LAS GUERRAS PERDIDAS Y SU REDENCIÓN - Parte 2 por el Dr. Nelson Jorge Mosco Castellano
Karina Mariani despierta nuestra reflexión imprescindible en su primer libro: “Las guerras que perdiste mientras dormías”:
“Se ha puesto de moda hablar de "guerras culturales" para explicar los diversos puntos de vista sobre cómo se ordena una sociedad, sobre su estimación de lo que es justo o injusto y sobre cuáles deberían ser las normas sociales que respondan a esa idea de justicia.
Lo cierto es que la ideología woke rechaza la idea de justicia sobre la que descansa la cultura occidental, dado que la considera estructuralmente opresora.
En cambio, considera que la sociedad se compone de una serie de grupos segregados estancos, que experimentan una cotidianeidad irrespirable signada por el rencor.
Este rencor, esta ira ancestral, están basados en ofensas pretéritas, de décadas y hasta de siglos atrás.
Quienes hoy están vivos no las protagonizaron, no las recibieron ni las padecieron.
Se trata de ofensas e injusticias que el wokismo vuelve hereditarias, transmitidas, según les convenga, a través del color de piel, del lugar de nacimiento, del género, de la religión.
Estas ofensas son adjudicadas a grupos de “opresores”, a pesar de que estos carezcan de culpas o responsabilidades cívicas o judiciales.
Por más ridículo e irracional que parezca, el wokismo funciona gracias a este motor vengativo.
Su combustible es una venganza sin fin ni redención”.
Estas reflexiones las palpamos también en el día a día.
Mientras los que defienden los valores de nuestras tradiciones culturales básicas, construidos mediante prueba y error a lo largo de veintiun siglos, el wokismo genera divisiones, enfrentamientos, grietas, absolutamente irreconciliables.
No solamente es una ideología cerrada, es una ideología intransigente.
Los cambios evolutivos que las sociedades van construyendo en colectivo, solidariamente, traccionando a los sectores que van quedando rezagados en un mundo volátil y maquinal, no se aceptan como tales por el wokismo.
El feminismo produce un enfrentamiento violento: hay que feminizar todo, de tal forma que lo masculino es un enemigo a destruir.
El color de piel, el lugar de nacimiento, o la libertad de profesar una religión, que en nuestra sociedad puede tener resquicios de intolerancia que hay que domeñar por el convencimiento de que atentan contra la convivencia, la tolerancia, y particularmente contra la libertad de construir un proyecto de vida sin cortapisas basadas en esas condiciones naturales o en esas convicciones, pasa a ser una “causa”.
Algo por lo que enfrentarse y exterminar al que no se someta, generando artilugios legales, o directamente movilizaciones para exhibirlos como la escoria de nuestras sociedades.
Luego de eso, quedarán otros estigmas de intransigencia.
El feminismo radical producirá nuevas formas pendulares de ostracismo al hombre, cuyas consecuencias sociales, éticas, y naturales, son consideradas daño colateral.
Todas las demás discriminaciones negativas, se transforman en discriminaciones positivas.
Cambian de signo de intolerancia, simplemente, pero no convencen.
Pasan a reivindicar derechos ancestrales prostituidos, cobrando cuentas sobre quienes estamos absolutamente de acuerdo con NO discriminar.
La pregunta esencial es si esta ideología busca se superadora de los lastres de imperfección de nuestras sociedades, o clausurarlas.
Deconstruir sin otra intención que romper, acabar, matar, cancelar.
¿Podremos vivir luego en una sociedad absolutamente descompuesta?
El wokismo no nos da una respuesta a su construcción de paradigmas enemigos, que pretende exterminar conjuntamente todos los valores que condujeron a nuestras imperfectas asociaciones humanas a un camino que avanza hacia un mundo sin indigencia, con la menor pobreza de todos los tiempos.
Con esos arrebatos woke el cambio va a ser hacia la anarquía, y luego de la anarquía, la historia cuenta, inexorablemente, que le sigue un totalitarismo.
Seguramente, la enorme mayoría de los seres humanos NO QUEREMOS ESO.