LOS DESAFÍOS DE UN GOBIERNO LIBERAL - Parte 1

Sir Arthur Clarke, escribió junto a Stanley Kubrick el argumento de la premonitoria película 2001, Odisea del Espacio, de 1968.

En ella, la IA de una nave espacial corrige por su cuenta el rumbo porque cree que su tripulación es incapaz de hacerlo. Decide ignorar sus instrucciones que los lleva inexorable y empecinadamente hacia el infinito y la muerte.

La historia distópica puede equipararse a los gobiernos actuales. Han perdido el rumbo, irrespetuosos del interés público, conducen a sus gobernados directamente a la decadencia como seres humanos.

Sin liberalismo no hay gobierno que atienda el interés general. Es imposible avasallar los derechos individuales naturales y perseguir el bien público.

El gobierno respetuoso de la libertad individual requiere determinadas condiciones que no pueden alcanzar gobiernos estatistas, populistas, socialistas, intervencionistas. Para ellos, es imposible corregir el rumbo trágico.

La corrupción destruye la democracia. Todo sistema corrupto desemboca en alguna forma de dictadura con prescindencia de su ideología.

Una vez que se ha incurrido en populismo masivo por mucho tiempo la democracia es una declamación sin significado.

La esperanza de una solución milagrosa e instantánea es peor que el problema que se intenta solucionar. Extiende el padecimiento, agravando una situación insostenible.

Repetir políticas y decisiones que llevaron a la ruina, con el formato que fuere, llevan a más ruina, esta vez deliberadamente. 

Ante la presente crisis de gobernanza la democracia requiere ser reformulada, para poder avanzar con criterios racionales, y no caer en la complacencia y el desastre de la demagogia sistémica que desemboca en la corrupción. Tocqueville lo advirtió hace más de dos siglos.

El criterio liberal es el que más se acerca a las necesidades de la sociedad, el que más respeta la acción humana, garantiza la competencia y vigencia del mérito como mecanismo de ascenso social.

El liberalismo tiene la desventaja de que no puede ser aplicado a prepo, a riesgo de terminar desvirtuándolo. Ser liberal exige respetar la acción humana, respetar la independencia de poderes, respetar al gobierno, sin aceptar mansamente que conduzca a la debacle de la sociedad.

Un gobierno verdaderamente liberal implica un cambio radical de una tradición que nos ha convencido que dependemos de los políticos y sus socios predilectos, los burócratas. Un castigo divino adicional al pecado original.

Un auténtico liberal asegura a los ciudadanos que cumpliría estrictamente su voluntad. Que se regirá estrictamente por la Constitución y las leyes preexistentes, sin intérpretes intermediarios interesados en hacer su negocio.

Es una reacción severa contra la casta de políticos atornillados y funcionarios creativos de privilegios propios y prebendas compartidas. Es imposible que por sí mismos restrinjan su voracidad extendida de abusar. 

Se necesita un outsider ajeno a los intereses degenerados de quienes usan la elección democrática como carta blanca para avanzar sobre los derechos ajenos. Rapiñarlos a punta de leyes y decretos; justificarlos en la entelequia de un reparto justiciero.

Relato mentiroso que encubre todos los abusos sobre el patrimonio de quienes fungen como esclavos de un sistema corporativo, cuya cúspide divina fue electoralmente bendecida para conducir el destino colectivo que tenemos que padecer.

Según Hayek, para ser liberal se requiere a alguien con conocimiento y vocación de servicio genuina, para que la sociedad no fuera esclava de la Fatal Arrogancia de sus representantes, de su capricho, conveniencia o ideología. 

Un liberal tiene la convicción necesaria para atar las manos del contumaz compulsivo serial de gastar lo ajeno, deteriorar la moneda nacional, destrozar la sustentabilidad de la economía, y generar maldades consecuentes.

Ser liberal exige capacidad de pensar autónomamente, sensibilidad humana inteligente, valores republicanos, garantía de aplicar la ley con pureza. Alejado de una planificación central que congele una estructura burocrática inalterable.

Hayek predecía que la misma era el inexorable camino de servidumbre.

Un gobierno liberal eliminaría la corrupción, el nepotismo, el electoralismo, la demagogia, el populismo, el clientelismo y todo tipo de exceso que los sistemas políticos depredadores de la sociedad han ideado, corrompiendo lo que otrora fue el gobierno de todo el pueblo.

Utilizaría con eficacia y eficiencia el dinero fruto del esfuerzo individual, destinado a salud, educación, seguridad, bienestar, sin asistencialismo berreta. Una trampa de beneficiar a los más infelices, que es una excusa para acrecer la carga tributaria, el endeudamiento y la inflación que los castiga. Manotearle la parte del león al soberano y convencerlo que mejorará en fortuna.

Lejos de aplicar subsidios cruzados, que desalientan la preparación para ascender económicamente, dejaría al sector privado, en competencia, atender a los que realmente necesitan apoyo. Evitaría sobrecostos burocráticos que retacean calidad al pobre y cargan demás al contribuyente.

Un liberal eliminaría las estructuras intermediarias entre el Estado y los ciudadanos que los obligan a alinearse ideológicamente, anestesiándolos de pensar y actuar a riesgo propio.

Aboga por la garantía de una justicia imparcial, decente y veloz, que no afecte derechos esenciales a la vida, la libertad o la propiedad. Lejos de imbricaciones de la política con intereses de la delincuencia común, tratantes, traficantes, políticos, empresarios, sindicalistas, o abusadores de pobres.

Un liberal implementaría un sistema de seguridad pública que elimine complicidades, zonas liberadas, declaraciones amañadas por fiscales, tolerancias, permisos arbitrarios. Limitándose a cumplir la ley, y no a cancelarla por intereses subalternos.

Erradicaría del sistema carcelarios toda arbitrariedad, utilizándolo para mantener alejados a delincuentes de buenos ciudadanos; y recuperar a los que quieran ser individuos útiles. 

Derogaría leyes que favorecen intereses creados, negocios sucios de empresas, políticos, sindicatos, pseudo-causas sociales y humanitarias. Utilizaría la herramienta de la inconstitucionalidad de toda legislación que los apañe o facilite. 

Respetaría la independencia de poderes, descartando que los cargos electivos sean consecuencia de partidos corruptos asociados entre sí. Expulsaría a quienes utilicen fueros parlamentarios, fiscales o judiciales, para acciones delictivas. Propondría candidatos que, por sus antecedentes, cuenten con adecuada formación, historiales éticos y morales acreditados.

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