ESTATISMO EN CRISIS TERMINAL - Parte 1
El sistema de gobierno estatista entró en crisis terminal a mediados del siglo pasado, y en este primer cuarto de siglo expone su peor cara. El reparto de cotos del Estado a fracciones de coaliciones gubernativas, incluso antagónicas, que intentan gobernar en medio de una anarquía en subsectores mínimos de espacio estatal fracasó en todas partes.
Se le suma un estatismo global promovido desde la burocracia diplomática internacional, que añadió una superestructura insoportable, gasto innecesario, cuyas directrices aplicaron el wokismo (populismo de izquierda) a una paralítica crisis de liderazgo.
Luego del esfuerzo para combatir el estatismo exacerbado del nazismo, que trajo los lodos del stalinismo, la reconstrucción de post guerra en el marco de una cooperación engañosa, generó en los partidos políticos una nube mental de desorden en sus prioridades. Les hizo creer que se puede gobernar partiendo una torta de recursos cada vez más pequeña, sumando más comensales políticos que engullen cada vez más recursos, y mantener contento al pueblo.
Los partidos políticos se transformaron en máquinas electorales. Su visión alcanzar a cualquier costo el poder del gobierno. Su misión zurcir tantos pedazos de creativos de “derechos sociales” como se pueda. Su objetivo, intentar gobernar repartiendo entre personas diversas, con propuestas contrarias, y aún antagónicas.
El resultado no puede ser otro que el estatismo en crisis terminal al que estamos asistiendo. Un desorden global, sin liderazgo, sin rumbo, sin otra solución que la del Titanic.
La crisis severa de nihilismo, negación de un fundamento objetivo en el conocimiento y en la moral, promovió nuevos líderes incapaces, insostenibles salvo para multiplicar corrupción de Estado. Absolutamente ajenos al tiempo de cambio radical del mundo que ya se vivía.
Un leviatán luchando contra David en condiciones desiguales y abusivas. La porción más pequeña y eficiente de la sociedad, el sector privado, obligado a multiplicar recursos y oportunidades, cargando a lomo a los multiplicados parásitos del Estado. El sector privado maniatado, obligado a proveer a políticos y burócratas, y algo ínfimo al resto de la sociedad de su esfuerzo. Soportando que quienes gobiernan lo dilapiden arbitraria, corrupta, y abusivamente.
Se enterraron verdades rampantes. Aspectos económicos cruciales: recursos siempre finitos no llegan a satisfacer necesidades esenciales, a las que se van agregando exacciones impiadosas de recursos por burócratas que crean nuevos “derechos” y regulaciones arbitrarias. Un egoísmo superlativo, sumando obscenamente la corrupción de Estado a todo el sistema republicano. El estupro en cada acción pública.
Los salarios e ingresos en términos reales, dependen exclusivamente de las tasas de inversión que, a su vez, son el resultado de marcos institucionales que aseguren derechos de propiedad. Si se establecen rangos superiores por decreto, el resultado inexorable es el desempleo y la informalidad.
La ilusión de que una casta local podía vivir de neo-esclavos inmigrantes, agregó otro factor distorsivo. Se sumó más gente a la torta de derechos públicos ampliados, que inicialmente no aportaba desde la absoluta informalidad. Emigrantes desesperados expulsados por tiranuelos, en muchos casos prohijados por otra casta.
La agenda 2030 remarcó obligaciones supra nacionales, rescatando del baúl de los objetos inútiles conceptos marxistas. Dividir para explotar.
La “injusticia” de haber recibido talentos, carácter y virtudes innatos, y adquiridos con esfuerzo, desiguales. Nadie dispone de la información del “stock” de los respectivos talentos, puesto que éstos solo se ponen de manifiesto a medida que se presentan las circunstancias. Si el superior gobierno las cercena, conjeturando la desigualdad injusta de los resultados meritorios, destruye talento aplicado.
Tal como está previsto por la naturaleza, el orden espontáneo de la división del trabajo por talentos y virtudes creativas, con la cooperación social.
La impuesta redistribución de talentos innatos imbricada a prepo desde la burocracia etática, lo logró. Obligó a que cada uno use de manera diferente esa “compensación”, mordiendo el resultado exitoso a favor de ellos. Produjo artificialmente la necesidad de compensar la compensación, y así sucesivamente, sin solución de continuidad.
El ataque al individualismo no toma en cuenta, ni le interesa, que se trata del respeto irrestricto a las autonomías individuales, y de la máxima apertura al comercio y a las relaciones con otras personas en el contexto de una visión cosmopolita e internacionalista cooperativa.
Precisamente, el intervencionismo estatal bloqueó todo eso al imponer aranceles, manipular tipos de cambio, aplicar retenciones, exenciones, y otras acciones distorsivas del comercio.
Tanta arbitrariedad desenfrenada en contra del comercio impuso a los empresarios aplicar su creatividad para zafar. Descubrieron zonas del planeta en las que el propio Estado ofrecía a precio vil mano de obra esclava, sin ninguno de los nuevos “derechos”, ni los costos de pseudo protecciones ambientales. Los estatistas occidentales, que “engalanaban” el pecho por haber creado sociedades “limpias”, aceptaron de buena gana vivir de ellos.
Los gobiernos de los países desarrollados cedieron el emprendedurismo competitivo, creando artificialmente restricciones. El propio Estado generó en el sudeste asiático sus propios competidores comerciales. Dumping inducido para sostener oligarquías que impelían a las empresas locales a trasnacionalizar el know how. Condiciones propicias al esclavismo que llevó el capitalismo a su concentración máxima.
La seguimos en la próxima entrega de “estatismo en crisis terminal”.