SOLO SÉ QUE NO SÉ NADA

«Solo sé que no sé nada» es un dicho que deriva de lo relatado por el filósofo griego Platón sobre Sócrates, relacionado con una respuesta oracular de la pitonisa de Delfos, que, a la pregunta de Queréfonte sobre si había alguien más sabio que Sócrates, respondió que nadie era más sabio: “Este hombre, por una parte, cree que sabe algo, mientras que no sabe [nada]. Por otra parte, yo, que igualmente no sé [nada], tampoco creo [saber algo]”.

No se puede saber algo con absoluta certeza, incluso en los casos en los que uno cree estar seguro.

A todos nos gustaría que un sabio nos diga qué hacer en medio de tanta incertidumbre.

El libro de la sabiduría “I Ching nos advierte: “Únicamente quien posee fortaleza domina su destino, pues merced a su seguridad interior es capaz de aguardar.” El destino se entiende como una construcción entre el pasado, las condiciones presentes y el libre albedrío.

Las posibilidades de una acción son finitas en un escenario específico, tenemos la plena libertad de elegir conscientemente los caminos, una vez que dialogamos con lo profundo de la situación, y atendemos la realidad. 

También en el siglo XXI, es necesario desaprender, volver a aprender, y estar en condiciones de dudar, errar, y acertar transitoriamente.

Hoy hablamos de inteligencia artificial como si no fuera en realidad el resultado de una inteligencia colectiva humana.

La inteligencia artificial toma su base en grandes y masivas producciones intelectuales hechas por la humanidad, que tienen todas sus características personales. Van a estar de algún modo reflejando, interpelando, poniendo en jaque ciertos conocimientos colectivos adquiridos en otro momento dado.

Iniciado el siglo actual es usual escuchar: “…nunca se me hubiera ocurrido que se dieran tantos cambios repentinos, inmediatos, que, de un modo u otro, afectan la vida personal, exigiendo cambios continuos que no saben cómo incorporar”.

Autores e investigadores del campo psicosocial, así como los llamados futurólogos, indicaron cómo habría de ser el tiempo venidero. Lo fundamental es poner atención en aquellas cosas útiles, en lugar de dispersar las horas en asuntos banales e intrascendentes.

Los analfabetos del siglo XXI serán los que no sean capaces de aprender, des-aprender y re-aprender...”, enseñaba Alvin Toffler. Esta idea fue tomada del psicólogo y pedagogo estadounidense Herbert Gerjuoy, y está citada por Toffler en “El shock del futuro” que data de 1970.

Este autor anunciaba que el modo de vida que estaba por llegar se caracterizaría por ser “demasiado cambio en un período de tiempo demasiado corto”.

Tofler decía que llegaría un tiempo en el que, "lo que hoy aprendí dentro de seis meses no me va a servir, lo tengo que desprender y, de nuevo, aprender para adelantarme a lo que me será útil entonces."

Significa tener una mentalidad elástica y plástica, capaz de -a través del uso del pensamiento racional reflexivo positivo creativo proactivo- conseguir formas de existencia donde pueda concretar mis deseos positivos de vida.

Toffler explicaba que a diferencia de aquella época donde la persona podía ingresar a una empresa como cadete, para jubilarse como gerente, en el siglo XXI sería un proceso que inevitablemente llevaría a aprender para desaprender y desaprender para aprender lo nuevo.

Ese sería el nuevo ciclo de crecimiento y evolución humana. Que no habría que temer estar atravesando tal desafío, ya que “la tasa de errores es proporcional a la de aciertos”. Cada equivocación lleva a nuevos aprendizajes, búsqueda de otros caminos de realización y, por lo tanto, a nuevas constantes mejoras.

En otro de sus libros, “La tercera ola”, precisa: “Un analfabeto será aquel que no sepa dónde ir a buscar la información que requiere en un momento dado para resolver una problemática concreta. La persona formada no lo será a base de conocimientos inamovibles que posea en su mente, sino en función de sus capacidades para conocer lo que precise en cada momento”.

Entre los anuncios que Toffler hizo se encontraban:

Ramas enteras de la industria desaparecen y aparecen otras. Esto impactará a los trabajadores, obligados a un aprendizaje totalmente diferente, a cambiar la localidad de residencia para encontrar un nuevo trabajo.

Tal modificación implicará cambios en las relaciones afectivas, escuela o vínculos con la familia, lo que resultará en relaciones personales más superficiales con un gran número de personas en lugar de relaciones cercanas y más estables.

El conocimiento de un ingeniero, un médico, un químico y tantos otros profesionales quedará obsoleto en poco tiempo por lo que los cursos de actualización deberán ser materia habitual. Por tal razón habrá, cada vez, más trabajos temporales.

Muchos bienes antes durables, inclusive por varias generaciones, quedarán convertidos en objetos rápidamente desechables, ya que el costo de reparación o limpieza resultará mayor que el precio de uno nuevo. La producción en masa favorecerá estos cambios permanentes.

Será posible alquilar cualquier cosa lo que elimina la necesidad de una posesión permanente. Todo se moderniza en cuestión de semanas, lo que supone un reto para el ámbito del comercio debido a objetivos cambiantes.

Anuncia que la familia nuclear cede su lugar a infinidad de tipos de familias: monoparentales, unipersonales, convivencia estable entre novios y muchas otras posibilidades. Nace la cultura sin hijos.

Surgirán infinidad de medios especializados sobre temas específicos; numerosos canales de televisión satelital; la capacidad de las computadoras de comunicarse entre sí generará nuevas formas de relacionarse entre humanos. Todo ello hace que la comunicación esté personalizada y que el consumidor ya no se limite a tomarla tal cual viene. Ahora puede intervenir en la prensa oral y escrita.

Lo que hoy estamos viviendo fue anunciado, con lujo de detalles décadas antes que aconteciera.

Bertrand Rusell afirmaba: “El problema con el mundo es que los estúpidos están seguros de todo y los inteligentes están llenos de dudas”

NO SABEMOS NADA de lo que viene mañana; pero, mejor que no lo maneje un estúpido.

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