COMO DESTRUIR LA ECONOMÍA - Parte 3 por el Dr. Nelson Jorge Mosco Castellano

Marx, dio el ejemplo a la dirigencia de izquierda: no esforzarse para conseguir empleo privado. 

Se enquistan en el Estado y viven del esfuerzo ajeno.

Descreen que la realidad la van construyendo los individuos arriesgando sus recursos sobre la base de prueba y error. 

Si ganan aumentan el capital. 

Por eso creen que el Estado puede controlar y quedarse con lo ajeno. 

La misión del Estado liberal es lo contrario: proteger a las personas de quienes los roban. 

Las políticas públicas estatistas son un galimatías desconectado del superior interés colectivo que las padece. 

Un país próspero, productivo y con futuro, no se diseña “científicamente”. 

La prioridad equivocada es planificar y solventar un presupuesto público que controle áreas desmesuradas, imponiendo un gasto público exorbitante. 

Que impone confiscar recursos arbitrariamente que los individuos necesitan para vivir y mejorar. 

Lo prioritario es cubrir el desfinanciamiento planificado; si matan al sector productivo es problema del muerto.

Prosperidad es lo opuesto: menos impuestos, menos burocracia estatal y regulaciones, más libertad para emprender.

Eso no es ideológico. 

Es comprender la condición humana, su necesidad de ahorrar recursos para incrementar la economía individual y colectiva. 

El futuro es impredecible. 

No hay oráculo que lo prediga. 

La realidad es suficientemente compleja y variable como para que un político o un burócrata egocéntrico pretenda guiarnos hacia la utopía.

Las personas ideologizadas tienen el balde mental de controlarlo todo. 

Saben más y mejor que los demás. 

Catequizan a los “ineptos” con recetas unívocas de “un mundo feliz”.

Quienes gobiernan circunstancialmente deben tener la humildad de considerar que los problemas que reciben superaron a quienes los antecedieron. 

Son responsables, luego del tiempo electoral, de intentar no hacerlo peor.

Empíricamente certificado: amplificar el estatismo conduce a la miseria colectiva, reducirlo genera progreso. 

Algunos electores no quieren resignarse al ahorro, al esfuerzo y al riesgo; prefieren inmolarse a los dioses repitiendo recetas recurrentemente fracasadas. 

Cambian de personajes, pero, no cambia el epílogo de la trama.

La izquierda desnaturaliza la función pública. 

Superdotados, obsesos en “arreglarle la vida” al prójimo cuestan carísimo a la sociedad. 

La realidad una y otra vez les cachetea, pero, peor para ella.

Anteponen su ideología al bienestar colectivo, superponiéndose, distorsionando, omitiendo normas y responsabilidades, que invariablemente trasladan a un culpable externo. 

Están en éxtasis dilapidando el esfuerzo de los contribuyentes. 

Todo para uno; y uno peleando por la plata de todos.

Lo que debe funcionar afiatadamente, ministros, intendentes, directorios, gerentes, etc. conforman una casta autoprotectora cuidando su coto personal. 

La función autárquica colide con una gestión austera. 

Convierte cada resquicio de la administración pública en demagógico, clientelar, politizado.

Nombran “asistentes” con sueldos obscenos; los de afuera son de palo.

El disloque hace del presupuesto público una negociación absurda. 

Conjunta una rémora de intenciones insustentables, para inviabilizar el crecimiento económico.

Es una supina ingenuidad creer que el ministro de economía, el director de planeamiento y presupuesto, y el presidente del banco central, controlan el desbande de egos. 

Ceden a las presiones que van desde presidencia hasta corporaciones prebendarias.

Un ejemplo paradigmático, el “Banco” de Previsión Social.

Un oxímoron que no tiene dinero, requiere asistencia infinita, y tira ríos de recursos ajenos. 

Paño de lágrimas presupuestal de activos y pasivos, aportantes, evasores, y “compañeros” ideológicos. 

Subsidia a despedidos de empresas fundidas por intervención “divina”, el costo del Estado. 

Seguro de desempleo que se prolonga a la eternidad según la “sensibilidad” de los legisladores. 

Beneficiarios de utópicos derechos, bastardeados.

Abusadores de prebendas, que el Instituto fomenta para ocultar la informalidad. 

Una valla infranqueable a la producción nacional y a la exportación.

El nuevo director de planeamiento, Rodrigo Arim, quiere profundizar el agujero con el pomposo nombre de “Sistema de Protección Social”. 

“Asistencialismo para todos”, como en Suecia; donde quedó enterrado el “estado benefactor”. 

Un Sistema de Previsión Social de “reparto”, que embolsa aportes de trabajadores, de empleadores, y, más de 7 puntos del PIB del sector privado. 

El aporte obrero, el patronal, aumenta el precio del consumidor, para parir un “haber” de pasividad inicuo al que aporta 30 años regularmente. 

El desfinanciado sistema requiere, además, un “impuesto de asistencia” creado por la izquierda que recorta la pasividad. 

Otra “mordida” que lo expone inviable  

La política roba impunemente para sostener la burocracia “previsional” y deja al trabajador una rémora de lo que aportó al final de la vida laboral. 

El socialismo es pródigo en crear “nuevos derechos”. 

En sacarle más recursos al que produce y labora. 

Viven de “asistir” a los que someten a la miseria “interviniendo” el salario y la pasividad.  

Socializan, reparten endeudamiento. 

Regalan a siniestra lo que cargan a déficit que paga el público. 

Benefician por combatir contra las instituciones, porque no tienen el aporte legal. 

Va a la cuenta del otario, pagarle cada vez menos a los que se rompieron “el alma” pagando de sus aportes, mientras otros hacían la “revolución”. 

Es muy veleidosa la probidad del “repartidor”.

La intención es dejar una “pensión” a la vejez. 

Quedarse con los aportes de los trabajadores en el sistema de ahorro individual. 

Aliviar al presupuesto nacional de que la satrapía hizo insostenible. 

Esta película ya la vimos; en Argentina desapareció el ahorro. 

El sistema “Seguridad Social” es un magnífico aporte a la declinación global del BPS, políticamente incorrecto de evidenciarlo. 

Una cantidad indefinida de prestaciones meten en la misma bolsa a trabajadores en actividad, desempleados, enfermos, imposibilitados, licencias médicas y especiales, e incapacidades. 

“Protección social” será la agenda ampliada de “nuevos derechos” desde la infancia al más allá. 

¿Si ya era insustentable el sistema, cuánto nos costará esta ampliación del agujero negro?

Para Arim surgirá del “diálogo social”. 

Profundizaran el despojo cumpliendo con la utopía presidencial de “la pública felicidad”. 

¿Cómo arreglamos a los veonticincomilpesistas que no aportaron más que para esa miseria?  

¿A quiénes cargarán “la romana” de dar “pública felicidad” a 500.000 personas, que se han acumulado en los últimos 20 años; 15 de los cuales gobernó la izquierda?

¿Cuántos empleos y actividades productivas, que no serán, se llevará subsidiarlos?

¿El poder de imperio da ínfulas para destruir al sector productivo por insaciables deseos clientelistas? 

¿Dónde queda espacio Oddone para hacer crecer la economía? 

El mismo Estado tracciona la pobreza hacia abajo, multiplicando déficit con burocracia cara e inútil. 

En conciliábulo sindical hará más de lo mismo

Padecerán más trabajadores informales, que no podrán aportar porque la mayor carga impositiva hace inviable pagarla y vivir. 

Aumentará la desocupación porque la nueva carga tributaria mata el consumo, la inversión, el ahorro y el comercio. 

Los pasivos seguirán perdiendo por goleada pese al ajuste constitucional.

TODO retroalimenta la pobreza, amplificada por el mismo Estado. 

Más impuestos, inflación, endeudamiento, carga al emprendedor, y pérdida de poder adquisitivo.

Políticas públicas forajidas. 

Pagamos sus sueldos altísimos para que castiguen nuestros ingresos y pasividades.

Saben que la economía estalla; pero, es daño colateral. 

La utopía del “hombre nuevo”, pero anémico. 

Reducir la pobreza es resultado de ejercer la libertad de ahorrar, invertir, dar empleo, producir, comprar, negociar, comerciar. 

Intervenir, experimento científico de una sociedad “sin clases”, pero con castas en el poder. 

Dictaduras formales e informales.

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