LAS GUERRAS PERDIDAS Y SU REDENCIÓN - Parte 3 por el Dr. Nelson Jorge Mosco Castellano
En un artículo publicado en 1989 titulado "Desmarginalizando la intersección de raza y género: una crítica feminista negra a la doctrina antidiscriminatoria, la teoría feminista y la política antirracista” la abogada Kimberlé Crenshaw utilizó el concepto “interseccionalidad” para describir lo que, según ella, eran opresiones superpuestas de raza y género.
Desde entonces, la interseccionalidad se ha convertido en la argamasa que mezcla las múltiples opresiones, otorgándoles preeminencia a unas sobre otras.
Lo importante para el wokismo es que, para lograr un verdadero cambio social, es necesario un enfoque interseccional de lo que se vaya agregando a su agenda.
La importancia de la perspectiva de género y el identitarismo sexual en la ideología woke hace que se erijan como una de las banderas más importantes de su cosmogonía.
Son los cimientos sobre los que se edifica su poder.
Uno de los marcos teóricos más poderosos del wokismo.
Sin embargo, es el que más profundamente ha entrado en contradicción con la naturaleza, convirtiéndose en un flanco lacerante.
La lógica de la ideología woke, nac and pop, progresista, implica que incluso los matices doctrinales más insignificantes sean vistos como manifestaciones de intolerancia y fobia que deben ser castigadas.
Con esta intransigencia han conseguido, para poder sobrevivir en esta distopía, que las personas asuman como natural contradecir a la biología, a las leyes físicas, e incluso a lo que ven sus propios ojos, antes que contradecir los postulados woke por absurdos y demenciales que se planteen.
Esta ideología ha expandido sus dominios a múltiples áreas como el ecologismo y la regresión climática pre industrial; el antirracismo estructural selectivo; el indigenismo, aún en donde los indios fueron barridos por sus antepasados, o su descendencia sea evidentemente cruza de factores no indígenas; el anticapitalismo, del que extraen fondos para su destrucción; el anticolonialismo y la reparación histórica, sin mayor profundidad sobre el imperialismo al que muchos quieren allegarse; el animalismo y el especismo y tantos más, que ponen en seria contradicción las alternativas vernáculas a la base de la supervivencia.
O sea, se ha diversificado y dramatizado en expresiones, que antes eran de un reclamo justificado y civilizado, para avanzar hacia la violencia, la cancelación, el ridículo histórico, y las proyecciones sobre el futuro.
Y como no admite el menor análisis contrafáctico, fundado, técnico o académico, se transforma en un pre-totalitarismo avanzado.
Es particularmente evidente el avance del identitarismo sexual, como el feminismo radical, el activismo LGBTQIA+, el colectivo trans y la militancia queer.
Estos colectivos convocan a seres humanos a confrontar y desvirtuar su opción de género, ofreciéndole como alternativa sus estrafalarias exposiciones públicas.
Se basan en la premisa de que todos tenemos una “identidad de género" que trasciende la realidad biológica, y hay que buscarla cuanto antes.
Una especie separada de lo anatómico que fue construida por una deformación cultural de la sociedad nativa, imposiciones religiosas, etc.
Para el woke, la idea de hombre y mujer es un constructo, un “binario falso” que replica la opresión estructural que hay que combatir.
Se la define como “perspectiva de género”, una contradicción mental con la sexualidad portante, base de la conformación de la agenda de “nuevos derechos”.
Utilísima para arengar más o menos violentamente sobre la redención de la sociedad a su imagen y semejanza.
El “género” vendría a ser la dimensión espiritual del sexo, más allá de la biología, moldeable, opcional, alterable, fluida.
Asume que las cuestiones sobre la sexualidad están vinculadas, por algún extraño sortilegio interseccional, a otros ítems woke como el ecologismo y la alarma climática, la anticoncepción después del embarazo, las luchas indigenistas o étnicas, o las demandas anticolonialistas.
Todo tiene que ver con todo.
Algunos analfabetos de la multiplicidad de género, conservadores recalcitrantes de nuestra genealogía sexual originaria, no iniciados en las profundidades metafísicas de esta evolución continua, quisiéramos que nos dejaran un espacio no invadido, respetuoso, para disfrutarla sin ofender a nadie.