TIPOLOGÍA DEL MARXISTA POSMODERNO

El estudio y clasificación de tipos marxistas en el siglo XXI propone estas categorías: marxistas ingenuos, marxistas intencionales ocultos, marxistas por conveniencia, marxistas aspiracionales y marxistas militantes.

Los marxistas ingenuos ignoran que lo son; creen que no son marxistas, pero defienden desesperadamente la ideología marxista cuando enfrentan el análisis de la realidad.

Los marxistas intencionales ocultos son aquellos que exteriormente reniegan de las posturas marxistas violentas, critican a los marxistas cuando sus posturas claudican ante la persona, pero, en cada discusión, exhiben su posición pro marxista.

Los marxistas por conveniencia son aquellos que nunca profesaron posturas marxistas, estando en las antípodas, como productores opuestos al robo, pero, ante la adversidad, se convierten en devotos del marxismo para solucionar su situación.

Los marxistas aspiracionales son aquellos que, estando fuera del núcleo, aspiran desesperadamente a integrar explícitamente sus huestes y sacar beneficio.

Los marxistas militantes son los formados en el marxismo, lo exponen siempre; transitoriamente parecen moderados, pero nunca renuncian a aplicarlo sistémicamente, ocultando los fracasos; viven de ello.

La diferencia con el liberal es que son vagos. Otros pensaron la teoría, definieron el objetivo y la militancia, y ya está. Nada de analizar horrores. Nada de estudiar la realidad con independencia mental. Son de manual.

Han borrado conceptos éticos y morales básicos, mínimos. “No robarás”, “amarás al prójimo”. "El fin justifica los medios". Están dispuestos al daño colateral humano, a realizar cualquier cosa para cumplir el objetivo: alcanzar o retener el poder. Son fundamentalistas.

Enfrentados a la realidad, peor para ella.

En Uruguay, esta tipología hace siempre lo mismo. Un estatismo abusador del gasto aplica impuestos para arreglar el desastre económico y social. Reducir “inequidades” es una discriminación inversa contra el emprendedor. Y conseguimos siempre el mismo resultado: robar al que produce los recursos, estancar la pobreza y la indigencia.

El marxista impide cambiar de esquema político: hay pobres, hay que atenderlos; lo opuesto quita votos en competencia con el marxista.

Aumentar impuestos consigue aumentar la depresión productiva de recursos y la pobreza.

El sistema se retroalimenta: intenta satisfacer necesidades urgentes, como la pobreza infantil (en realidad, pobreza de sus progenitores), aplicando el robo y la abrumadora carga fiscal, lo que siempre resulta insuficiente para resolver la pobreza. La nueva receta marxista para resolverlo: crear impuestos, cambiarles el nombre, para igualar más gente en la pobreza.

Están tan acostumbrados a robar lo ajeno, siguiendo un esquema de manual socialista, que esconden su inmoralidad. Pero es un búmeran: regresa para dar un golpe mayor a los pobres.

Nos mienten diciendo que el Estado arreglará la desigualdad. Aumentamos el Estado infamemente desproporcionado, inútil, abúlico, causa de todas las pobrezas, aumentando el robo, lo que hace caer a más personas en la pobreza. La obesidad mórbida se traga los nuevos recursos y necesita más.

Quitarle al que produce, trabaja y genera los recursos para darle una migaja a los pobres los esclaviza. Nunca alcanza. La solución histórica: una buena formación educativa.

Haciendo lo mismo, obtenemos un peor resultado: pobreza acumulada sin solución de continuidad, más infantilizada. Más robo achica la producción de recursos, aumenta la informalidad, los desocupados y… los pobres.

Un círculo perverso en cuyo epicentro está el gasto público inútil, improductivo, corrupto y abusivo, que se come la parte del león, aunque no haya para atender las necesidades de los marginados. Pero sigue clamando por más recursos a los nabos de siempre. Y vuelta a empezar: los coreutas marxistas gritan “hay que atender a los pobres”, mientras ellos cobran más sueldos públicos.

Dos realidades que no puede reconocer un marxista: el gasto público tiene que ser sustentable en relación con la producción. Procrastinar la eliminación de organismos inútiles, multiplicados innecesariamente, cajas políticas, aumenta la pobreza.

El Estado mórbido castiga el crecimiento económico. El sistema político marxistizado promueve y tolera nuevas cargas tributarias, misiles a la inversión, producción y trabajo, como mensaje electoral.

Como dice el economista Isaac Alfie, el sistema tributario se debe analizar como un todo. Cuando uno lo mira parcialmente, genera distorsiones adicionales que recaen finalmente sobre la sociedad.

Su función racional última es recaudar de la manera más neutra posible para afectar lo menos posible el crecimiento económico.

El instrumento para mejorar la distribución del ingreso, igualar las oportunidades de ascenso social y corregir circunstancias que la sociedad genera es la formación educativa de calidad.

El exceso de carga tributaria tiene otro efecto perverso: incentiva la informalidad y la subdeclaración para zafar de una presión que hace inviable trabajar y producir. En el informalismo es imposible mejorar la productividad; y sin eso, no mejora la producción, ni el ingreso, ni el desarrollo económico, y menos los ingresos a largo plazo de la gente.

Los ingresos per cápita del decil noveno en Uruguay, que es el 80 o 90% de la población económicamente activa, equivalen a poco más de $40.000. Tanta plata para pagar impuestos y sobrevivir no pueden tener.

Si hubiera crecimiento del salario, mejora del empleo y la productividad, la carga tributaria sería más soportable marginalmente, teniendo en cuenta todas las diversas cargas impositivas.

Para que la gente más postergada económicamente pueda pagar impuestos, tiene que tener trabajo y un buen sistema educativo actualizado. Y eso se logra con inversión, producción y consumo.

La solución de la tipología marxista de robar con mano política e impunidad del Estado al que produce en buena ley para beneficio colectivo hace imposible el cumplimiento de fines esenciales. Aquellos polvos traen estos lodos, y en el barro nos vamos a encontrar todos.

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