EL BICENTENARIO DE LA DEPENDENCIA por el Dr. Nelson Jorge Mosco Castellano
Luego de que dejáramos de ser una parte de un gran imperio decadente, nos convertimos en minúsculas partes ocupadas, en mayor o menor grado, por una organización para delinquir.
Así pasó con el Imperio Romano, Francia, Inglaterra, Holanda, Bélgica, y la URSS.
Los políticos por doscientos años se vienen sucediendo para luchar por conservar su privilegiado poder; y abusar de sus representados.
Quienes defendieron las ideas de la libertad, atisbando el progreso que habían producido en Norteamérica, bregaron por sujetar la veleidad de los hombres a leyes igualitarias.
Un exitoso fracaso; las leyes las hacen para ellos.
Los uruguayos van a festejar una independencia que no fue tal.
Una soberanía que es una entelequia.
Una posibilidad de decidir nuestro futuro que es una utopía.
Nuestra “soberanía” económica la manejan en la esquina de 19th Street y Pennsylvania Avenue, Washington, D.C., sede del FMI.
Quienes votan el presupuesto público nacional se financian con recursos de los que aún pagan impuestos, con otro gravamen inconstitucional: inflación (emisión monetaria sin respaldo); y endeudamiento.
Lo llaman eufemísticamente “deuda parafiscal”, para sacarla del presupuesto.
Es una deuda eterna que cargará sobre personas no natas, que, como predijo Carlos Maggi, no serán uruguayos, sino otros orientales.
La economía y la capacidad de endeudarse la determinan desde el norte, por eso TODOS los ministros de economía sacan su selfie en aquel domicilio.
Se aseguran así, sin gastar en una auditoría el plácet de otros “especuladores” que soportamos.
Esos que la izquierda vernácula se entretiene desde hace 70 años defenestrándolos a distancia con panfletos, pancartas, y quemando cubiertas.
Nunca exigir a sus esbirros que se endeudan que paren de gastar.
Ministros y planificadores oficiales santifican su endeudamiento evaluados por Wall Street.
“Puede y debe apretar más”.
Un BBB menos, da tranquilidad para perseverar con sus desaguisados.
Las próximas pruebas “PISA” de economía castigarán la tasa de interés que soportaremos los esclavos.
Nunca van a liberarnos reservando partidas presupuestales para disminuir el empréstito e intereses.
Su obsesión multiplicar oficinas, agencias, y subsidios que entretienen al circo y satisface a acreedores.
Aquellos que nos liberaron del yugo español, lo sustituyeron por sus propios espacios de poder guerreando entre sí.
Las divisas previas a los “partidos” políticos ya repartían la torta de los departamentos a sangre y fuego.
Finalmente llegarnos esta zaga disfrazada de democracia que impone al “soberano” el castigo de sus antojos inconsultos; gastar como Luis XVI, María Antonieta, y todos los aristócratas juntos.
La exagerada burocracia no útil para quienes la pagamos nos cobra señorío.
La discusión preelectoral es quién pone para solventar el gasto electoral.
Disponen de mangueros profesionales que ensayan coktails, cenas, a las que acuden prebendarios para sembrar, e inútiles sin referencia para prenderse de cualquier cargo.
Se quejan de los que estaban por abusadores, ineptos, insensibles, y los nuevos repiten la receta.
Una exponente del sistema le exigió a los proveedores de la intendencia, sin anestesia, que tenían que cotizarse.
Son rapaces.
Con impudicia exponen que la plata recaudada por partidos “virtuales” supera con creces la que permite la ley, sin sanción.
Shows, bailantas, gurús que trasmutan impresentables en líderes modestos y confiables, que nosotros pagamos por adelantado.
Portan en la maleta periodistas “objetivos”, cuyo objeto es un buen sueldo.
Luego de electos, se sientan a la mesa de poker para la repartija premio consuelo.
Reparten la baraja para que sus apañados ocupen cargos públicos insostenibles; cargando sueldos de incapaces a espaldas de los que juraron servir.
Nos cuelgan el fardo de privilegiados salarios para sus paniaguados.
Sesudamente estudian repartir la torta insuficiente para “SUS” necesidades.
Lo que quede del 90% de sueldos y gastos será para atender a los ciudadanos.
Tratan que no se caiga el sistema para pasarle la posta caliente al siguiente, asegurándose pervivir.
Si no robaran no haría falta subsidiar a los que van cuesta abajo, cambiarían el sentido de sus vidas.
Son únicamente argumentos necesarios para imponer “solidaridad”; espolios nuevos.
Si dejaran que los trabajadores sin afanes de afanarlos, podrían cuidar con responsabilidad lo que se ganaron con esfuerzo.
El ahorro que les quitan obligatoriamente lo rifan en una burocracia recaudatoria, innecesaria, insustentable, impropia de la realidad país, que impide a los que trabajan atender contingencias sin intervención del político.
Impúdicamente, sin resolver el agujero estatal quieren ampliar otro expolio denominado “Protección Social”: desde la niñez al viaje final.
No han podido implementar siquiera el sistema nacional de cuidados, pero crean nuevas necesidades infinitas, que destartalan pequeños emprendimientos, y multiplican informalidad para sobrevivir a tanta “devoción pública”.
“Instituciones”, instituidas en su contra, deturpan la innata capacidad creativa del individuo de superarse.
Más controles burocráticos, funcionarios que no funcionan, aseguran más posibilidad de acomodar amigotes.
Personajes en decadencia ética y moral, desde el ágora, definen la suerte de los que ya expoliaron, para concentrar el capital robado.
Obscenamente ponen más impuestos para acrecer privilegios.
Les resulta infranqueable ordenar el desborde del Estado, promesa inconclusa en cada administración.
Ofrecen aspirinas para la enfermedad que causa la decadencia de toda la sociedad. Esa que teatralmente exponen con cara de “yo no fui”.
Estamos en manos de corruptos en el más amplio sentido de la palabra, por acción o por omisión.
Se excusan de trabajar a costa de autopercibirse redentores del desastre.
Van dejando el tendal de empobrecidos que confiaron en que vienen a defenderlos.
Han logrado superar a David Copperfield.
Hicieron desaparecer la separación de poderes.
El legislativo se controla con repartija de cargos.
El Judicial se transformó en fiscalía del Ejecutivo.
Y, todo depende de la “generosidad” de un presupuesto chico de sisa.
Si los políticos y los burócratas fueran tan necesarios la humanidad habría precluido luego de Adán y Eva.
Una máquina de marketing insuperable ha construido este silogismo público del abuso: todos los individuos incapaces de valerse por sí mismos, políticos superdotados que sirven para cualquier puesto público, construirían la pública felicidad.
Esa que venimos esperando desde hace doscientos años, que requiere paciencia china que vende TEMU.