USURPADORES DEL PODER
"El idioma analítico de John Wilkins” es un ensayo de Borges originalmente publicado en Otras inquisiciones. Nos propone un breve análisis de la obra más conocida de John Wilkins “Un ensayo sobre un carácter real y un lenguaje filosófico”.
En su trabajo, Wilkins, propone un nuevo lenguaje universal, destinado a facilitar la comunicación internacional entre académicos, pensado también para diplomáticos, comerciantes y viajeros, descomponiendo las “cosas y nociones” en divisiones y subdivisiones cada vez más pequeñas.
Wilkins clasificó el universo en cuarenta categorías divisibles en especies, asignando a cada género un monosílabo de dos letras, a cada diferencia una consonante y a cada especie una vocal.
Fue un esfuerzo por crear un lenguaje único, semejante al del esperanto.
Para Borges toda clasificación del universo es arbitraria porque simplemente no sabemos qué es el universo.
Para ejemplificar su tesis, citó una taxonomía, supuestamente tomada de la enciclopedia china “Emporio celestial de conocimientos benévolos”, que divide a los animales en catorce categorías: (a) pertenecientes al Emperador, (b) embalsamados, (c) amaestrados, (d) lechones, (e) sirenas, (f) fabulosos, (g) perros sueltos, (h) incluidos en esta clasificación, (i) que se agitan como locos, (j) innumerables, (k) dibujados con un pincel finísimo de pelo de camello, (l) etcétera, (m) que acaban de romper el jarrón, (n) que de lejos parecen moscas.
La taxonomía de Borges sugería un orden alternativo de la realidad.
La taxonomía de líderes, que los clasificaba en “de izquierda”, “derecha” o “populistas”, debía ser sustituida por otra, inspirada en otra antigua enciclopedia, algo como a) que fríen papas en McDonald’s, b) que van a votar a caballo, c) que dejan sus ideales por la campaña, d) que pierden los debates, e) divertidos, f) estatuas, g) que lloran, h) escogidos por Dios, i) ayatolas, j) terraplanistas, k) que hablan con pajaritos, l) procesados en libertad, m) que han fundido a sus países varias veces, n) que carecen de capacidad intelectual, ética, moral y prohíjan abusos.
Para transmitir su mensaje los líderes necesitan que les hagan caso. Deben producir imágenes que lleguen al corazón de la gente. No deben aburrir a los ya politizados. Interesar a los indecisos, comunicando cosas que les gustan, que por lo general, no son del gusto de los políticos, porque refieren a ajustarlos.
Algunos se convencen de que deben usar las redes para la campaña y contratan a algún joven para que se encargue de ellas y transmite ideas diversas al candidato. Usan las plataformas para presentar propuestas, sin saber que ese es un pasatiempo perfectamente inútil.
Los cibernautas no ingresan a la red para que les hablen del Estado o de política. Si llegan a entrar a sitios de los candidatos, todos ofrecen lo mismo: luchar por la seguridad, combatir la corrupción, o cualquier otro tema tomado del manual del constructor de imagen.
Gran parte de la comunicación que producen los gobiernos y las campañas tradicionales, son basura que flota sin sentido en el ciberespacio vista sólo por sus militantes incondicionales.
Algunos sugieren al dirigente que filme escenas extravagantes en las campañas, candidatos bailando, disfrazándose, haciendo idioteces, pero eso no los convierte en líderes populares, sino en pintorescos estúpidos.
No se trata solo de la edad de los personajes, sino del contenido y sobre todo de la forma que los hacen comunicar, y la de quien tiene enfrente.
Joe Biden ganó la elección anterior en EEUU rodeado de una imagen de abuelo bueno, modernizado a prepo por un entorno sensible y generoso de socialistas, que contrastaba con la imagen dura y conservadora de Trump.
Pero, no gobernó. Detrás de escena lo hacía una barra brava que manejaron al candidato como un títere, abusando de su debilidad.
Era un secreto a voces: Joe no gobernaba, no tenía conocimiento de lo que firmaba. Fue una marioneta de una maquinaria cruel, que lo hizo firmar preventivamente su impunidad y la de su familia, el día antes de dejar el gobierno.
El Presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson, dio cuenta desde enero del año pasado realizó reiterados pedidos de audiencia al Presidente Biden por temas de Seguridad Nacional, todos negados. Joe Biden no estaba a cargo. Las personas cercanas no lo dejaban reunirse con la excusa de que no tenía tiempo. Extendieron por ocho o nueve semanas una reunión del tercero al mando del gobierno. Tuvo que recurrir a la prensa para presionar al entorno presidencial para conseguir acceder a Biden.
Cuando lo logró el presidente estaba rodeado por un entorno tóxico: Kamala Harris, Chuck Schumer, Hakeem, el director de la CIA que se disponía a participar de la reunión. Tuvo que pedir privacidad y que se retiraran de la reunión.
Biden NO SABIA que había firmado una orden ejecutiva impidiendo vender gas natural licuado a Europa, que obligaba a comprarlo a Rusia con la que estaba en guerra defendiendo a Ucrania, lo que además perjudicaba a los Estados americanos exportadores del producto.
El presidente de la Cámara Representantes salió alarmado porque no podía determinar quién estaba gobernando a los EEUU en lugar del Presidente.
Si eso sucedió en EEUU queda seriamente en entredicho la democracia republicana como forma de gobierno.
Usurpadores del poder político distorsionan gravemente la responsabilidad democrática y republicanamente, sirviéndose del poder para cumplir fines delictivos en contra de su sociedad.
Alteran con impudicia la seguridad y estabilidad del mundo libre y sus valores esenciales.