LA DIALÉCTICA Y SÍSIFO

Sísifo, en la mitología griega fue rey de Éfira, hoy Corinto.

Fue avaro y mentiroso.

Recurrió a medios ilícitos, el asesinato de viajeros y caminantes, para incrementar su riqueza.

Sísifo tuvo fama de ser el más astuto y artero de los hombres.

Era un ejemplo de rey impío, y fue conocido por su castigo ejemplar: empujar una piedra cuesta arriba por una montaña, que, antes de llegar a la cima, volvía a rodar hacia abajo.

Hecho que se repetía una y otra vez por toda la eternidad; el ejemplo de lo frustrante y absurdo.

Como Sísifo mucha gente aspira a que otro le empuje su piedra sin sacrificio ni costo personal.

Como Sísifo la cargan una y otra vez acumulando mayor castigo.

Los argentinos han soportado el castigo de cargar la piedra de los políticos.

Tener 211% de inflación en un año, es una piedra insoportable que licúa el ingreso, acumula pobres imposibilitados de soportarla, y arrastra a muchos más en descenso.

Gobiernos populistas y corruptos les prometieron la utopía: hacer más liviana la piedra y siempre les mintieron.

Enfrentados a “claros” síntomas de hiperinflación, resultaba imprescindible decidirse por un cambio radical.

Tomar medidas que ordenaran el gasto público para estabilizar la macroeconomía.

Aliviar la carga sobre las espaldas de los más infelices.

El economista Juan Carlos Protasi, señaló: “Para salir de esta crisis tienen que hacer reformas, pero para eso, primero tiene que bajar rápidamente la inflación para ganar la confianza de la gente…”.

La gente no cree que va a aliviarse, si no siente el alivio en los precios.

Sabe que mienten los que prometen una inflación tolerable para los más pobres.

Ordenar el gasto público, mandar fuera a quienes cobran y sobran, hacer eficaz y eficiente lo que recibe por las obligaciones esenciales del gobierno.

Exigir resultados medibles, cuantificables, sin contemplaciones.

Cuidar cada peso que gasta del bolsillo, sale de alguna persona.

Argentina no tiene moneda desde hace años.

Acostumbraron a su pueblo, como a Sísifo, a nunca llegar a la cima; a fin de mes.

Soportar que les robaran lo que era propio.

Acrecentar pobres en el mismo número de informales con un lastre en la calidad de vida.

Es la piedra que esforzadamente tendrán que sacarse los “administrados”.

En Uruguay soportamos la misma inquina artera: impuestos, deuda, inflación.

Cuesta convencer a la clase política de la urgencia de aplicar restricciones económicas.

Ordenar el gasto político que gasta a cuenta de la promesa que crecerá la economía, mientras dialécticamente lo impiden.

Nos acostumbramos a la piedra tributaria que carga impuestos a nuestras espaldas.

Ya no creemos en los políticos; nadie los respeta ni escucha.

Estamos seguros que vendrá un ajuste llamado “consolidación”, y que quedará fuera “la casta”.

La “consolidación” trata de que cierre el peso que cargan los políticos, pasándolo a la gente.

Castillo, Abdala, él Boca Andrade son ínfima minoría, y en democracia, sistema institucional que detestan, deberemos soportarlos.

Pero, todo el sistema político republicano es responsable del destino de todos sus compatriotas.

Fracasó estrepitosamente su ideología totalitaria.

Se hizo pequeñas piedras al caer el Muro de la vergüenza.

Pero siguen insistiendo en manejarlo todo desde el Estado.

Son los mismos que dejaron al país en liquidación en los 15 mejores años de los precios de nuestras exportaciones.

Los que trancaron los cambios del actual gobierno.

No pudieron aliviarnos la enorme piedra de Sísifo.

Una mayoría circunstancial quiere hacernos empujarla absurdamente.

En una semana los uruguayos tendremos un gobierno de distinto signo político.

El nuevo presidente electo por amplia mayoría en su coalición conservadora, utiliza a la dialéctica marxista como sistema de decisión.

Tesis, antítesis, síntesis.

Construyó electorado por criticar la tesis contraria, ofreciendo mejorarla para todos.

Cambió a centrista, no tocar lo bueno, y mejorar lo malo.

Nombró un ministro de economía liberal, cuya antítesis es el partido comunista.

Intentará una síntesis imposible entre crecer y empeorar.

Reducir al Estado, al gasto público, la burocracia, liberar recursos al sector privado, apostar a que crezca la economía en beneficio de todos, es la antítesis del comunismo.

Tendremos un Ejecutivo irresoluto, bicéfalo en su conducción; en estado de asamblea permanente entre la controversia y el antagonismo.

Un árbitro totalmente parcial en el enfrentamiento de unos contra otros.

Este sistema fracasa.

Impide tomar decisiones.,

Procrastina multiplicar recursos para atender necesidades urgentes.

Sin cambio, agrava los problemas.

Son expertos en excusas externas para el fracaso inevitable.

Pedir más tiempo y seguir haciendo lo mismo.

Una posición mujiquista, pseudo filosófica: esquivar cuando el resultado le dé una cachetada.

Lo político por encima de lo jurídico; el despilfarro por sobre la sustentabilidad productiva; plata tirada en velitas al socialismo.

El Estado inversor socializando sus pérdidas: PLUNA, ALAS-U, REGASIFICAFORA, ALUR, ANCAP, etc.

Quiere emular a Maduro, a Díaz Canel y a Ortega, pero se dice su antítesis respeto a la alternancia democrática.

En síntesis, reverencia a Lula pensando que le tirará un hueso que no tiene; se mira en el espejo de Boric, de Petro, de Evo Morales, fracasados todos.

Quienes los votaron ayer, hoy los detestan.

Vuelve “como te digo una cosa, te digo la otra”.

Personajes condenados por corrupción visitan la Chacra del Pepe.

Los emparenta al pobrismo que detestan, mientras tienen doble condena por corruptos.

Tesis: un director de orquesta económica liberal, tranquiliza emprendedores.

Antítesis, Orsi le enmienda la plana de la desindexación salarial antiinflacionaria.

Le entrega el ministerio de trabajo a la momia comunista trancada en la “Guerra Fría” de los 60, que pretenden asfixiarlo junto al sindicalismo.

Síntesis: La desindexación salarial “no pasará”.

Los salarios no valdrán por sí mismos, sino, por la artificiosa presión sindical, que esclaviza a los trabajadores a correr detrás de la depreciación de su poder adquisitivo.

Un dúo no dinámico a cargo del Poder Ejecutivo se mira en el espejo de Alberto Fernández, el títere de Kirchner.

Responsable de más del 200% de inflación, una piedra castigo de los pobres.

No será chicha ni limonada; dejará insatisfecho a todos por no quedar mal con nadie.

A pedir de boca de los autoritarios.

Carecer de liderazgos responsables es la recurrente tragedia de este tiempo.

Nos cuesta entrar al siglo XXI.

Previamente vamos a soportar el castigo de Sísifo.

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