LAS VERDADES OCULTAS - Parte 1

Encontrar las verdades ocultas provoca el conocimiento humano en todos los campos. Practicar la libertad de pensamiento las hace siempre provisorias sujetas a refutación.

Nullius in verba, significa que no hay palabras finales. Todo está sujeto a revisión. Nuestra ignorancia es ilimitada, necesitamos críticas y autocríticas con la esperanza de develar algo, captar algo nuevo, crear conocimiento.

Ubi dubium ibi libertas, donde hay duda hay libertad. Si estuviéramos rodeados de certezas, no habría necesidad de acciones libres, aquellas que sopesan alternativas y opciones. Un dogma implica que ya está escrito definitivamente cuál es el camino a seguir, no admite discusión. De allí, la necesidad de separar lo dogmático de lo político, científico y filosófico.

El poder en manos de quienes creen tener certeza absoluta conduce indefectiblemente al sometimiento indiscutible.

El debate abierto de ideas es absolutamente indispensable para progresar. La crítica, las reflexiones, contribuyen a aclarar, agregar o rectificar las ideas expuestas sobre lo desconocido.

Los sabelotodo que se dedican a insultar y agraviar sin nunca agregar un argumento concreto diferencial, no exponen ideas propias. Su incapacidad de pensar la sustituyen con la adoración al pensamiento preformateado. Agreden para no cambiar su estructurado esquema mental.

Señaló Mario Vargas Llosa: “Son sujetos de superficie sin mayor trastienda”. Desperdician una gran oportunidad de formular críticas y consideraciones creativas, colaborar en avanzar, hacer proficua la discusión, multiplicar el conocimiento, que humanamente es una tarea en colaboración.

Jorge Luis Borges en “El arte de injuriar” relata: había dos fulanos discutiendo, hasta que en un momento dado uno de los contertulios le arrojó un vaso de vino en el rostro al otro, a lo que este otro respondió: “Eso fue una digresión, espero su argumento”.

La mentalidad abierta es una de las mayores virtudes para descubrir verdades ocultas contra los cerrojos mentales. Vale para decidir la investigación científica, una discusión deportiva, o una alternativa de gobierno.

En “La traición de los intelectuales”, Julien Benda, refleja este aporte invaluable a la intelectualidad. Su misión de buscar las verdades ocultas, traicionada por compromisos subalternos, generalmente cuestiones de poder. La tarea del intelectual es la crítica y la autocrítica; detectar errores, ambigüedades, dogmatismos, corregirlos, y explorar alternativas mejores.

Despejar las verdades ocultas con el conocimiento exige una cadena infinita de críticas y críticas de las críticas. El alarido y el insulto retrasan esta cadena mágica en la aventura del pensamiento, para retrotraerla al estancamiento del saber e impedir descubrir algo mejor.

Repetir sin mayor análisis conceptos deficientes y conclusiones desacertadas es impedirnos a todos mejorar. No hay nada más peligroso que un monótono mental con poder.

El pensamiento debe ser necesariamente crítico, propositivo, sortear obstáculos, evitar trampas ocultas por falta del adecuado discernimiento y de revisar premisas supuestamente pétreas.

La falacia ad hominem, insulto a la persona para evitar las ideas diferentes, es el homenaje al incapaz de admitir sus errores. Alude a las condiciones exteriores del interlocutor, al encontrarse el contradictor, impedido intelectualmente de formular una argumentación fundada, razonable.

La vida pública requiere filosofar, amar el conocimiento, producirlo. El debate exige tiempo de meditación, respeto recíproco entre contertulios. Es esencial, no sólo para la convivencia, sino para develar verdades ocultas y revisarlas en un próximo encuentro.

Sócrates decía: “la virtud es el conocimiento”; estimulando el descubrimiento de verdades virtuosas, a través del método de los interrogantes. Karl Popper también subraya la trascendencia del intercambio entre teorías rivales para sacar provecho de construir conocimiento colectivo.

El clima de intercambio de ideas siempre demanda cordialidad; se destroza cuando alguien grotesco en sus dichos carece de fundada argumentación.

Las verdades ocultas en la investigación científica, están siempre en suspenso; nada es definitivo. El avance del conocimiento lo produce quien libremente las confirma, refuta, o mejora. Así ha sido en física cuántica desde Einstein a Steven Hawking, pasando por Michio Kaku.

Una de las virtudes que han hecho exponencial el crecimiento del conocimiento humano desde mediados del siglo pasado ha sido compartirlo universalmente por medio telemático. Lo que antes requería contar con una enciclopedia ahora está en el celular. Hemos avanzado veinte siglos en un año, y el futuro nos alcanza a todos cada día descubriendo verdades ocultas a anteriores limitaciones individuales, producto de mentes superiores.

Nuestro país ha disfrutado la excelencia de la discusión periodística y filosófica libres, en lo político, en lo económico y en lo social. Permitía al lector formarse a sí mismo en la universidad del contradictorio.

La aplicación disciplinada de la controversia, reconocer que los humanos carecemos de una verdad absoluta inmutable, hace más sencillo todo tipo de auditoría, medir, corregir no conformidades, mejorar.

El estancamiento mental está al servicio de líderes que hablan con pájaros, adoran amatistas, mezclan ideas políticas con religiones y supersticiones animistas. Discursos que habrían indignado a Marx, sobre cuyo pensamiento caduco y superado por la realidad, pretender regresar dos siglos. A él recurren por comodidad mental para oprimir y corromper.

Ocultismo tirano que construyó la abulia de pensar, controvertir y someterse, sin rebeldía, a su autopercibida omisapiencia.

Así se va perdiendo, entre otras cosas esenciales, la innata condición diferencial humana: la libertad de pensamiento.

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