LA MAQUINA DE IMPEDIR por el Dr. Nelson Jorge Mosco Castellano
Occidente ha perdido todos los valores que construyeron una sociedad libre, responsable, y equilibrada.
Su sustento, el ahorro, dejó de ser una prioridad individual y política.
Desapareció la gran palanca de financiamiento genuino del desarrollo económico personal y social.
A partir del ahorro, logrado con esfuerzo propio, se construyeron valores esenciales: ética, moral, honestidad, respeto al prójimo y su propiedad, elementos imprescindibles para formar capital, invertirlo, hacerlo crecer construir su proyecto de vida.
Estos valores esenciales han sido sustituidos por el endeudamiento, gasto a futuro, imprevisión de pago.
El aparato financiero mal utilizado; la fatal arrogancia de vivir a cuenta de otro.
El sistema financiero comprendió la necesidad y el negocio.
Abusar del empréstito fue adquiriendo la condición de esencial, y se corrompió, conformando uno de los caminos al desastre.
Se apoderó de personas, empresas causando estragos; y, otra vez de los gobiernos como se había dado en la conquista y las guerras.
Primero, la demagogia, luego, el clientelismo electoral, y finalmente una intervención remasterizada de la izquierda, consorciada con especuladores, que hicieron el desquicio de economías privadas y gubernamentales.
Primó entonces la desesperación, mala consejera, que impidió corregir la causa profunda del problema: ajustarse, ordenar, limitar el gasto a los ingresos genuinos. Todo lo demás, está demás.
Es racional tomar un préstamo cuando no se cuenta con capital propio ahorrado para invertir, consolidar una actividad productiva, crecer proporcionalmente a la demanda.
Jugar a la ruleta de endeudarse y zafar; que pague el que sigue; lamentarse, y hasta vituperar al que presta, es inútil.
La realidad desvanece la ilusión de jugar a ser rico.
Luego de que, apenas, se pagan intereses, se prorrogan pagos, es inventan excusas, o emite falsa moneda para pagarlo.
El último invento fue tan viejo como el Imperio Romano, el “fideicomiso”.
Como no puede controlarse no gastar y hay actividades que requieren asegurarle al prestamista que se le pagará, se compromete ingresos futuros, esquivando cumplir con las deudas anteriores.
El administrador público abusó. Abusó tanto de crear necesidades “impostergables” que generaron un costo altísimo, prohijaron sobreabundancia simulada de plata que produjo corrupción.
Corrupción creciente que se llevó puestas sociedades riquísimas impidiendo explotar seriamente las enormes condiciones naturales.
Los inversores espantados por el afán de apropiarse de lo ajeno, esquivan gobernantes obscenos, impúdicos, corruptos extremos.
Se creen que es posible hacer una lista de deseos infinitos, que será cubierta por los nabos de siempre perseguidos por el recaudador.
Si flaquean, aumentan la evasión y recurren a empréstitos, hasta que el sistema financiero huele que no podrá extraer más sangre.
Si con eso no alcanza, la veleidad de los gobernantes avanza hacia la confiscación de los ahorros, la falsificación de moneda y la destrucción del aparato productivo.
Utilizan la impunidad que les otorga representar a sus gobernados, manejan a piacere la Justicia, e integran una casta compuesta de ineptos, inútiles hasta para leer la Constitución, y, cómplices que esperan utilizar la misma herramienta espuria cuando les toque.
Lo sorprendente es que se eximen de la culpa del desastre de multiplicar pobreza, con la excusa hipócrita de, “hay que ayudar a los pobres”.
Persisten en hacer lo mismo, castigan a quienes producen con más impuestos, pagan únicamente intereses (si hay plata), siguen tomando deuda, emitiendo moneda sin valor de compra.
Son tan inmorales que sacan del costo presupuestal total, lo que llaman eufemísticamente “deuda parafiscal”.
O sea, el endeudamiento brutal y el pago de intereses ya ni siquiera tiene previsión de pago presupuestal concreta.
Y, por cierto, prometen proyectos faraónicos de obra pública, asistencialismo, mejora de los declinantes servicios públicos.
Sin molestarse en explicar de dónde saldrán los recursos, cuánto costará la financiación de agujeros negros, y que costo de corrupción nos costará
Tampoco incluyen en el gasto público el riesgo natural de encarar emprendimientos que se frustran, los que el sector privado no se los plantea para no perder dinero.
Hay más necesidades por los desastrosos gobiernos, más utopías que mienten recursos reales, más costo imprudente de ineptitud, corrupción y, más pobreza.
La realidad pasa factura con fractura social.
Un desquicio económico al que aplican la misma cataplasma ampliada.
En Argentina, de puro contra, la mayoría extenuada optó por el cambio.
Apareció un tipo raro, melenudo, que explicaba en difícil lo evidente, contó que la consecuencia de las inequidades crecientes era, justamente, la casta privilegiada.
Ellos jugaban a que le resolvían los problemas a la gente, matándolos a impuestos, endeudamiento, inflación, pérdida de empleo y de poder adquisitivo.
Los otros les respondieron con el voto a un outsider novedoso.
Milei heredó en su gobierno un verdadero desastre, una tragedia económica y social sin parangón en la historia de ese país pleno de riquezas naturales inexplotadas.
Al borde de la hiperinflación, que no es un término solamente para asustar.
Es la cancelación de la economía nacional.
Es caer en el incumplimiento a los acreedores y con ello ser embargados.
Es multiplicar exponencialmente a los indigentes que no comen, los pobres carentes de lo básico, los que van a perder pie en el sector medio de la sociedad.
Es tener que asistir a más de la mitad de la población con necesidades básicas insatisfechas.
Vicioso de la corrupción, el sistema político estaba paralizado.
Miedo a perder prebendas culturalmente integradas a sus exorbitantes privilegios.
Recurrieron a prestamistas in extremis.
Llegaron repudiar la moneda.
Vivir en el país de Maduro, bolivarianos apilados en la calle, inservibles, sin valor alguno.
Hicieron que la vida normal sea imposible; la inestabilidad de precios insoportable, la inseguridad y el narco asolaran los barrios más infelices.
Indicadores de guerra: la industria remarcando a diario, los salarios de los que aún trabajaban sumergidos, la recaudación caída, la informalidad en el 50%; los precios públicos subsidiados hasta para ricos.
Revertir en 18 meses semejante tragedia humanitaria: 55 % de sus habitantes pobres y al 20% indigentes, al 250% de inflación anual, podría calificarse de milagro.
No lo es.