EL PROGRESISMO CONSERVADOR - Parte 1
Para los anglosajones, incluidos obviamente los americanos del norte, “liberal” equivale al progresismo de américa latina.
Son políticos que no tienen nada de liberales, y en cambio siguen las ideas socialistas de izquierda, que permiten conservar o crear privilegios, prebendas, que pagan justamente los sectores económicamente más débiles, porque no se generan oportunidades reales de crecimiento.
En los países latinoamericanos el progresismo es el sobrenombre que eligieron los políticos de izquierda, que incluye a comunistas, ex terroristas, socialistas marxistas, e independientes de izquierda, que no se reconocen directamente como marxistas, pero que aplican gustosos sus conceptos de aumentar impuestos para sus creativas mentes políticas de gastar lo ajeno.
O sea, son los resabios de aquellos que abrazaron las ideas de Castro, se formaron en sus centros de reclutamiento y militancia para difuminar la revolución cubana también por esta parte del continente americano.
Su intención de base es resistir al capitalismo como generador de ahorro e inversión productiva. Socavarlo mediante el estatismo todo lo posible, endeudarse con las satrapías especuladoras usureras, pagarles únicamente intereses siempre crecientes, siguiendo las indicaciones del llamado Foro de San Pablo, luego de Puebla, que retomó la organización internacional comunista dulcificada con el apelativo de “progresista”.
De progreso, nada. En realidad es absolutamente regresiva en lo que respecta a generar crecimiento económico, pero es absolutamente funcional a prohijar el statu quo para fomentar el gasto público, un desorden de la acción del Estado que derive lo desnaturalice, haciéndolo inoperante, anómico, inservible, accesible a la corrupción y el delito.
Útil como plataforma de infiltración ideológica para adoctrinar la ideología de repartir lo que no se permite crear. Funcional al engaño de los más infelices, mintiéndoles que son mucho más generosos al promover confiscarle a los que tienen para repartirles a ellos. Ese relato les permite acumular para quedarse con la parte del león.
Detraer recursos de la acción privada que crea realmente oportunidades de ascenso social; destruir la meritocracia, el esfuerzo creativo propositivo de las naturales diferencias del individuo que operan como multiplicador de trabajo genuino.
La competencia electoral en el marco democrático admite para los progresistas todo tipo de engaño para alcanzar el poder.
Si desnudaran su intención de cooptar al Estado como herramienta de sujeción de la economía, la educación, la seguridad, para ponerlas al servicio de una conjura internacional que pretende destruirlo no podrían conseguir votantes racionales.
Tienen que denostar a la sociedad tal y como occidente la ha ido modificando, a partir de prueba y error, desde los sistemas totalitarios, dictatoriales funcionales a sus objetivo, hasta hacerla participativa, democrática y republicana.
Practican un gatopardismo, dicen que son progresistas, cuando en realidad son conservadores del statu quo, que les permite competir dentro de un sistema electoral previsto para liberales y creativos de cambios propositivos. Esos que han permitido a los occidentales hacer crecer la economía, convertirla en una herramienta multiplicadora de recursos y bienestar, que ha mejorado la condición humana exponencialmente.
Entonces, ¿cómo es posible que ganen los “progresistas” contra aquellos que realmente demuestran orden en el gasto púbico, eficacia y eficiencia en el manejo del Estado, liberando recursos que se extraen innecesariamente a quienes mejor los aplican a la mejora de la condición económica y social de todos?
La respuesta: SU IDEOLOGÍA ES FUNCIONAL A LOS CONSERVADORES.
No parece muy racional, pero, hay muchos individuos y corporaciones conservadoras de privilegios, prebendas, corruptelas, incapaces de competir, serviles al poder para conseguir un sueldo público.
Un ejemplo clarísimo han sido las últimas elecciones en Uruguay.
El gobierno uruguayo, en particular su presidente, que dejará el poder el próximo 1 de marzo, se considera por el 59% de los uruguayos exitoso. Lo mismo ocurre con las evaluaciones de los organismos técnicos en el exterior.
Manejó con éxito cataclismos tales como la pandemia de covid, una sequía impresionante que dejó sin agua a la mayoría de la población y produjo una crisis productiva en el sector agropecuario, básico para la producción de recursos. Estas crisis en manos de los progresistas hubieran hecho colapsar la economía y multiplicado la pobreza a extremos insoportables, tal como aconteció en todos los países que aplicaron recetas autoritarias.
Su ministra de economía ha sido reconocida positivamente en el marco internacional por aplicar una norma de ordenamiento del gasto público que permitió atravesar estas crisis sin aumentar el endeudamiento crítico que heredó de los 15 años de progresismo.
El país tiene el salario más alto, y consecuentemente, la pasividad más alta de américa latina.
Crecen la inversión privada y el empleo aumentó 100 mil puestos de trabajo.
Los índices de inseguridad demuestran un manejo de la delincuencia también exitoso, salvo por los llamados “ajustes de cuenta” (asesinatos entre narcos en disputa por territorio).
¿Qué produjo que ganara un candidato sin antecedentes políticos, salvo un manejo que endeudó sobremanera el departamento que manejó como intendente, proveniente de un sector político conformado por ex tupamaros (terroristas que intentaron destruir el sistema político democrático)?
Se intentan varias explicaciones. La mía, que son progresistas conservadores y que no se quiere seguir cambiando al Estado.
En el próximo artículo desarrollaremos cómo representan a los más variopintos estratos de personajes y corporaciones que utilizan el slogan de izquierda para conservar privilegios, acceder a ellos, multiplicar prebendas, asegurarse que no cambien condiciones insostenibles que utilizan al Estado como forma espuria de exacción privada.
El abuso de la mano operadora del político y el burócrata para sostener sectores insustentables por la producción del país, que van a caer tarde o temprano, porque los sectores más pobres de la sociedad no los aguantan más.
Un acontecimiento que llegó al límite en Argentina, cuya casta no puede seguir expoliando, y servir de expolio para otra casta progre encubierta que lucha y vive a costa de no cambiar las injusticias.