EL CAMINO DEL INFIERNO - Parte IV por el Dr. Jorge Nelson Mosco Castellano
La izquierda no puede resolver los problemas culturales de pobreza porque no reconoce las causas del problema: el Estado Leviatán y el sistema político disfuncional.
En lugar de adecuar la institucionalidad pública y las malformaciones político-burocráticas, las amplifica, y culpa a la “escasa” redistribución de la “riqueza” de las necesidades insatisfechas.
O sea, culpan al que puede resolver el problema, y aporta los recursos para mejorar la educación y generar empleo.
Su propósito, confiscar al que produce recursos finitos para proveer su barril sin fondo infinito.
La inflación es un flagelo sobre los ingresos que destruye la capacidad adquisitiva.
Una tentación para especuladores y políticos.
Unos, para acumular activos cuyo valor aumenta mientras la capacidad adquisitiva decrece; otros, para licuar sus pasivos presupuestales emitiendo moneda permanentemente depreciada, que quema en los bolsillos de ingresos fijos.
El sueño del estatista es aumentar artificialmente la recaudación tributaria, los precios y servicios públicos.
La tasa de ajuste de ingresos por inflación pasada les permite ir ganando mientras los salarios y pasividades pierden.
Recuperan tarde, parte de la capacidad adquisitiva perdida.
La inflación es una devaluación encubierta.
Aumenta preventivamente precios de bienes y servicios; devalúa los salarios reales y las pasividades.
Además, disminuye la capacidad de ahorro e inversión porque se debe destinar una mayor parte de nuestro ingreso para adquirir los mismos bienes y servicios básicos.
Éstos aumentan más porque aumenta el consumo preventivo.
Las deudas en valores constantes se reducen con la inflación incrementando la riqueza neta de los deudores.
Mientras el ahorro en moneda depreciada se reduce, y concomitantemente el valor del depósito del ahorrista.
Este mismo efecto se da sobre activos bursátiles, valores de vivienda, etc. que pasan a moneda fuerte para no sufrir la depreciación.
No cabe ninguna duda de que la inflación tiene siempre, y en todo momento una causa de emisión monetaria exagerada.
El responsable en el Estado es el Banco Central que emite más de lo que corresponde en relación a la producción, aumentando la moneda en circulación a costa del poder adquisitivo.
El resultado, la moneda local es repudiada.
También es responsable del desfinanciamiento del gasto político.
El socialismo le agrega un aparataje burocrático, siempre inacabado, eufemísticamente llamado: SEGURIDAD SOCIAL.
Superponen al sistema hipócrita e insostenible de reparto intergeneracional de Bismarck nuevas falacias.
Cargas sobre el presupuesto público que lastran el crecimiento económico de la sociedad presente, y endeudan la futura.
Entelequia de “justicia social” que condena a los representados a recortar ingresos.
La Seguridad Social amplía la Previsión Social, otro invento político en colapso terminal.
Socializan en teoría un sistema de seguridad integral de todos multi fracasado donde se aplicó.
Van sumando, sistema de cuidados, prestaciones adicionales de salud, licencias variopintas, posibilidades utópicas de atender discapacitados, desocupados, no cotizantes, falsarios.
Cobertura insustentable en países ricos, que hunde a los “emergentes”.
La realidad expone prestaciones deficientes, postergadas, inexistentes, reclamos desatendidos, maltrato.
Cargan el presupuesto público de endeudamiento, emisión, inflación, imposibilitando cumplir las obligaciones esenciales del Estado.
Nada funciona bien.
Lo defienden a ultranza socialistas y comunistas porque aumenta su poder de demagogia y segregación ideológica.
Vienen dejando el tendal de desesperados y expatriados.
Atenta precisamente contra los intereses de trabajadores, desocupados, informales, empleadores, consumidores, que sufren el alto costo de un sistema elefantiásico, decadente, que engaña como solución utópica, en realidad imposible.
Los dirigentes políticos que promovieron las prestaciones públicas de jubilación trataban de conseguir votos en una época de gran turbulencia social.
Los estatistas los han perfeccionado; venden humo de diversos colores.
Agotan al sector privado arrastrando al desastre la producción y el abastecimiento.
La relación activo-pasivo, cotizante-beneficiario, tasa de natalidad- envejecimiento, sustentabilidad-país productivo, no cuentan en este negocio.
Tomar el poder es por plata.
Matan a la gallina de la que comen huevos, sin remordimiento en reconocer que son ladrones.
El Estado y sus divisiones regionales, es otro de los debates eternamente postergados por los estatistas.
Los desastres son evidentes y no importan.
La velocidad de cambio 4.0 no penetra en el caletre de estatistas socializantes.
Se ajustan al manual y a las órdenes de capitostes internacionales.
Viven en 1917 ignorando las causas de la implosión del 89, los cambios en China e India.
Siguen trancados en un reparto territorial ancestral, pretérito, fruto de otras luchas por espacios de poder en tiempos políticos ultra pasados.
El ordenamiento territorial improductivo se mantiene porque es de su particular interés, aunque sea injusto en lo tributario, desigual en lo económico, y produzca penurias, pobreza, y marginalidad.
Siguen soportando el poder político virreinal, ajeno a esas penosas realidades.
La crisis productiva agropecuaria que se profundiza, la marginación de la frontera, la despoblación rural, el declive de la tasa de natalidad, empeoran acelerando la precarización de esa población castigada y la incertidumbre de vastos sectores rurales.
Las ciudades son el gran polo de atracción poblacional global del siglo XXI.
A medida que se produce una concentración en las ciudades, aumenta la despoblación rural, y cae el número medio de hijos por familia.
Las cuestiones demográficas se atienden únicamente para amplificar los cargos políticos, ignorando las crecientes dificultades de vivir en cada lugar, cuestiones económico-productivas, calidad de vida, servicios y desarrollo proactivo.
En todas esas interconexiones las ciudades que reciben estos cambios, absorben el gasto político exagerado, carecen de estrategias y previsiones sobre concentración en asentamientos, inmigración pobre, despoblación por falta de empleo, declive de la tasa de natalidad que se proyecta en toda la economía.
Los estatistas del poder político, procrastinan, construyen relatos para traspasar su inoperancia, en defensa de sus propios intereses.
La gobernanza es un tema demasiado delicado para dejarlo en manos de los que tienen interés en sus privilegios.
Los que creen que ellos saben hacerlo mejor que todos los demás, y que cuando la realidad se les opone peor para ella.
La pobreza es un asunto cultural.
Analizaremos causas y alternativas en las que el Estado es parte del problema.