EL ESTATISMO MUTANTE - Parte 3

El temor actual entre los inversores en Brasil es que “el país vaya en dirección a Turquía; que la situación se descontrole si el Gobierno no puede pedir más dinero prestado para financiar su déficit, y vaya hacia una emisión monetaria que dispare la inflación.

Retrata la situación actual la decisión del gobierno de adelantar cada seis meses recoger las monedas arrojadas por los turistas en las fuentes de los palacios de Brasilia, y de Alvorada, que irán al Tesoro.

La deuda pública superó los 9 billones de reales (1,49 billones de dólares) a finales de noviembre por primera vez en la historia. Según el Informe de Proyecciones Fiscales del Tesoro, se espera que crezca constantemente hasta 2027, alcanzando el 81,8% del PIB.

Las dificultades de proponer más Estado y contemplar fracciones políticas exponen nuevamente la corrupción del parlamento. A cambio del voto al ajuste el gobierno ofreció a cada diputado 5 millones de reales (826.228 dólares) para 2025 en fondos parlamentarios sin rendir cuentas.

Poco queda del paquete original de medidas para frenar el gasto público. Los recortes afectan principalmente a las prestaciones sociales, especialmente a las de menos de dos salarios mínimos.

La proyección inicial del ejecutivo era ahorrar 71.900 millones de reales (11.881 millones de dólares) se estima imposible. Los “supersueldos” de los funcionarios quedaron fuera de los recortes.
El ministro de Hacienda, Fernando Haddad, afirmó: “La derecha no quiere pagar los impuestos que debe y la izquierda no quiere frenar el gasto. ¿Cómo se cierran las cuentas?

La aprobación en el Congreso de la ley de directrices presupuestarias que orienta el Presupuesto 2025 también encendió las alarmas de los inversores. Los diputados rechazaron la posibilidad de recortar los fondos que reciben sin rendir cuenta, y autorizan gastos del Estado fuera del marco fiscal.
 También autorizan a las empresas estatales a no rendir cuentas de sus gastos en la ley de presupuestos, el llamado “arcabouço fiscal”.

Según O Estado de São Paulo: “Si el presidente, principal interesado, no cree que haya un problema fiscal, el Congreso no tiene motivos para preocuparse”. Lula abordó la crisis fiscal en estos términos: “Nadie tiene más responsabilidad fiscal que yo”, añadió que su Gobierno había hecho “lo posible” al enviar el paquete fiscal al Congreso.

Un editorial de Brazil Journal señala que “esta crisis es una decisión política. ¿Y si Lula sabe exactamente lo que hace y en realidad tiene en mente otro cálculo político? ¿Y si pretende doblar la apuesta -gastando todo lo que puede y lo que no- para asegurar su reelección y, como pensaba Dilma, ‘podremos arreglar las cosas en el segundo mandato’?” Varios analistas temen que, en caso de que Lula sea reelegido en 2026, se repita lo que vivió Argentina con Cristina Kirchner: el control de divisas.

El capital extranjero está abandonando Brasil; 32.400 millones de reales (5.349,27 millones de dólares) han salido del país en todo 2024. JP Morgan rebajó su calificación lo que aumenta el interés.

“No es el mercado el que tiene que preocuparse por los gastos del Gobierno, es el propio Gobierno”, dijo Lula en la entrevista televisiva. “Porque si no controlo mis gastos, si gasto más de lo que tengo, los pobres pagarán”.

Son los más pobres quienes se han llevado la peor parte de las decisiones adoptadas esta semana. La tan cacareada exención de impuestos para los que ganan menos de 5.000 reales (826 dólares), no fue incluida en la propuesta al Congreso. El actual aumento de precios lo sufre más la población de bajos ingresos. Los alimentos aumentaron un 8,41%, aunque Brasil es uno de los mayores productores de alimentos del mundo.

Titula O Antagonista:son los más pobres quienes pagarán los costes de esta crisis fiscal, verán recortados sus beneficios, las becas de sus hijos, y el alto tipo de cambio elevará el costo de la vida por aumento de la gasolina.

La economista Elena Landau escribe “Lula cree que el único problema del país son los tipos de interés. Está completamente alejado de la realidad. Empezó su mandato con una deuda del 71,7% del PIB, que podría llegar al 85%. El pesimismo de fin de año va mucho más allá de la economía. La sociedad ya no confía en las instituciones. Quienes deberían priorizar el interés público son los primeros en velar por el suyo propio”.

La mayoría de los países, además de Brasil, están copados por gobernantes estatistas, que dilapidan recursos excediendo las restricciones presupuestales, ignorando los cambios comerciales que la tecnología introduce diariamente.

Cuando el comunismo cayó derrotado, muchos incurrieron en el error de suponer que la victoria de su opuesto, el capitalismo, era inexorable. Desde entonces, la izquierda encontró modos de embozarse en argumentos menos perceptibles que los del marxismo clásico, más engañosos y más difíciles de refutar.

La dificultad para que el liberalismo se imponga en esta contienda intelectual radica en la endiablada capacidad del estatismo para mutar, reinventar constantemente sus falacias y engañar.

Es un enorme reto que debemos estar dispuestos a afrontar, librar la batalla ideológica de la que depende el futuro de las ideas, la filosofía de la libertad, el individuo libre, creador, multiplicador de recursos y de calidad de vida.

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