ESTATISMO EN CRISIS TERMINAL - Parte 2
Los que promovieron desde el gobierno la extranjerización de las empresas tardíamente reflotaron su sensibilidad por el estado de descomposición de los proletarios (seres humanos que lo único que tienen es su prole) del sudeste asiático, incluida India, y algunos sectores explotados de África desde épocas imperiales por los europeos. Todos inmersos en plantas de producción salvajes, barcos industriales sin control, sometidos a compuestos tóxicos, mientras se incorporaban trabas no arancelarias para controlar simbólicamente a una competencia subsidiada por factores absolutamente obscenos.
Las mediciones, tales como el Gini ratio, que marcan la dispersión del ingreso como fundamento para la incursión estatal en el acortamiento de distancias entre patrimonios y rentas, no toman en cuenta que lo relevante es que todos mejoren, no que desde la casta del Estado igualen en la pobreza al resto.
Las diferencias de ingreso son el resultado de la elección diaria de la gente en el mercado. Torcer esas asignaciones voluntarias del consumidor retrasa la posibilidad de mejorar mediante el trabajo, especialmente a los más necesitados.
Siguiendo el dictum de Kant: “El sabio puede cambiar de opinión; el necio, nunca.” Aunque los necios, si dejaran de serlo, podrían colaborar atentos a la razón, con la reversión de este dogmatismo de origen intelectual.
Hoy, la catástrofe estatista ha quedado patente por la falta de adecuación a este mundo tecnológico, que ya es otro, mucho más catastrófico por la resistencia al cambio. El contexto de parálisis del crecimiento ha puesto en evidencia que el Estado, tal y como ha venido funcionando, chocó y quedó para restos. Pretender regular aplicaciones virtuales o aplicar impuestos globales para sostener el financiamiento del sistema político se ha demostrado, además de inmoral, inconveniente. Colisiona con una realidad en permanente cambio, que crea oportunidades de libertad laboral y comercial absolutamente impredecibles.
El año próximo habrá elecciones en Argentina, y el orden macroeconómico que impulsó el gobierno de Milei hace propicio que gane. Ha revolcado los conceptos del “Estado presente”, inmiscuyéndose y asediando la vida de cada ciudadano para apropiarse hasta del mendrugo del asistencialismo, botín de piratas públicos.
En Chile, seguramente pierda el comunismo, que avanzó enancado en la falta de facilidades para reformar a personas estancadas en el sector servicios y en subsidios inútiles a los jóvenes que quieren progresar. Las alternativas no están nada claras.
Colombia renovará el año siguiente. Nunca pudo recuperarse de tener un gobierno formado por el terrorismo, que nada hizo por cambiar la producción estrella, además del café.
Brasil, a fines del 2026, llegará con un Estado agotado política y económicamente. Repitió el plato del populismo, el enanismo de crecimiento y el alto endeudamiento. Su futuro incierto depende de coaliciones que siempre impiden definir un rumbo claro. Es la mayor economía del continente, considerada exageradamente. Su fracaso podría arrastrar a una hecatombe social a otros.
Uruguay tiene por delante cinco años muy difíciles. Un ensayo de ministro de economía liberal de izquierda enfrenta al monstruo burocrático socialista. Pretende, ingenuamente, un oxímoron: distribuir lo que no hay y, además, generar crecimiento. Todo eso, mientras otros ministros ensayan progresismo salvaje de cargos, sueldos y repartijas.
Todo parte de la herencia de un gobierno que apenas esbozó ordenar con un exitoso fracaso.
En salud, se enfrentarán desafíos tras el fracaso de su sistema “integrado”, que dejó intactas las crisis de la asistencia privada, expuestas en su peor versión en estos dos últimos años. La seguridad social colapsó porque el gobierno progre incorporó beneficiarios sin aportes. “Derechos” sin justificar los “ingresos”. Las cajas paraestatales, saqueadas en tiempos del Estado “te regala”, están al borde del quebranto. Sin margen de crédito internacional, usado para reponer infraestructura, y con sindicatos públicos regodeándose por la soñada incorporación de personal innecesario.
Europa atraviesa una agonía gerencial, económica y social, con una inmigración descontrolada que supera largamente su índice estancado de natalidad. Sin alternativa concreta de paz entre Ucrania y Rusia, sus políticas energéticas “verdes” la secaron. Tendrá que revertir su posición respecto a los proveedores de recursos energéticos y, además, pagar de su bolsillo la seguridad regional. Su industria ha sido adquirida por China. El subsidio agotó los recursos privados, pero insisten en sostener granjas bucólicas, absolutamente improductivas.
Canadá, corrompido y agotado, sin parlamento ni gobierno, enfrenta una realidad calamitosa.
En México ganó el engaño. Nadie será feliz en un país exhausto, cuya exportación tradicional son los mexicanos. Una máquina de empeorar aceitada por el estatismo.
Volver al futuro en el gobierno de EE. UU. augura una reflexión sobre la inconsistencia del exabrupto del gasto público. Paradójicamente, mira a Argentina como modelo alternativo. Le aguarda un revulsivo en el ordenamiento burocrático a cargo de un intelectual de la tecnología interplanetaria.
La mediocridad, la envidia y los incapaces acostumbrados a hacer política impiden que algo nuevo levante la cabeza.
No da para amargarse más. Quizás da para amargarse mucho.
Las generaciones jóvenes se van asomando a un mundo que multiplica oportunidades fuera del sistema público.
Políticos estatistas del mundo, uníos: tiempos aciagos están llegando.