CRONICA DE FRACASOS ANUNCIADOS - III

Uno de los pasajes de la novela de Rita Mae Brown, “Sudden Death” (Muerte súbita) indica: “Desafortunadamente, Susan no recordaba lo que dijo una vez Jane Fulton. ‘La locura es hacer lo mismo una y otra vez, pero esperando resultados diferentes’.

También se recoge en “The ultimate quotable Einstein”, citas del científico que se demostró que es “fake”.

Más allá de la autoría, debimos haber aprendido de tanto golpearnos este inconmovible efecto; tan real como la teoría de la relatividad.

Además, perseverar en el error, empeora.

Una ideología es una construcción de ideas cerradas que no admite crítica ni modificación.

Su única utilidad es aliviar a los haraganes del esfuerzo.

El acolito se obliga a aceptar sus principios y consecuencias sin chistar.

Una ideología cerrada es absolutamente inútil para adaptarse, particularmente, cuando lo único permanente es el cambio.

¿Entonces que utilidad tiene?

En principio conseguir conversos que religiosamente militan sin incorporar ninguna opinión propia controversial.

Personas impedidas “voluntariamente” de criticar a sus líderes, por aberrantes, perjudiciales, o inhumanas que sean.

Aceptan inevitablemente todas sus consecuencias.

Si quienes lideran consiguen el poder, serán serviles.

Los aceptan por bárbaros, inútiles, antisociales, o inconvenientes que sean.

Podrán medrar y abusar de los que no se sumen a la orga, porque se consideran infradotados.

El “lumpen”; un conjunto social antagónico que piensa con libertad, critica acciones soberbias, poniendo en riesgo su ideología pétrea, y a sus amorales utilitarios.

Toda resolución está pautada, aunque sus efectos sean catastróficos, atente contra inocentes, familiares, amigos, o incapaces de defenderse de la maldad que impongan.

Lo absolutamente aberrante no tiene que explicársele a quien haya sido víctima del ideologismo.

Vivieron en la opresión y asumieron la expatriación por defecto.

Las consecuencias de la ideología son tóxicos, disgregantes, enferman a la sociedad de antagonismo, odio, confrontación, intransigencia, desarmonía.

Parece ingenuo, ridículo, absurdo, decadente, que en el S XXI alguien crea que el gobierno le va a arreglar su vida luego de tantas experiencias catastróficas.

Pero sigue predominado la ideología aplastando pueblos desenfocados con la forma de superar su realidad.

En lugar de IA tienen inteligencia ausente, carente de sentido común

Alguien podría confiar que Chávez, o Maduro, rodeados de la sinarquia cubana iba a mejorar la vida a los venezolanos.

Error de tantos crédulos en tiempo revulsivo.

Alguien podía creer que del mayor imperio de la historia, quede una rémora sujeta a la ideología de Pedro Sánchez, su hermano, y Begoña, negociando bastardamente para imponer la verdad absoluta.

La ideología se adhirió al narco para financiarse directa o indirectamente.

Su renovado avance en zonas pauperizadas es causalidad de los que medran.

Donde se aposentan gobiernos ideologizados la corrupción campea y se generaliza.

Es la consecuencia de hacer siempre lo mismo: asumir que la ideología es impoluta, que quienes se adueñan del poder tienen carta blanca para lo que se les antoje.

Un falso buenismo ben trovato.

No se aprendió de las tragedias que causaron holocaustos hace 100 años.

Cambian los “científicos” pero el experimento da la misma pócima: pérdida de libertad, terror, hambre, expulsión social.

A los que quisieron planificar absolutamente todo, les dio un revolcón la mano invisible, paralizando la producción, el comercio, los recursos, acreciendo la pobreza.

Pero, nuevamente, se presentan como el “cambio”, del que son conservadores beneficiarios.

Tiene Razón Hayek sobre la fatal arrogancia, estos hombres se creen dioses.

La ideología hace inoperante la división de poderes, el republicanismo y la justicia.

En especial la penal, para garantizar impunidad y entretener con violencia descontrolada.

Imprime presión para obligar a la adhesión incondicional de los mansos.

La educación se convierte en una herramienta de formación ideológica que impide el pensamiento propio, ni siquiera expresarlo.

La violencia gatopardista en la calle, mantiene la adhesión de los envidiosos haraganes.

Los sindicatos opacos en recaudación y beneficiarios, concentran la decisión cupular, aunque sea en contra del interés de los trabajadores y desocupados.

Persiguiendo en todo terreno a quienes denuncien abusos espurios o contubernios prebendarios con empresarios.

El mundo uno ideológico no admite contradicciones. Pretende ampliarse geopolíticamente contradiciendo las naturales diferencias.

Beneficiar a los más infelices depende de permitir condiciones generales proclives a darles más oportunidades de salida.

Aplicar ideologías totalitarias siempre ha traído calamidades. Ha colocado en el poder a mentirosos, inútiles y corruptos.

Consecuentemente, ha prohijado desastres indeseables que afectan mucho más, y peor, a los más infelices.

La economía ideologizada no va a crecer.

Crece liberando recursos que le sacan al sector privado con impuestos.

Exige disponibilidad de lo propio para generar vivir mejor en colectivo.

En una gobernanza ideológicamente estatista no puede ahorrar, no puede invertir, no puede crear empleo, no puede crecer.

Para que crezca el sector privado tiene que reducirse el gasto público.

Engañar al sector privado restringiéndole espacio para crecer, no da espacio para ordeñarlo.

El que emprende asume el riesgo de su actividad, no puede cargar además con un socio estafador, y cargar, además, con el gasto público que le roba.

Sin reducción del gasto público queda trancada la posibilidad de crecimiento privado.

Nada nuevo bajo el sol.

La teoría de Kelsen al mango: si hay margen para contraer deuda, endeudarse.

Si no, licuar el poder adquisitivo destruyendo el valor constante de la moneda.

Destruir el espacio productivo y aumentar la grosería del “espacio fiscal”.

Dar impulso artificial a la economía mientras hacen crecer el gasto público se ha intentado, siempre, con el mismo resultado: un desastre.

Este consorcio económico público ideológico quiere restringir las deducciones tributarias que ellos mismos han dado, para recuperar la recaudación que resignaron para promover la inversión.

Consecuentemente segar actividad privada con resultado negativo en el empleo.

Una contradicción que saldrá carísima a los emprendedores, a los que aún trabajan, y en particular, para los más infelices.

Una mentira no piadosa, cuyo efecto sentimental dura poco, mientras el daño empeora para siempre.

Vivir de los otros no mejora a los demás; científicamente comprobado: se cansan.

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