Nacional y secretario de Estado de Richard Nixon y Gerald Ford, otro hombre controversial, fue el que abrió el camino para este avance de una China que siempre ha hecho gala de una crítica feroz al belicismo imperialista estadounidense.

En un punto de inflexión crucial en las relaciones sino-estadounidenses, el presidente Mao Zedong, el primer ministro Zhou Enlai, el presidente Nixon y Kissinger, tomaron la decisión de auspiciar la cooperación entre China y Estados Unidos, abriendo el proceso de “normalización” de las relaciones bilaterales. 

Kissinger voló en secreto a Beijing en aquel año con la misión de establecer relaciones con la China comunista, inmersa en pleno en la agitada Revolución Cultural. 

El viaje preparó una visita histórica del presidente Richard Nixon, quien buscó dar un vuelco a la Guerra Fría con la URSS y recabar ayuda para poner fin a la Guerra de Vietnam. 

Las propuestas de Washington permitieron a Beijing salir de su aislamiento internacional y, a la postre, contribuyeron al ascenso de China para convertirse en una potencia manufacturera; y la economía que puja por el primer lugar en el mundo. 

Una vez que dejó el cargo oficial, Kissinger se ha enriquecido notoriamente asesorando a empresas con proyectos de inversión en China.

Al reconocer a la China comunista en 1979, la administración estadounidense esperaba que su desarrollo económico llevara a este país hacia la democracia liberal. 

Haciendo el balance, esta ilusión, alimentada durante mucho tiempo en Washington, se ha perdido. 

A Kissinger se le recrimina que aquella jugada “astuta” de los años setenta se haya transformado en una de las manifestaciones de ingenuidad más elocuente de la historia diplomática de EEUU. 

Wang Yi, el máximo responsable de la política exterior china, se lo espetó con claridad a Kissinger: “El desarrollo de China tiene una fuerte dinámica endógena y una lógica histórica inevitable. Es imposible tratar de transformar China, y es aún más imposible rodearla y contenerla.”

Al cerrar el acceso de China a la tecnología de fabricación de microchips de última generación, Washington quiere obstaculizar drásticamente sus avances en el campo de la Inteligencia Artificial y otros ámbitos del progreso científico en los que China ha logrado importantes éxitos.

Xi Jinping recordó a Kissinger que, como antaño, “el orden internacional está experimentando un cambio enorme”. Una “nueva era” se está gestando, pero no se descarta del todo una recidiva en aquella dinámica diabólica.

Evitar la confrontación fue el mantra que Kissinger recitó a uno y otro lado del Pacífico. 

A algunos le suena a otra época, pero ciertamente incorpora una reflexión actual sobre el verdadero interés nacional de EEUU cuya esencia no radicaría en el conflicto, que “no conducirá a ningún resultado significativo para ambas sociedades” sino en una gestión compartida de los desafíos. 

En 2013, Xi formuló la idea de construir un nuevo tipo de relación entre potencias, quizá pensando en establecer una aceptación reciproca de un duopolio de dos potencias rivales. 

Sin embargo, todo indica que aún estamos lejos de colmar su obsesión.

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