MONO CON METRALLETA

Como dice el tango: “la historia vuelve a repetirse... el mismo, el mismo loco afán.” Mientras hacemos una remake de la misma noria el mundo empecinado no se detiene a esperarnos. Yira, yira, hacia la revolución cuántica.


El próximo presidente hizo en campaña un diagnóstico de situación fatalista, pese a lo cual prometió no aumentar impuestos. Un giro al pasado “venturoso” que dejamos atrás. La coalición frentista copió el viejo programa de gobierno “progresista”. Su eventual ministro de economía hizo su diagnóstico de crecimiento con reparto generoso, sin tener referencia alguna del estado de las cuentas públicas, PÚBLICAS. Anticipó después que aumentaría impuestos y pagaría el costo político por mentir.


La coalición de ex terroristas contra el statu quo, y los comunistas telúricos se distribuyeron los cargos cumpliendo “escrupulosamente” la cuota electoral. Se aseguraron los votos en el parlamento, pagando el alto costo de la ignorancia y el devaneo. Nada impedirá, como otrora, cualquier desaguisado vicepresidencial, ministerial, o subalterno que venga del Ejecutivo.


Los “progresistas” no evalúan la realidad ni los avances técnicos del mundo.


Se preocupan por investigar distintos tipos de déficits fiscales y parafiscales, diagnosticándolos graves y ocultos. No para corregirlos. Para justificar que tamaña restricción fiscal les obligará a aumentar más su intención tributaria original. Le dicen, acrecer el espacio fiscal para la redistribución de lo ajeno.


Monos con metralleta en cumplimiento del manual socialista del siglo pasado avanzan despiadadamente sobre la propiedad privada, aunque quede poco y paralice a quienes aún producen recursos y pagan impuestos.


Desconocen los fracasos que le precede a la misma receta.


Todos los países comunistas, excepto Cuba, adoptaron en este siglo el capitalismo, la propiedad privada, y el comercio, bajando el peso del Estado. La revolución marxista despareció en las últimas décadas del siglo XX.


Pretender, en el segundo cuarto del XXI, que un conjunto de marxistas de diverso grado comande con las mismas reglas periclitadas un país, es tan absurdo como que Diosdado Cabello dirija Silicon Valley.


Que el partido que va a gobernar Uruguay explicite que Maduro tiene que estar en el poder porque allí está, es aceptar que con la fuerza bruta, esta democracia “diferente”, puede someter por siempre a lo que queda de su pueblo. Oculta las actas electorales y chau.


El socialismo del siglo XXI es una fantasía tropical retrógrada que nada tiene que ver con la revolución de estos días. Sus líderes están fuera del circuito de la realidad económica y social. Alejan inversores, aplastan la actividad productiva y prohíjan todo lo ilegal, especialmente el narco. Les importa un pito que Maduro deje más de ocho millones de venezolanos fuera de su país. Como en Cuba, los residentes viven del sacrificio de los expatriados en el exterior.


Los presupuestos públicos son bastardeados para crear cargos políticos y darles poder de destrucción económica y social.


Son degenerados fiscales que abusando del cargo, se abstraen del saldo fiscal en rojo, como dejan por donde administran. Mienten que el país va a crecer agotando al que produce. Obligan a la informalidad y al desempleo; luego aumentan impuestos para asistirlos.


Reconocer su fracaso implica repudiar su ideología de izquierda; sus promesas electorales de regalar el esfuerzo de los otros.


Se incorporan a la política para hacer demagogia y cambiar el sistema, por uno que ocultan por precaución, pero admiran de los dictadores.


En los quince años anteriores, una reforma fiscal absurda se tragó al sector medio, con el verso: ”que pague más el que tiene más”. Hoy tampoco importa si el que tiene más se lo gana trabajando con esfuerzo, si le quitaron la capacidad de ahorro al trabajador y al jubilado, o si los informales y pobres se estancan o crecen.


Liquidaron el sistema previsional destruyéndolo con asistencialismo sin aportes; exterminando la voluntad de trabajar. Para tapar el mayor déficit público que ahoga al Estado, inventaron un impuesto inconstitucional a los pasivos. Siguen insistiendo en que el sistema resiste su reparto de derechos.


Un falso economista creó un sistema “integrado” de salud. Otro mono con metralleta que en lugar de ordenar el desbarajuste presupuestal público y privado y el despilfarro en medicamentos, conjuntó sus pérdidas, la tapó bajo la alfombra con otro impuesto al mérito, costo administrativo innecesario, que hizo pasar por las manos porosas del político el dinero prohijando nuevos eventos de corrupción.


Esta nueva “administración” no revisará tales abusos, son sus hijos putativos. No pondrá orden en el gasto público obeso, ineficaz, ineficiente, y corrupto que nos obliga a soportar. Simplemente, adicionará más gastos sin financiamiento genuino, que mentirá cubrir con un crecimiento productivo que ellos mismos impiden. Más impuestos para atender promesas electorales los obligará a despistar en la curva de Laffer.


Nuestro mono con metralleta, vuelve a apuntar a los nabos de siempre. Otro impuesto para “ricos” que ellos extinguieron o exportaron. La creatividad fiscal berreta. Regresa el expolio al trabajador, al emprendedor, al pasivo, al sector medio de nuestra castigada sociedad.


El impuesto al valor agregado personalizado es un dislate absoluto que analizaremos en detalle en el próximo artículo.

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