LA SOLIDARIDAD OBLIGATORIA por el Dr. Nelson Jorge Mosco Castellan
La gente normal es solidaria simplemente por un sentimiento de empatía con sus semejantes.
La izquierda por el contrario desarrolla un sentido de la solidaridad obligatoria, impuesta por quienes creen que saben mejor que los demás lo que es bueno para otros, siempre, usando la plata de los demás.
Cada uno de nosotros sabe perfectamente cómo gastar su dinero para satisfacer sus propias necesidades.
Cuando tenemos que hacer un regalo generalmente cuidamos que el dinero se aplique a una compra más ajustada que cuando lo hacemos para con nosotros mismos.
Pero cuando podemos utilizar el dinero ajeno para gastarlo en lo que queramos, somos extremadamente generosos con nosotros y con los demás, total no nos duele en nuestro propio bolsillo todo lo que despilfarremos.
Esto en el caso de la izquierda es una obsesión.
Gastan lo ajeno con impudicia.
Siempre crean nuevas necesidades en que confiscar más dinero ajeno.
Y a esas necesidades en general innecesarias, desordenadas, y abusadoras, van sumando nuevas, haciéndolas “indispensables”, conformando una enorme pira de dinero de quienes lo entregan para que hagan un uso pudoroso, equilibrado, cuidadoso, restricto.
Un ejemplo clarísimo lo vemos en las próximas elecciones departamentales y municipales en Uruguay.
Los candidatos plantean en general cómo van a gastar los dos millones de dólares diarios que recauda la intendencia de Montevideo, sumado a la deuda que conlleva préstamos, las partidas del gobierno central que quieren acrecer, y los fideicomisos que pretenden para hacer las obras que los 10.000 municipales y alcaldías, no permiten realizar.
Claramente, si el 90% del presupuesto de la intendencia se lo llevan los salarios y gastos de funcionamiento, organización que en cualquier actividad privada ya hubiera quebrado, es imposible pensar en mejorar, o realizar más eficientemente la recolección de basura, la reparación de calles y veredas, la poda de árboles que atentan contra la circulación, el rediseño de un sistema de transporte que cuesta fortunas y apenas resulta de utilidad.
La izquierda en sus tres versiones pretende hacer más ciclovías, contratar más privados para recolectar basura, poner a cargo del contribuyente conservarla en su casa para facilitarle a los municipales llegar cuando quieran.
Estamos en sus manos.
Justifican con impudicia que se tenga una orquesta sinfónica, que se apliquen millones al carnaval, que se cuente con una división de cultura con miles de funcionarios, que se repitan policlínicas al servicio médico del ministerio del área, y hasta que sigamos pagando la fiestita de un casino municipal, único en el mundo que pierde plata a raudales.
La propuesta nunca es reducir municipales y gastar bien el dinero de la gente.
Por el contrario, entienden que la intendencia es una fuente de empleo.
Por lo cual la prioridad la tiene sumar más funcionarios a la miríada de directores de confianza, más en limpieza, más en tránsito para aplicarnos multas en lugar de ordenar el tránsito caótico.
Alguno de sus candidatos reconoce que si bien en otras partes del mundo las ciclovías y marcado en las esquinas es una buena forma de circular, el desastre cometido contra los transeúntes y conductores de vehículos por la actual administración raya en la obscenidad.
La izquierda además, desconocen los derechos del contribuyente, el impacto de los costos que traslada a patente y contribución e impuestos domiciliarios y saneamiento.
Todo conspira contra los comerciantes, los emprendedores, los que bancan semejante dislate, consentido, aprobado, y multiplicado.
Para nada les duele el costo que le hacen pagar a los que trabajan con calles rotas, transporte lento, caro, deficiente control de la instalación de ocupas en las aceras.
Nos van domando.
Es un mal que arrastramos por 40 años y que estamos resignados a soportar in aeternum.
Quizás no tenga solución, pero no van a poder quitarnos el derecho al pataleo, a quejarnos, por los horrorosos servicios que pagamos de mala gana.
Otro Montevideo es posible, aquel del Arquitecto que hizo la bonita rambla de Montevideo, y no exigió pagos abusivos, el de quienes trazaron calles y barrios con buen pavimento y veredas, que resistió a sus malos gobiernos.
Nos contentamos que el que llegue, al menos, reconozca que la Intendencia está mal.
Aunque sepamos que, en el mejor de los casos, se lo tragará el sistema.
Acrecerá el gasto burocrático con la plata de los pocos que siguen pagando.
Se quejará de la morosidad que provoca.
Reclamará más recursos del gobierno central para solventar un déficit creciente.
No lo dejarán reducirlo.
Eso no es de izquierda.
Su misión aunque no decida aceptarla, se la impondrán, seguir abusando de aquel que lo votó para que lo sirviera.
Y seremos rehenes otros cinco años de la veleidad de los redistribuidores.
Esos que hacen caso omiso, a que los abusos, tarde o temprano, se pagan.
Y que el daño del que son responsables a toda la sociedad quitándole recursos productivo para tirarlos en el cementerio de la basura, son oportunidades para sacar de la miseria a quienes ofrecen facilitar el requecheo.