EL CAMINO DEL INFIERNO - Parte I por el Dr. Jorge Nelson Mosco Castellano

La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados”. Groucho Marx.

Un buen resumen de la situación desastrosa a que nos han conducido un cúmulo de decisiones equivocadas.

El socialismo es una mala solución política a un cambio de época que todavía perdura.

Crea una profunda división corporativa a la que se contraponen otras corporaciones en defensa legítima de sus intereses.

La política nada en aguas procelosas.

Ya es bastante complejo administrar y cumplir con las obligaciones básicas del Estado, para agregarle fricciones intestinas.

Decidir soluciones distorsivas por unos u otros.

Los socialistas multiplicaron soluciones socialistas, generando una complicada confrontación de intereses que hace de la sociedad un campo de batalla.

En tiempo de la primera revolución industrial el cambio de calidad de vida rural de la Edad Media a la Edad Moderna produjo el trasiego a la ciudad para conseguir trabajo industrial.

El salario le dio al trabajador un ingreso fijo, independiente de las contingencias que acarreaba la vida rural.

Pero, ambientó otras necesidades.

Estos problemas de los trabajadores generaron un diagnóstico falso y remedios equivocados.

Tras la unificación del Imperio alemán en 1871 la rápida expansión de la industria provocó un aumento considerable de la clase obrera.

El canciller Bismarck tuvo que lidiar con la proliferación de la ideología socialista en su país.

La adecuación a las nuevas relaciones obrero-empleador al nuevo sistema, tenía gran oferta de mano de obra, restringida aún del empleo, y múltiples nuevas necesidades.

Una creciente masa obrera se alejó de la sociedad rural en la que sufría restricciones pero estaba consolidada, para aventurarse a la ciudad.

El partido socialista alemán era uno de los más importantes de Europa.

Bismarck vio una amenaza en el crecimiento del movimiento obrero.

Temía una revolución sangrienta, como la ocurrida en la Comuna de París en 1871, y consideraba a los socialistas enemigos del recién inaugurado Reich.

En 1878 aprobó la ley de Excepción (o ley Antisocialista), que ilegalizaba a los partidos obreros, ponía trabas a la existencia de sindicatos, y prohibía cualquier actividad pública del movimiento obrero.

Esta decisión no impidió que el socialismo alemán siguiera creciendo en el último cuarto de siglo.

Bismarck entendió entonces, que, al movimiento obrero organizado a través del partido socialista no se le podía acallar simplemente con represión.

Que el Estado debía intervenir con alguna medida de tipo social para contentar a los trabajadores y sofocar las demandas socialistas más radicales y revolucionarias.

Los socialistas pretendían derechos que colisionaban con otros intereses.

Bismarck demagógicamente impulsó tres grandes reformas laborales: en 1883, la creación del seguro de enfermedad; al año siguiente, la del seguro de accidentes; y en 1889, el primer sistema de jubilación de la historia, que dotaba de una pensión a los trabajadores a partir de los 70 años.

Estos seguros se financiaban con la aportación económica de los obreros, la patronal y el Estado.

En el sistema de Bismarck el financiamiento principal son las contribuciones personales.

Las personas en situación de pobreza no pueden pagarlas y obtienen una cobertura limitada, o directamente no la tenían.

La edad jubilatoria era una utopía para la época.

El error voluntarista de Bismarck fue creer que la legitimidad de la monarquía, desafiada por los socialistas, se fortalecería si el káiser sacaba de la pobreza a los ancianos y evitaba que se convirtieran en una carga para sus parientes.

Pero no había recursos para atender semejantes demandas.

El fondo del problema era perjudicar a algunos para darle a otros, o apostar al crecimiento económico.

Las decisiones políticas lo agravarían.

El socialismo es básicamente una construcción urbana de protesta; inconformidad con la situación social.

No acepta restricciones, no permite alternativas para producir recursos.

Desborda la presión contra el statu quo sin conciliar armónicamente necesidades con recursos.

Si llega al gobierno profundiza una exacción exagerada, contraria al resto de la sociedad.

A corto plazo agrava la crisis de insatisfacción y promueve levantamientos para acallarla.

Las presiones corporativas atenazan a quienes manejan el Estado cargando electoralmente las demandas sobre los candidatos.

Se saltea valores culturales construidos a sangre y fuego en defensa de derechos humanos básicos, impeliendo confrontaciones por sobre lo jurídico y lo económico.

Su concepto de los recursos suma cero, exige repartir lo que haya ahora, sin considerar la afectación al desarrollo.

Abusan de los demás conciudadanos generando nuevas necesidades despreciando la situación de los demás.

Son dueños de la sensibilidad política.

Están exentos de los defectos que los demás.

Son los únicos que imponen la justicia social; por lo que se sienten habilitados a disponer de lo de los demás como seres superiores.

Sus políticos no se sienten responsables de acrecentar la marginalidad.

Dan derecho a abusar los bienes ajenos.

Son enemigos de los que tienen algo y de los que no tienen nada.

O la presión fracasa y el gobernante pone las cosas en su lugar, responsable de sus limitaciones.

O, se inclina por tranquilizar a la corporación socialista, y abusa de los demás autocráticamente.

La “sensibilidad social” les da patente para hacer barbaridades, incluso en contra de quienes suponen defender.

El balde mental les impide reconocer decisiones equivocadas.

Una omisapiencia que resiste las naturales diferencias humanas y ha provocado graves holocaustos.

Esta facilidad para promover acciones descabelladas se utiliza en términos electorales generando una distorsión en las prioridades sociales.

Remasterizar las ocultas destrucciones del socialismo es una fatal arrogancia que siempre termina con la armonía y el desarrollo social y económico.

La realidad es más fuerte.

No todo reclamo por urgente que sea tiene solución; no todo reclamo justo no es injusto con otros; no todo político está capacitado para decidir correctamente las prioridades de toda la sociedad.

Los problemas los reproducimos de los seres humanos.

Una contraposición de intereses cuyo equilibrio absoluto es imposible, que agravan las acciones de fuerza sectoriales aunque estén empedradas de buenas intenciones.

Vamos a analizar casos paradigmáticos de socialismo aplicado.

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