AL SERVICIO DE LA “PATRIA FINANCIERA INTERNACIONAL”
Sectores retrógrados, aún en este siglo XXI, insisten en que el Estado puede dirigir la economía. Ignoran tozudamente las pruebas irrefutables de los experimentos que condujeron a sociedades destrozadas. Saben que la doctrina conduce a una tiranía. Prima la intención de ser ellos los tiranos.
Lenin, pronto se dio cuenta de que era imposible instaurar el comunismo total.
Inició modestas reformas orientadas a liberalizar el mercado para permitir el funcionamiento productivo en la agricultura agonizante. Evitar al menos el hambre que asolaba a millones; la amenaza de revueltas en contra de su dictadura.
Estas reformas fueron abolidas por Stalin en 1928. La campaña de colectivización de la agricultura fue el inicio de una era de terror cuyo objetivo era forzar la industrialización del país.
Tras la muerte de Stalin, la era de Jrushchov se caracterizó por introducir tímidas reformas que se acercaran a la economía de mercado con el fin de aliviar el nivel extremo de escasez, y tener un nivel mínimo soportable de vida.
Se esperaba que estas reformas crearan incentivos locales para que las empresas produjeran de forma más adecuada y satisficieran las necesidades de los soviéticos, que estaban absolutamente insatisfechas.
Brézhnev, al principio, permitió la continuación de las reformas en los estados satélites, sobre todo en Checoslovaquia y Hungría. Sin embargo, la “Primavera de Praga” de 1968 asustó al régimen. Se dieron cuenta de que incluso un mínimo de reformas creaba un espacio para el pensamiento libre y las aspiraciones alternativas.
Tras aplastar la Primavera de Praga, detuvo todas las reformas y devolvió la planificación estatal totalmente controlada.
Tras la muerte de Mao, China inició una reforma hacia la mercantilización. Las primeras reformas orientadas a liberar el mercado se aplicaron en la agricultura, siguiendo el modelo de la “Nueva Economía Popular” de Lenin, y las reformas húngaras.
Pronto, la apertura se extendió a la industria y el comercio, y permitió la inversión extranjera directa. Gracias a estas reformas, que liberaron la inversión, la producción y el comercio, comenzó el meteórico ascenso de China y el rápido aumento del nivel de vida de gran parte del pueblo chino.
Cuando Gorbachov llegó al poder, en 1985, la Unión Soviética era un monstruo anticuado, pobre y corroído, irremediablemente estancado bajo las garras de la oligarquía del partido y la burocracia estatal que se resistía a cualquier intento de reforma que amenazara su posición de élite. Gorbachov intentó copiar las reformas chinas, pero la oligarquía se opuso.
Tratando de romper la posición de poder de los autoritarios burócratas, Gorbachov destruyó el Estado soviético y aceleró el colapso del socialismo.
En la actualidad, vivimos un periodo similar al estancamiento de Brézhnev.
La crisis de 2008 provocó un giro político equivocado, basado en culpar a las reformas liberales. En realidad, la crisis de las hipotecas sobrevaluadas en Estados Unidos, fue consecuencia de las políticas populistas en materia de vivienda iniciadas y aplicadas por la Administración Bush.
El giro político equivocado condujo al abandono gradual de las reformas orientadas a desregular y liberalizar el comercio, al retorno a una creciente regulación estatal y a una campaña de culpabilización contra los mercados.
Por esta razón, existe una presión cada vez más fuerte para volver a los “años dorados” de la reconstrucción de posguerra, dominados y guiados por el Estado, a expensas de la libertad de invertir, producir y multiplicar los recursos.
Estamos en una era de estancamiento conservador a lo Brézhnev. El nivel de vida es extremadamente alto, en comparación con el pasado. Hay un “Estado del bienestar” general que se preocupa por nosotros.
Sin embargo, el crecimiento económico se estanca, falta dinamismo y crecimiento que se compensa con un endeudamiento creciente, que está explotando a la vista de todos.
Es prácticamente seguro que no vamos a asistir a un colapso al estilo soviético.
La economía mixta cuasi socialista, en su forma actual, es mucho más competitiva y dinámica que la economía soviética, completamente estatal. Las burocracias estatales son poderosas, pero su poder es menor que en la Unión Soviética.
El verdadero peligro es el continuo encubrimiento de la falta de una economía dinámica y competitiva causada por el endeudamiento desorbitado. El espectro es el declive lento y gradual dirigido al colapso.
Necesitamos menos regulación, más libre mercado para una vida económica dinámica impulsada por la iniciativa empresarial. Acabar con el estancamiento, el desempleo crónico y la pobreza estructural.
Los que apuntan a la oligarquía a lo Brézhnev, siguen aplicando sus esqueletos conceptuales. Aun siendo absoluta minoría los perimidos comunistas movilizan a las masas superponiéndose a las decisiones del gobierno electo, para presionar a favor del endeudamiento y la repartija.
Exigen que los salarios impulsen el espiral inflacionario en directo perjuicio de los trabajadores. Asumen protagonismo en los organismos públicos para frenar cualquier reorganización burocrática. Se desgañitan vociferando que los empresarios son la causa de la pobreza, exterminando las fuentes de empleo. Dirigen al Estado a rogar a los prestamistas; y luego exigen que no les pague, y sigan prestándole, que en definitiva no les molesta.
El gobierno tendrá que luchar contra los intereses creados de una runfla de pillos que simulan defender los “intereses populares”, mientras viven lujosamente sin trabajar, a costa de explotarlos.
Todos asociados a la mentada e hipócritamente denostada “patria financiera internacional”.