WOKISMO LA IZQUIERDA ENCUBIERTA - Parte 2 por el Dr. Nelson Jorge Mosco Castellano

El liderazgo woke se extendió desde Europa y EEUU al resto del mundo, donde fue copando el espacio académico y político.

En Europa los socialistas desintegrados luego de la caída del “Muro de la vergüenza”, lo incorporaron a sus políticas activas para volver a tener protagonismo con su burocracia de Estado.

En el resto de América se consolidó, reflotando a los depreciados y perimidos partidos de izquierda y sus satélites estatistas.

Fueron recuperando público político, aún, luego de los fracasados intentos guerrilleros que expusieron su intencionalidad totalitaria.

La política en descomposición, bastardeó las instituciones para su propio beneficio.

Campo fértil para la corrupción woke que construía lo “políticamente correcto” multiplicando cargos y sueldos públicos.

El desarrollo woke se basó en ocupar las instituciones de enseñanza, particularmente las universidades públicas, desde donde catequizaron a la adolescencia, creándoles causas épicas para “luchar” por sus infamias.

Obviamente, todo lo que sirva para destruir la sociedad “burguesa” es una herramienta útil para quienes quieren constituirse en castas dominantes.

Dividen a la sociedad entre la casta absolutamente pauperizada condenada a la miseria eterna, y la otra, preparando para un sistema totalitario.

La “burocratización de control”, el lado policíaco de las políticas woke, multiplicó estamentos inútiles y costos a la gestión pública.

Les permitió sostener a costo del resto de la sociedad a la militancia.

Es sumamente valorado en la batalla cultural abusar de los recursos públicos, detrayendo todo el dinero posible del sector privado productivo.

El objetivo es doble, hacerse imprescindible para dominar a desempleados, informales, menesterosos, dependientes del narco y delincuentes, negociando con ellos desde un sitio de poder.

Y empobrecer a los que son autosuficientes independientes del Estado, controlándolos.

Las “causas” woke dan argumento para la confiscación de recursos privados a “cuentistas sociales” que se multiplican para diseñar una sociedad asistencialista, haciéndose “imprescindibles”, distorsionando la realidad.

Cobran directamente como empleados públicos o contratos privados, ONGs, para controlar se cumpla la agenda de los “nuevos derechos”.

A mayores necesidades más burocráticamente necesarios.

Una forma bastarda de quitarle recursos económicos al sistema público, haciéndolo inservible y despreciado.

Incapaz para cumplir lo primordial: salvaguardar igualitariamente la libertad, la vida y la propiedad, sin los cuales no hay sociedad armónica posible.

Eso aumenta exponencialmente el descontento no solamente con los políticos, sino, particularmente, con el propio sistema democrático.

Avanzan sobre la libertad individual con el argumento de nuevos “derechos colectivos” que avasallan los derechos individuales en toda su extensión imaginable.

Los colocan por encima de la función primordial del Estado: custodiar igualitariamente los derechos de cada persona.

Contrarrestar esta oleada woke es un desafío universal.

Desenmascarar los objetivos de quienes trabajan para implementar una ideología abusadora y destructiva, que quiere consolidarse encubriendo que diseña otra sociedad diversa, multicolor, igualitaria y colectiva, mientras destruye los valores éticos, democráticos y republicanos.

Destruyen el sacrificio de quienes han construido con sangre, abnegación y lágrimas la sociedad racional con libertad y oportunidades para todos, que realmente permite a quien se esfuerza ascender económicamente y estar orgulloso de ello.

En esta guerra vale todo, atacar la libertad de expresión del pensamiento porque atenta contra una versión unívoca de lo bueno y lo malo.

Atacar el derecho a la propiedad privada porque impide que todos sean propietarios.

Atacar al Estado ordenado, eficaz y eficiente, exponiendo su versión corrupta al odio público.

Y particularmente, atacar la igualdad ante la ley, producto inevitable de la discriminación negativa.

El liderazgo opuesto al del wokismo debe venir de quienes respetan aquellos valores trascendentes.

La izquierda tiene incentivos opuestos.

Ha hecho de la sociedad un caos violento insoportable del que, paradójicamente, no se hace cargo.

Se resiste a reconocer su responsabilidad histórica en la destrucción de la armonía, productividad, sensibilidad, y solidaridad de la humanidad.

Estos postulados woke se confunden intencionadamente con la búsqueda de otra “justicia”.

Una maniquea propia de dioses, siempre esquiva a los hombres.

Las mismas virtudes y los mismos defectos, iluminan y oscurecen a todos los seres humanos.

Pensar que los de izquierda son los buenos, redentores de las bestialidades del ser humano, es una mentira.

El “hombre nuevo” no es solo una utopía; es directamente un engaño.

Desconsideración que no merecemos los que NO aspiramos a mandar, esclavizar y lavar el cerebro de los otros.

Los que sabemos que somos falibles y que nuestro aporte a una sociedad mejor es libre para resaltar las virtudes y reconocer los errores, méritos y sacrificios.

No hay humanos perfectos; los que se la creen, son los peores.

Hay que desregular los abusos de una legislación que prohíbe la discriminación positiva, por el mérito, el esfuerzo, la competencia por capacitación, en lo público y lo privado.

Desarticular la discriminación intencionada para construir segregación, violencia, y odio; el régimen de “discriminación estructural”.

Limitándola únicamente a la discriminación de los prejuicios individuales.

Desmantelar las “burocracias de control” de pseudo derechos, que dilapidan recursos multiplicando gasto inútil contra problemas propios y naturales, que se arreglan con formación para el trabajo, inversión para dar oportunidades, control de la violencia irracional, y asistencia transitoria para los que realmente quieren vivir en sociedad.

El régimen woke se basa en la inflación burocrática, señala Hanania, por lo que puede desmantelarse rápidamente.

Explica cómo las sucesivas administraciones consintieron el giro a la izquierda de la ley, porque no eran importantes para ellos las cuestiones de discriminación positiva, educación y libertad de expresión.

Los políticos que deben defender inclaudicablemente los derechos naturales de sus representados se enfrentaban a estos grupos de presión, temiendo ser tildados de racistas, antifeministas, antiigualitarios, defensores de valores viejos, enemigos de los pobres.

Esto fue propiciando avance de leyes en contra de la igualdad ante la constitución y la ley; e impulsó la creación burocrática de organismos de control de la corrección política.

La guerra cultural se está imponiendo.

Para derrotar a la ideología woke hay que dejar de gastar el dinero de los contribuyentes en apoyarla.

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