LA ODISEA PERSONAL

Nuestra odisea personal es un viaje mezcla de adversidades y aventuras placenteras.

Una odisea personal” narra las vicisitudes del extraordinario economista y columnista Thomas Sowell, nacido en una familia de Carolina del Norte, tan pobre, que fue entregado a una tía para que lo criara. De chiquito le extrañaba que los personajes de los comics tuvieran pelo amarillo, él nunca había visto a una persona blanca.

Quizá lo más triste que dice es que si él fuera 10 años más joven, sus triunfos personales hubieran sido puestos en duda, la gente pensaría que llegó a ser profesor en Amherst o UCLA por ser negro.

En su juventud Sowell fue un marxista activo y formó parte de los Black Panthers hasta que se desilusionó de esa postura disolvente para abrazar las ideas de la libertad.

Sowell explica que no hay excusas para condonar el bajo rendimiento de jóvenes pertenecientes a minorías. La inteligencia y el tesón no son monopolios exclusivos de ninguna raza ni grupo. Se graduó de Harvard y obtuvo su doctorado en la Universidad de Chicago, estudiando con el premio Nobel George Stigler, llegando a la cumbre por esfuerzo propio.

Cuenta la cobardía de administradores y profesores en la Universidad de Cornell donde enseñaba, al aceptar pasivamente la violencia estudiantil de fines de los años 60. Fue entonces cuando comenzó a surgir la "corrección política", que otorga privilegios especiales a grupos, por estar estos compuestos por minorías.

En una ocasión se le acercaron unos estudiantes negros para quejársele porque los judíos sacaban el doble de notas que ellos. Sowell les contestó asombrado: ¿sólo el doble, cuando ellos trabajan tres veces más duro que ustedes?

En las escuelas y universidades se ignora el principio fundamental de la igualdad, promoviéndose la manipulación de condiciones para lograr una cierta igualdad de resultados. Esos jóvenes dedicarán el resto de sus vidas tratando que el gobierno les conceda similares privilegios para triunfar en sus actividades personales o profesionales. Las instituciones educativas están corrompiendo a las nuevas generaciones.

Demuestra cómo muchas cátedras están decididamente influidas por ideas estatistas, a veces disimuladas, politizando el conocimiento de la economía.

Comenzó a modificar su pensamiento influido por escritos de Benjamin Roggie, Friedrich Hayek y George Stigler, pero definitivamente cuando fue contratado en el Departamento de Asuntos Laborales en Washington, se percató de fraudes colosales como la implementación del salario mínimo que genera desempleo, disfrazado a través del engaño de la inflación que contrae salarios en términos reales con adornos nominales.

Se refiere a la arrogancia de los planificadores estatales que inexorablemente operan en dirección opuesta a la decisión que las personas toman libremente.

No se trata de almacenar datos en computadoras para adoptar decisiones, lo relevante son las apreciaciones subjetivas de la gente que no es posible conocerlas antes de haber llevado a cabo el correspondiente acto. Concluye que sólo en libertad pueden maximizarse resultados.

En sistemas abiertos sin interferencia de burócratas la cooperación social es la más adecuada a los intereses de los gobernados, y el conocimiento es fruto de corroboraciones provisorias sujetas a refutaciones en un contexto evolutivo que no tiene término en la búsqueda de nuevos paradigmas, todo lo cual se degrada cuando los gobernantes se entrometen en las decisiones de particulares que no lesionan derechos de terceros.

Enfatiza que los temas monetarios, laborales y en general de comercio interno y externo deben ser el resultado de convenios libres entre partes y los alegatos contrarios se decretan con hipocresía alegando que son para proteger a los más débiles y necesitados cuando indefectiblemente una y otra vez se los condena a la pobreza y a la marginación.

Marca el desconcepto de la llamada “igualdad de oportunidades” que contradice la igualdad ante la ley ya que cada uno tiene distintas oportunidades en diferentes emprendimientos debido a desiguales talentos, fuerza física y vocaciones, lo importante es que todos tengan mayores –no iguales- oportunidades y eso se logra con libertad y no con estatismos de diversos colores que incluyen ideas atrabiliarias y contraproducentes como la denominada “justicia social” que en verdad se traduce en la mayor de las injusticias al arrancar el fruto del trabajo ajeno.

Recientemente en Uruguay vivimos dos episodios que marcan claramente la validez de los conceptos de Sowell.

El cierre de una empresa japonesa que había invertido por años en el país; decidió cerrar y trasladar su producción a otros lugares de la región.

Y la incertidumbre de un grupo de personas que apostó su ahorro privado a empresas de rentabilidad ganadera.

La tendencia de estatizar y socializar se expone en estos casos. En el primero los sindicatos para avanzar en “derechos” sobre los trabajadores y sus familias, tensaron tanto la cuerda de peticiones y paralizaciones de actividad, que perjudicaron a los empresarios japoneses y sus familias, impidiendo cumplir compromisos con los clientes que sostenían ambos negocios.

Las mejoras de los empleados, muy válidas, entraron en conflicto con la realidad, generando pérdidas insoportables a los que también trabajan, pero además, pagan las cuentas y los impuestos, hasta hartarlos.

En el otro caso, las circunstanciales pérdidas de quienes por 25 años fueron satisfechos en sus intereses, desbarrancó en actividades de altísimo riesgo que no prosperaron; padecen ahora una pérdida.

La odisea sindical interviniendo cercenó 1000 oportunidades de empleo, la pasividad de los inversores en controlar de cerca sus colocaciones, hizo lo propio.

Nuestro socialismo de Estado, políticos “idóneos” en “evitar” estos males, meten mano pública en odiseas personales. Encubren a sindicalistas abusadores e inversores que quisieron salir del corsé de esas regulaciones que impiden una mínima rentabilidad.

La odisea personal es lo que ha hecho que nadie tenga garantizado su futuro. Los ricos pueden perder su fortuna, y los asalariados también.

En el caso de los nuevos desempleados, su odisea será atendida por políticos “sensibles”, extenderán ad nauseam el seguro de desempleo, trasladando el costo a la odisea personal de otros trabajadores; agravada por los que “se las saben todas”.

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