LA MAQUINA DE IMPEDIR - Parte 2 por el Dr. Nelson Jorge Mosco Castellano

Las causas de la Revolución francesa tienen su origen en la falta de libertades individuales, la pobreza extrema y la desigualdad que existían en Francia durante el reinado de Luis XVI y su privilegiada aristocracia. 

Gobernaban junto al clero con un poder despótico sin límites.

Como resultado de la pauperización intolerable, agotados el pan y las tortas, la rigidez de la estructura política para entender el fin de época, la máquina de impedir los cambios, obligó al pueblo desesperado a exigir peleando cambiar su penosa situación. 

Ya no podía tolerar más una sociedad tan injusta, tan rígida, que los hacía trabajar como esclavos para ellos, mientras los conducía a la extrema pobreza y al hambre.

Se avecinaba un tiempo nuevo, nacerían elementos propios del sistema democrático: la República como control del demo. 

Opuesta a la monarquía absoluta y su aristocracia de vividores explotadores, a costa del sacrificado esfuerzo de los burgueses. 

Cada vez que la sociedad se enfrenta un cambio tan extremo del relacionamiento con el poder, se produce el choque radical de intereses.

Descreimiento con el que manda, crisis moral, crisis religiosa, crisis social, crisis de quienes contra quienes viven de los otros. 

Deriva inevitablemente en confrontación violenta

Nadie duda que la historia se repite cuando se dan las mismas circunstancias. 

Un ultimátum a la máquina de impedir adecuarse a la realidad que asume que ignorándola puede evitar la debacle del sistema de privilegios del que saca partido.

El poder apoltronado pretende desconocer que llegó el tiempo de sufrir la rebeldía popular, o, caer del sitial de la peor forma. 

Quieren impedir lo inevitable; al igual que se quiso detener el automóvil para que no desapareciera la carreta.  

Las circunstancias mostraron en Argentina el preámbulo del cambio universal. 

La calamidad del sistema político decrépito, reitera su rutina escénica que va de la comedia a la tragedia. 

Se encamina a su inevitable decadencia y colapso final. 

Nada aprendieron o leyeron sobre Luis XVI. 

Un tsunami va a cambiar la cultura institucional; la cosmogonía se impondrá in extremis el abuso. 

Disfrutar del oprobio de la mayoría que baila y festeja, exhibiendo la ofensa irritante, el esfuerzo inútil de pagar al que debiera servir y malgasta. 

Llaman a grito a la motosierra, otra forma de cortar por lo enfermo.

Podar de raíz la cizaña que fracciona a la sociedad entre ellos, disfrutando privilegios, y los demás, sobrevivientes del abuso y la desfachatez. 

Degenerados políticos, simulan un teatro discutiendo “for export”, mientras acuerdan en el presupuesto confiscar los recursos de la gente. 

Venden “soluciones” a futuro, sobre los esqueletos de los proyectos fracasados que profundizan la decadencia hacia la miseria. 

Juegan con la amenaza de convertirse en dictadura cuando acumulan tanto fracaso injustificable, mientras van poniendo punto final a las libertades.

El sistema político, coto cerrado de impunidad, se arma de barreras judiciales para protegerse a sí mismo asegurándose encajonar las denuncias de unos contra otros. 

Reparten cargos para inútiles sin referencia, retribuidos como CEOs. 

Multiplican nepotismo, amiguismo, y se confunden con la farándula, compartiendo con escorts en yates, y exhibiéndose con plata robada. 

Refriegan en las narices de los ciudadanos que hacen lo que se les antoja.

Soportamos el peso en la espalda de una burocracia inoperante promovida para su solaz y esparcimiento.

Este nuevo tiempo revolucionario-tecnológico no aguanta esta máquina de impedir el cambio. 

Exige concentrar los recursos en sus legítimos dueños. 

No matar la creatividad, el emprendedurismo, el empoderamiento al más capaz, es el auge de la meritocracia. 

Un sistema transparente, impoluto, que pueda someterse al escrutinio de quienes inmolan sus recursos al sistema que impide triunfar en la vida.

Mientras tanto, juegan play station en sus despachos alejados de las necesidades que multiplican por robar en cada resolución. 

Ya el pueblo ve al rey desnudo y se anima a denunciarlo. 

Impertérritos, concurren al cadalso gritando inocencia al estilo monárquico, todos, a merced del invento del doctor Joseph-Ignace Guillotin. 

Un nuevo tiempo está alumbrando. 

Seguramente los dolores de parto producen llanto en quienes no están preparados para la transformación ya impuesta. 

Las eternas promesas mentirosas de reformar el Estado no admiten más dilatoria; se hace carne sanear el sistema, aplicar la motosierra. 

La veleidosa probidad de los hombres le pasó por arriba a la Constitución. 

El cambio es inevitable; confrontará la irreverencia del sistema político con quienes han hecho de la ley un desquicio en contra de quienes los mandataron defenderlos. 

En este tiempo pos-posmoderno, se crea empleo fuera de la política, se pone al alcance de la mano la tecnología, baja el precio de los bienes de consumo como nunca antes, se generaliza la posibilidad de trabajar fuera del castigo del recaudador y el regulador. 

Se pasa por encima de gobernantes, sus ideologías y sus egoísmos.

Imposible frenar el cambio propositivo; ya se impuso en cada celular, en cada computadora, va a velocidad cuántica. 

A partir de allí, pese a quien le pese, surgirá superando la revolución 4.0 a la velocidad de la luz. 

Aportará a la civilización naciente condiciones para un espacio individual libre y más participativo. 

Ya se puede expresar en tiempo real la voluntad mayoritaria en un referéndum, y exigir que se respete. 

Un control que respira en la nuca de los gobernantes. 

No habrá lugar para cualquiera que se crea superior, su realidad está en las pantallas. 

Las personas toman en sus manos las decisiones en plena libertad, atendiendo directamente sus intereses y los de sus afectos armónicamente.

El alumbramiento del sistema sustitutivo de esta democracia deturpada traerá mejor calidad de vida. 

Abortará un Estado agobiante, pesado, insustentable. 

Frenarlo, procrastinar, creérsela para impedirlo implicará preparar el cogote, como Luis, María Antonieta, y toda su corte.

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