EL CAMINO DEL INFIERNO - Parte II por el Dr. Jorge Nelson Mosco Castellano

“La historia enseña, pero no tiene alumnos”, sentenció Gramsci.

Y quizás si él hubiera aprendido de la historia en lugar de fogonearla, hoy no derramarían sus discípulos el veneno de conducir a las sociedades al infierno.

Dice André Castelot en “Napoleón Bonaparte”:

La anarquía, como era de suponer no había cesado de ninguna manera con el derrumbe del Directorio. Los pillajes y las rapiñas adquirían con frecuencia el horrible rostro de la guerra civil. Era indispensable, ante todo, pacificar el oeste de Francia. El conflicto no debía eternizarse. La única solución era cortar por lo sano, para terminar con los males de una vez por todas. ¡Pacificar atacando!"

Ya que la debilidad del Directorio obligaba al difunto régimen a gobernar yendo de la derecha a la izquierda con el fin de lograr el apoyo de las dos fuerzas opositoras y debilitadas al mismo tiempo, Bonaparte se vio forzado a amordazar a la vez a monárquicos y jacobinos”.

“Yo trato a la política y a la guerra de la misma forma -dijo-: distraigo un ala para derrotar a la otra.”

Un informe de la policía consignó: “Por un lado, los monárquicos pretenden voltear al gobierno; por el otro, los anarquistas apuntan al mismo objetivo por métodos mucho más expeditivos”, lo que no era poco decir.

Mi política -decía Bonaparte- es la de gobernar a los hombres de la manera en que la mayoría desea; ésta es, creo yo, la forma de reconocer la voluntad del pueblo”.

“En Francia sólo se hacen grandes cosas con el respaldo de las masas; por otra parte, un Gobierno debe ir a buscar su punto de apoyo allí donde esté.”

Necesitaba también otro “punto de apoyo”; finanzas saneadas. No era que estuvieran en desorden, ¡habían dejado de existir!

La pobreza exigía una apariencia de bienestar, por mínima que fuera.

Pero, NO HABÍA NADA…sólo un espantoso pasivo.

El Primer Cónsul, reza un informe del 24 de febrero, “Invitó al ministro de Hacienda a que le informase a la brevedad posible en manos de quién estaba el Regente. El famoso diamante “perdido” entre los prestamistas del Directorio.”

Aún se vivía de los recursos semanales, se vendía la madera del bosque de Versalles, se transformaba el metal de las campanas en monedas…

Bonaparte contaba con la recuperación de la confianza del pueblo para lograr que el oro volviera a las arcas.

Es bien sabido que el oro, esa suerte de “personaje” desconfiado, tímido y timorato, se oculta ante el primer peligro.

Para alcanzar esa resurrección…era necesario avanzar con prudencia, e incluso con cálculo.

“He aprendido muy pronto, al sentarme aquí, que hay que cuidarse mucho de hacer todo el bien que se podría hacer, la opinión pública me desbordaría: el caballo hambriento saltaría de inmediato al buen pasto y se volvería indomable”.

Los imbéciles que creen que se puede cambiar su situación simplemente redistribuyendo lo de otros, dan pie a los cretinos hipócritas que los alientan para sacar provecho de su desesperación.

La historia crea modas en la gobernanza política que, como todo lo humano, exponen falencias, crean desvelos, y pocas veces exhiben virtudes.

La tensión que crean por acumular unos, y por repartir otros, no permiten ver el bosque a quienes gobiernan, ser prudentes, equilibrados, y apostar a que crezca la torta para hacer un buen gobierno y que mejore la calidad de vida en general.

Hoy el liderazgo geopolítico está enfrentado a cara o cruz.

Las crisis económicas de unos, por mal gobierno, han sido las que provocaron el conflicto de todos.

Un liderazgo que quiera arreglar a martillazos su realidad decadente, ignorando las circunstancias de los que lo rodean, seguramente termina mal.

En particular, en tiempos globales turbulentos, económicos y sociales.

Se requiere experiencia en negociar con criterio ganar - ganar.

Cada medida política pone en jaque miles de reacciones, la mayoría opuestas y violentas.

Por tanto, la estabilidad del gobierno depende mucho más de su jerarquía técnica, de su capacidad de trasmitir y justificar sus acciones; o de imponerse a riesgo de que la fuerza del más poderoso sea la que defina la última alternativa.

El enorme crecimiento del Leviatán como monstruo que consume tantos recursos de la gente que es el problema.

Lo fue en el absolutismo, generó el argumento para contraponerse; lo es en la cuarta revolución tecnológica.

Quizás esto explique la decisión política de restringir al Estado a una expresión sustentable; cuando es el sector privado y su desarrollo el que da soluciones individuales por encima de leyes, regulaciones, tributos, aranceles y fronteras.

Este nuevo mundo que resuelve necesidades básicas con hiperproducción de bienes y servicios baratos, busca el equilibrio con un sistema político que esté acorde a este tiempo.

Para ello, está rompiendo esquemas mentales que aseguraban estabilidad fundamentalmente a la casta.

El riesgo cierto, es que el que asume ese enorme desafío tiene que construir una alternativa mejor.

Todos los que persisten en impulsar confrontación, alternativas viejas, retrógradas, hacia un Estado avasallante, tal como indica la historia, dejarán la gloria, excepcionalmente; o la guerra, necesariamente.

Perderá siempre la libertad.



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