LAS VERDADES OCULTAS - Parte 2
La Ciencia Política deja expuesta una verdad oculta por más de un siglo. Llevamos más de un siglo hablando de izquierda, derecha, y centro. Estos criterios hace rato que están perimidos, no convencen, se agotaron.
Se insiste intencionadamente en aplicar categorías extintas, dividir para reinar, confrontar artificialmente para alternarse en el negocio de vivir de otros. Es necesario precisar qué fueron, y porqué han perdido vigencia.
Adelantemos que en realidad el pragmatismo impone una terminología más precisa: liberal o estatista, para diferenciar a estas antiguas segmentaciones políticas, que se posicionaban como opuestos de aparatos de poder clásicos en los albores de la democracia republicana.
La izquierda renunció a su misión original de restringir el poder, para convertirse en amanuense del mismo. Se convirtió en slogan para aprovechar la ingenuidad de los más postergados de la sociedad.
En la Revolución Francesa se ubicaron a la izquierda del Rey en la Asamblea, los que originalmente propugnaban limitaciones al poder y combatían privilegios. Luego se mezclaron con los jacobinos y se convirtieron en aliados del poder ilimitado. Y hasta hoy conforman tiranías o las apañan. Un giro de 360 grados partiendo de la monarquía absoluta, produjo el aparato estatal inmiscuyéndose en todos los vericuetos de la vida y recursos privados.
La derecha de aquel tiempo, paradójicamente asumió el mismo concepto totalitario, regresar al estatismo aristocrático.
Tiene su reproducción moderna en la misma izquierda socialista de la que resultó el nacional-socialismo. Tuvo una contracara también totalitaria del marxismo-leninismo, el fascismo, una versión nacionalista opuesta a la concentración soviética del mundo; igualmente corporativista de Estado.
La derecha, fue la expresión conservadora, pero en el peor sentido de la palabra. Lejos de preservar la vida, la libertad y la propiedad como valores construidos con sangre, sudor y lágrimas contra el nazismo, proponía anclarse irremediablemente al statu quo anterior con una violencia opuesta, también desde el poder etático. Inamovibles, imposibilitan el progreso, incapaces de mirar lo nuevo e innovador con valores adecuados al momento. Una reacción totalitaria, paradójicamente, para defenderse del otro totalitarismo.
La palabra populismo se usa de dos formas: para engañar con el falso progresismo, dándole una pátina popular. En realidad, fue usada siempre en contra de los intereses populares para alcanzar el poder, o, para esconder la dimensión desbordada del aparato estatal que controle todo.
El progresismo fue su otro engaño recalcitrante. Nada de progresar; estancar con gasto público descontrolado.
Estatismo y liberalismo abarcan aspectos filosóficos, políticos, jurídicos, económicos e institucionales. Uno, concentrando en quienes asientan en el Estado absolutamente todo. Desmintiendo las naturales incapacidades y defectos del ser humano cuando ocupa un escritorio y le pagamos todos.
Otro, reduciendo al Estado al mínimo imprescindible. Confiando al individuo la responsabilidad de hacer una sociedad próspera. Multiplicar recursos ofreciendo a los consumidores opciones variadas, mejores y de más calidad. La única forma de acción social que se ha demostrado incomparable, para llegar a parámetros de excelencia en calidad de vida colectiva y reducción de la pobreza.
Los estatistas probaron con su vicio acaparador que la intervención planificada del Estado lo único que produce es abuso de poder y corrupción de Estado. Que empeora en su versión totalitaria.
La llamada nueva izquierda, es la vieja, en formato social-democracia, socialismo moderno, y socialismo siglo XXI. Repiten con obscenidad que agotan la riqueza de las naciones. Nada nuevo bajo el sol. Ocultar los horrorosos resultados económico-sociales, retroceso del crecimiento económico, impedir educar, evitar que lleguen las mejoras tecnológicas a millones de personas. Los condenan a seguir adorando dioses con pies de barro endilgando a otros la culpa de su indigencia moral.
No mejora el sistema sustituyendo a unos estatistas por otros. El falluto manual estatista, sin excepciones, es un fracaso económico y social, que ha costado más de 150 millones de vidas inocentes.
El estatismo está impedido de reconocer las causas internas de su colapso. La utopía que plantea es un fin en sí mismo, superior a las personas que expolia; y por tozudez, aplica el monopolio de la fuerza recortando libertades.
En diversos actos avanza para avasallar la decisión del soberano. Lo político por encima de la ley, modifica disposiciones constitucionales para avanzar contra los mandantes. No asume ningún fracaso como propio del estatismo exacerbado.
Desde la perspectiva liberal no hay “derechos sociales”, se trata simplemente de facilitar la vida creando opciones de hacer, servir en mejor forma con lo propio, ganado en buena ley, con esfuerzo. Oponerse a cualquier modo de ser confiscado. Defender a ultranza el fruto del trabajo ajeno, y su proyecto de vida honesto.
Anthony de Jasay recuerda que “no estamos en la búsqueda de un sistema perfecto” ya que tamaña meta no resulta posible para los mortales.
Y eso es lo contrario de lo que ocurre con todas las utopías estatistas desbordadas, que tantas masacres y sufrimientos han provocado al ser humano, usando el imperio de la fuerza que se delega, con pretensión de torcer la naturaleza. Crear ese engendro del “hombre nuevo”; el mismo, deconstruido a martillazos para ser robot en un mundo tétrico.
Llegó la hora de reconocer que ese estatismo está en crisis terminal.