UN MUNDO DE BORREGOS

Aristóteles dijo que: “La esclavitud nunca tiene tanto éxito como cuando el esclavo está convencido de que es por su propio bien”.

Dice ahora el politólogo Axel Kaiser: “Te quieren pobre y esclavo”.

Pablo Gil, un economista y analista, de los más influyentes, explica:

“Creo que hay una diferencia entre las clases sociales cada vez más grande. El rico cada vez más rico y el pobre cada vez más sometido a ser pobre. Le cuesta más salir de ese estado de pobreza o de clase económica baja.
Esto se ha visto implementado porque muchas de las políticas que se han llevado a cabo en las últimas dos décadas para solventar las crisis económicas se han basado mucho en los mercados financieros.
A partir de la crisis del 2008, cuando colapsa la bolsa, se tomaron medidas que han fomentado la subida del precio de la vivienda y de la renta variable, o sea, la inversión en bolsa.
Se está formando una población mayoritaria que no accede a tener casa o un mínimo patrimonio solvente, a diferencia de los más ricos.
Las medidas de endeudarse y generar inflación afectan a todos, pero mucho más al que tiene que acceder con mucho esfuerzo a los bienes básicos que al que tiene eso resuelto por tener un buen pasar económico.
Las cosas son más caras para todos, pero para el que tiene un patrimonio solvente no lo afecta tanto, y también le aumenta el valor patrimonial.
El que no ha podido invertir en bienes inmobiliarios o en bienes del mercado financiero, lo único que sabe es que la inflación le quita poder adquisitivo todos los días, que su salario no sube en relación con los precios, y que por tanto con su ingreso monetario compra menos cantidad de bienes.
Eso ha hecho acrecentar el gap, el diferencial entre cómo viven los más ricos respecto a cómo viven los de los sectores más empobrecidos.
Esto ocurre a nivel mundial. Tenemos un modelo económico-social donde se habla mucho de igualdad, de integración, cualquiera sea la ideología del gobierno y la política que desarrolle. No se trata únicamente de ideología, se trata realmente del sistema. Un híbrido a medio camino entre capitalismo y socialismo.
Se nota, por ejemplo, en la hipocresía de Davos. Van los magnates de las multinacionales y los gobernantes en jets privados o en aviones oficiales, mientras hablan del cambio climático y de contaminar menos. Esos son los que marcan las normas; protegen un sistema que les favorece, en detrimento del resto.
Lo que llama la atención no es que se haga siempre lo mismo por ese sector “selecto”, sino la falta de respuesta del resto.
Un conjunto de líderes mundiales marca la agenda de los gobiernos débiles de diverso signo que siguen sus pautas.”

Dice Pablo Gil:

“Estamos aborregados. La población en general se traga barbaridades en los noticieros o en la prensa. ¿Cómo puede ser que no se obligue a dimitir a este individuo que los obliga a vivir tan mal, o que no haya un cambio de signo político cuando se descubre un abuso flagrante del endeudamiento y la inflación?
La gente ha entrado en un juego que es la polarización. O eres de los míos o eres del otro lado. Y si eres de los míos yo nunca critico, son fanáticos de su equipo. Si pierdes, no le echas la culpa al equipo, sino al árbitro o al equipo contrario, a cosas externas a las responsabilidades de quienes no debieron hacerlo.
Y así, la sociedad ha ido perdiendo valores y capacidad de reacción.”

Juan Manuel de Prada señala que:

Los esclavos de hoy en día no van a base de látigo, sino a base de ponerlos entre algodones.”

Estas 87 personas en Davos hacen la llamada “Agenda 2030”. Con su supuesta preocupación por dónde va el mundo, ponen a los más desfavorecidos “entre algodones” para que la gente no piense, no se preocupe de su situación económica, distraída en utopías o conflictos ficticios.

Es una manera de esclavitud muy dura para estos tiempos en que se habla de una renta básica porque los robots nos van a quitar el trabajo, en lugar de preparar para el desafío de nuevas ofertas laborales que surgen.

Pensar en que te den un dinero por no hacer nada, no soñar, no pensar en algo mejor, es lo más triste para un ser humano. Pero este mensaje vende; lo compran.

“Vamos a poner el salario mínimo cada vez más alto así la gente se queda tranquila, con esos pocos pesos.”

Los anestesia de buscar un futuro, triunfar en la vida, intentar llevar adelante su proyecto superador.

No tener sueños y ansias de mejorar implica, nada menos, que NO VIVIR.

Es un concepto de esclavitud al que optan voluntariamente. Nadie los obliga, sino que los convencen de que eso es bueno.

Se ofrece a los jóvenes que prefieran “la seguridad” de ser funcionarios públicos. Cuando están en la etapa de arriesgarse, jugársela, intentar cosas nuevas, de aprender, de aspirar. Aún no tienen cargas familiares ni responsabilidades; es ahora.

La sociedad está perdiendo valores súper importantes: esfuerzo, solidaridad espontánea, rescatar individualidad positiva potenciando condiciones.

Las cartas que nos tocan en la vida son muy diversas. Puedes decir basta para mí o puedes intentar jugar de la mejor forma posible preparándote. El estancamiento aborregado es la peor opción.

Entender que nos lo imponen es una alerta que debemos hacer sonar a quienes piensan que el desafío individual es cuestión del gobierno.

El desafío es personal: luchar por ti mismo para mejorar tu condición de base.

El esfuerzo y la superación no deben ser esclavizados por quienes siembran el camino de espinas que impiden crecer a cambio de asistencialismo.




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