NEOSOCIALISMO NEOCATÁSTROFE
El socialismo real, también conocido como socialismo realmente existente, fue un término usado en la URSS durante el gobierno de Leonid Brézhnev.
Se refería a la planificación económica soviética, implementada a partir de 1960 por los países del Bloque del Este. Era realistamente factible dado su nivel bajísimo de productividad.
Las pretensiones del partido sobre el nombre de “socialismo” comenzaron a adquirir significados no solo negativos, sino también sarcásticos. En años posteriores, y especialmente después de la disolución de la Unión Soviética, el término comenzó a ser recordado como una referencia al socialismo de estilo soviético.
Estados gobernados por un partido comunista, algunos de forma autocrática y con economía planificada.
A raíz de la “Gran Depresión”, un grupo de diputados belgas y otros franceses fundadores de la ideología del “planisme”, promovieron una "revolución constructiva" a partir de la centralidad del Estado, buscando un mandato democrático para desarrollar la tecnocracia y una economía planificada.
Al principio, los neosocialistas seguían siendo parte de la izquierda más amplia. Pero la desilusión en la democracia eventualmente hizo que muchos neosocialistas pidieran un gobierno más autoritario.
Entramos en el siglo XXI con liderazgos viejos. Todos siguen discutiendo el nivel de intromisión del Estado en diversos grados como receta para que no sufra la sociedad, encubriendo, en realidad, que es para mantener privilegios disfrazados de “nuevos derechos” de la casta estatista-política, simulando una fatal alternancia.
La cantidad de excusas socializantes que fueron cultivando a lo largo del siglo XX no cayeron con la implosión del muro de Berlín. Pervivieron en políticas socialistas, fáciles de vender a una sociedad carente de ofertas de volver a los orígenes de la libertad responsable. Coparon la banca vendiendo la utopía de que los pobres podrían vivir como ricos.
Dividir para reinar, ganar espacios a costa de una sociedad estropeada, decadente; mantener el poder mediante la ruptura de las concentraciones grandes en fracciones con menos energía en su aislada individualidad.
Una estrategia que rompe estructuras, ataca a la razón con demagogia e ilusionismo que evita la vinculación de los grupos de poder discrepantes señalándolos como parias opuestos a la pública felicidad.
El resultado disgregante, confrontativo, entre una sociedad que dejó de lado el interés colectivo, saturada con propuestas probadamente fracasadas. Prohibido pensar. Sintonizan con la ansiedad por alcanzar un mejor nivel de vida corriendo detrás de la zanahoria. Entregando al Estado el dominio total de las decisiones.
La unanimidad de los líderes políticos mundiales se niega a entrar al siglo XXI. El cambio estructural que significa la introducción tecnológica a full, no lo registran.
Mientras la iniciativa privada multiplica recursos, bienes y servicios de calidad a menor costo, no tienen intención de sensatizar el gasto público, ajustándolo, para permitir salir del estancamiento, por su culpa.
Mientras la tecnología, eficaz y eficientemente, multiplica la producción en el marco de una informalidad globalizada, aumenta el despilfarro del Estado en asistencialismo, lo que conduce a una denigración humana que alientan.
Recursos que cuestan producir en una economía cerrada, un mercado limitado, una formalidad agobiada. Mientras engañan y hacen perder el tiempo con falsos servicios públicos educativo, de salud, de seguridad pública, de defensa, de justicia. Todos absolutamente corroídos por la inoperancia, el atraso, y la anomia.
Liberar recursos que el neo socialismo tira bajaría la carga tributaria, disminuiría la insoportable burocracia, quitaría regulaciones que traban el crecimiento colectivo. En su opuesto, aumentan la pobreza, y obligan con el recaudador a estar formalizados, una competencia imposible con las informales y las empresas virtuales de las aplicaciones.
La ñata contra el vidrio de la oferta tecnológica, multiplica sueños frustrados de alcanzar esa calidad de vida. Las mismas oportunidades que el Estado y los políticos les están robando. Aumentan la pobreza, la indigencia, se hace insoportable resistir el embate del costo de vida.
En este tiempo nuevo no están los recursos imprescindibles para reciclarlos a la velocidad de la demanda TICs. Ponerlos en carrera para competir por un trabajo de calidad para la sociedad del conocimiento aplicado exige responsabilidad individual, esfuerzo, y contar con esos recursos que se entrega al poder político.
El colapso terminal de una educación pública que consume recursos crecientes para lograr peores resultados, la demagogia y abuso políticos de recursos imprescindibles para producir, son tenazas de la catástrofe en la que estamos inmersos.
Los emprendedores privados reclaman que el Estado es insaciable. Que promueve especuladores, prestamistas, chantas, estafadores, ilusionistas. Canalizan la bronca al sector productivo, inversamente al cambio imprescindible: liberar recursos mal gastados, hacer responsables de su destino a las personas, dotarlos a los que carecen de condiciones para insertarse en este mundo tecnológico desafiante.
De persistir en, todos contra todos, agotarán la paciencia y con ella los recursos necesarios para incorporar a los que se caen a sistema. Fomentan la exportación de talentos desilusionados por no tener futuro. Los trabajos dignos no están disponibles. Se los traga el neo socialismo de Estado.
Al séptimo círculo del infierno se accede tras los restos de una grieta. Los condenados de los últimos tres círculos son culpables de haber actuado con malicia en sus respectivas acciones.
La violencia que equipara los hombres a las bestias; los violentos contra el prójimo; los derrochadores que en vida no solo no tuvieron mesura para gestionar, y tenían objetivos destructivos.
Alguien debería avisarles que, allá en el fondo, los van a encontrar.