LA CULTURA DE LA POBREZA - Parte V por el Dr. Nelson Jorge Mosco Castellano
La historia de la Humanidad da cuenta de ciclos en los que las formas de gobierno cayeron en la anomia, el abuso, la desconexión con la realidad.
Todas generaron cambios para adaptarse mejor a la nueva época a partir de revoluciones sociales que parieron sistemas diferentes de gobernanza.
Las consecuencias de la Revolución francesa, por ejemplo, fueron tan importantes a nivel mundial que se considera este proceso histórico como el hito que da inicio a una nueva era en la historia de la humanidad.
El fin de la Edad Moderna y el inicio de la Edad Contemporánea.
La Revolución francesa transformó la política, la sociedad y la economía. Fue la primera revolución liberal que derrocó al sistema de gobierno decadente y disolvió los privilegios de la sociedad estamental del Antiguo Régimen.
A través de una serie de eventos, la acción violenta de la burguesía, el campesinado, los artesanos, los profesionales de oficio, trabajadores urbanos y el bajo clero, cambiaron el sistema social de castas, imponiendo una nueva forma de gobierno.
El concepto de igualdad cuestionaba los privilegios políticos, económicos y sociales que ostentaba la aristocracia por sobre el resto de la sociedad.
El ideal de libertad apuntaba a defender la propiedad privada y la empresarial frente a las imposiciones y regulaciones del absolutismo gobernante.
La República nació, y se extendió por el mundo.
Hoy la sociedad se enfrenta a un nuevo desafío. La revolución tecnológica se acelera todos los días. No sabemos qué hará la gente para vivir, cómo funcionarán los estados, cómo serán las relaciones de género.
Los seres humanos como individuos y la humanidad en su conjunto, van a tener que lidiar cada vez más con cosas nuevas: máquinas con capacidades humanas, computadoras cuánticas, la inteligencia artificial, cuerpos diseñados científicamente, algoritmos que manipulan las emociones, y la necesidad de cambiar de profesión permanentemente.
Para sobrevivir y prosperar en una realidad así se necesita flexibilidad mental y grandes reservas de equilibrio emocional. Es evidente que es un mundo al que le costará integrarse a la sociedad actual en crisis terminal; y particularmente a nuestro sistema democrático alejado del demo colectivo.
La decadencia de nuestra democracia permite que cualquier improvisado gane las elecciones y aumente la confrontación de unos contra otros.
Ese antiguo régimen tiene que lidiar con odres viejos en un mundo tecnológico que cambia completamente en 12 meses.
En esta sociedad antigua, en debate violento, estratificada en corporaciones que coliden por sus intereses con irracionalidad e irrealidad, somo todos analfabetos en manos de la inteligencia de las máquinas.
Para resolver conflictos de época los seres humanos del siglo pasado no tienen herramientas, capacidad, flexibilidad, ni vocación de adaptarse. Uno tras otro sus gobernantes fracasan intentando regresar al futuro.
Los parlamentos se han convertido en una corporación política cerrada. Son un espectáculo aburrido de ineptos, que divagan sobre temas que sirven únicamente a sus propios intereses personales y políticos.
Ajenos a una realidad global que se escabulle de su antigua computadora, mientras multiplican conflictos que la gobernanza va heredando sin solución.
Otro cambio de época cuya violencia parirá un sistema de gobierno absolutamente diferente, más participativo, más directo, más adecuado a atender equitativamente los intereses de sectores sociales en guerra. Quizás más maquiavélico.
Se viene un cambio climático en la política y su relación con la gente. Estamos asistiendo a un penoso espectáculo de los que se resisten a las reglas periclitadas y se imponen con extrema violencia a la sociedad dormida.
Quieren destruir el antiguo régimen, el democrático, que ya no los representa ni resulta útil a sus intereses.
Ni siquiera dejan espacio para que sobreviva la economía que los sostiene. Han abandonado el afecto societatis. Nada tienen para perder, decididos a precipitarse al caos colectivo. Se han cosificado, perdieron la condición de humanos, no tienen valores, ni les interesan. Si se imponen será un desastre global.
En defensa del statu quo, o directamente de sus propios intereses, políticos y corruptos, representantes estatales o gubernamentales manipulan, engañan, mienten que seguimos en un colectivo con rumbo cierto. En realidad, defienden sus intereses espurios, diferentes de lo que escriben en las leyes.
El Estado de derecho no rige, sufre un bloqueo, distorsión, o manipulación de la aplicación de regulaciones oficiales, con el objeto de dejar sin efecto las consecuencias de la transgresión de esas normas. La igualdad ante la ley caducó.
Una discrepancia irreparable entre los comportamientos y las reglas formalmente sancionadas, que no obliga a respetar a TODOS, incluido quien gobierna.
Las reglas de juego están perimidas, coliden sin solución con las normas e instituciones formales. Fueron sustituidas de facto por formatos clientelares originados en el seno del Estado, como el nepotismo, el patronazgo, la afinidad ideológica y la corrupción. Conforman una casta, que intenta apaciguar disfunciones sociales antitéticas desmadradas que se extienden por la sociedad. O aprovecharse de ellas.
Recomponer el nuevo régimen político-social que encause nuevamente el orden y dé lugar a un sistema de gobernanza adecuado, es la cuestión.
Cabe entonces la pregunta, ¿esta marabunta social que crece exponencialmente y domina por el terror vastos espacios en la comunidad, se integrará compartiendo otro espacio TICs que desprecian y son analfabetos?
Lo único seguro por ahora es el conflicto violento, al punto de quebrar el sistema de gobierno, por incapaz, inoperante, decadente, corrupto.
A partir de ese proceso peligrosísimo, que aparezcan iluminados para crear una alternativa a la gobernanza que nos vuelva a incluir a todos como personas respetables en otra época: los que producen, los pobres, los marginales, los políticos.
La post-post-modernidad tendrá nombre. No se lo darán los historiadores sino los robots.