SEÑALERO A LA IZQUIERDA Y DOBLO A LA DERECHA
Un dolor de cabeza para los que votaron al FA en la elección pasada ha sido la designación de Gabriel Oddone como ministro de Economía y Finanzas.
Es evidente que al MPP, brazo político del MLN-Tupamaros, “ya no le queda ni el pucho en la oreja, de aquel pasado malevo y feroz”, como dice el tango.
El león perdió los dientes. O quizás ha aprendido de tantos fracasos que produjo convertir al Estado en inversor, asociarlo a dictadores o perseguir a los inversores privados como si fueran piratas.
En esta oportunidad, se convenció de que el orden económico es imprescindible; de que es necesario evitar que el gobierno se la crea como operador de una economía cada vez más compleja o que no entienda hacia dónde va el mundo. Es la única opción que le permite a la gente común una oportunidad para ascender económicamente.
No es ser liberal que el sistema político no gaste más de lo que la gente puede aportar. No es ser liberal dilapidar los recursos que les cuesta enorme esfuerzo producir a emprendedores y trabajadores. No es ser liberal que el Estado impida el crecimiento económico ni que el político crea todavía que la redistribución de la riqueza (ajena) es la solución para que los pobres dejen de serlo.
Esos pensamientos arcaicos son propios de simios, y ni siquiera de ellos, ya que también aprenden que lo que hacen mal les duele.
Oddone fue puesto allí porque el MPP entendió que cancelar a Astori fue un tremendo error del gobierno de Mujica. Se instaló un equipo económico paralelo para hacer lo que se le antojaba al anarquista, y le dejó a Tabaré Vázquez un país hundido.
Oddone es un técnico que viene de luchar, justamente, contra el sistema político. Su expertise desde la consultora ha sido esquivar las cargas fiscales, encontrar privilegios o prebendas para el inversor privado y conseguir que los amigos en el poder faciliten, a quienes pagan sus honorarios, las condiciones que les permitan obtener rentabilidad.
Obviamente, eso lo saben Mujica y el Pacha Sánchez. Ponerlo en el cargo para un gobierno de pseudoizquierda no es casualidad.
Haber incluido a renegados de Cosse en cargos ejecutivos que apuestan a hacer crecer la economía tampoco lo es.
Todas las medidas que Oddone viene anunciando están alineadas con el orden en el gasto público que inició tímidamente el gobierno saliente.
No habrá locas pasiones tributarias. No se puede gravar con impuestos el dinero colocado en bonos americanos aunque sea de uruguayos. Es un refugio al que obligó a recurrir el propio gobierno nacional al aplicar impuestos al ahorrista que matan el derecho al ahorro.
No se puede manejar las empresas públicas con independencia. No puede hacer un Sendic lo que se le cante o lo incite un prebendario vendedor de calderas.
En definitiva, eso no es ser liberal, es ser realista, sensato, racional, defensor de los intereses colectivos.
Los salarios no crecen por los sindicatos, sino por productividad, al igual que quienes emprenden y trabajan para sacar adelante sus proyectos.
Un país estancado —y no por casualidad— ha tenido gobiernos frentistas en tres de los últimos cuatro períodos de gobierno. Ese es el resultado de una gobernanza equivocada.
La heterogeneidad con que se manejó la inversión pública en todos estos años ha generado organismos públicos gastando sin medida recursos que duelen. Recién en el último año se pudo obtener rentabilidad y devolverle al administrado parte de su esfuerzo en pagar precios públicos y servicios carísimos.
La educación pública, la salud pública y la seguridad pública son servicios que cargan con impuestos duplicados al que quiere y puede pagar esta doble imposición con servicios privados.
Lo mismo ocurre con el desastre de los gobiernos departamentales, que abusan de impuestos para sostener clientelismo y despilfarro sin contraprestación hacia el contribuyente, quien padece calles rotas, falta de iluminación y basurales en su puerta.
Un gobierno de izquierda o de derecha tiene que tener sensibilidad por el contribuyente. No hacerlo es, simplemente, de ladrones.