ORDEN ES PROGRESO
El milagro Milei, no es ni más ni menos, poner orden, hacer sustentable el esfuerzo para sostener la democracia.
Cuando los políticos asumen que el dinero de la gente es SU dinero, una espiral destructiva de recursos, y una de corrupción que se va tragando vicios se apodera de todo.
A este desastre se enfrentan países con economías de primer mundo. La descomposición social, el sálvese quien pueda, coloca a cada individuo atrincherado en defensa de su derecho, mientras las corporaciones pelean por el dinero ajeno. Todo vale para morder del festín promovido por el sistema político.
La desintegración económica y social avanza en degeneración fiscal. No es sustentable por el sistema productivo. La recaudación cumple con la “curva de Laffer”, la carga tributaria excede la capacidad contributiva, asoma el endeudamiento, la emisión fraudulenta, y las crisis de pobreza. Aumenta la evasión como forma de sobrevivir. Evadir es negocio. La relación costo-beneficio determina a excluir ser socio del Estado confiscador.
Milei recibe un país devastado sin guerra. Con índices económicos y sociales peores a los de Ucrania.
La tasa de inflación viajaba a un ritmo del 17.000% anualizado en índice mayorista. La hiperinflación encubierta por emisión auguraba un tendal de miseria récord en un país que produce alimentos para más de 500.000.000 de personas.
Ordenado el gasto público en 12 meses arroja un increíble superávit fiscal. 1% de inflación mensual, y bajando.
Recibió el país con 15 puntos de déficit fiscal, 5 del Tesoro, 10 ocultos por el BCA.
Hoy, sin déficit NO HAY DEUDA, EMISIÓN, NI INFLACIÓN.
Argentina tiene superávit fiscal sostenido, está libre de default luego de 123 años.
El ajuste fiscal más grande en la historia económica de la humanidad, no produjo desorden social ni descalabro económico.
De una emisión degenerada de 13 puntos del PBI para tentar ganar la elección, hoy la emisión monetaria es 0.
La deuda del Tesoro con los importadores de U$S 42.600.000. 000, al borde del colapso de la cadena de pagos, está saneada. El flujo de importaciones está normalizado y la exportación es récord.
Castigaba al país 1 punto del PBI de déficit comercial y reservas netas negativas por U$S 11.000.000.000. Hoy el superávit comercial permitió al BCA comprar más de U$S 20.000.000.000.
Milei está pagando la deuda que dejaron defaulteadores seriales.
Hace un año la brecha cambiaria era de 180%. Hoy no hay brecha, lo que no sucedía desde hacía 16 años.
El orden fiscal permitió crecer al salario básico promedio de U$S 300 a 1100.
El riesgo país era hace 12 meses de 1900 puntos, y los bonos soberanos cotizando a U$S 25. Hoy, por debajo de 700, y los bonos más que duplicaron su valor. Bajó la tasa de interés en beneficio de los actores de la economía, el crédito es más barato, facilita la inversión y aumenta el empleo.
El Estado dejó de ser el único tomador del crédito bancario a tasas carísimas. Hoy volvió a otorgar crédito al privado.
El año pasado, la economía argentina estaba absolutamente maniatada de regulaciones, complicaba la vida y ahuyentaba la inversión. Hoy se llevan eliminadas más de 800 normas innecesarias.
Es la reforma estructural más grande la historia argentina, y ejemplo de que sí se puede ordenar el gasto público, sin resentir la asistencia social, y proyectar al país para un futuro promisorio.
Para las castas políticas ajustar el gasto es un sincericidio, “matar” la burocracia y la obesidad pública “usando la “verdad” está prohibido en el manual ideológico asistencialista. Una versión inversa de Peter Pan: robar a los pobres para sostener al gobierno y a los prebendarios.
El ejemplo del gobierno argentino es un camino que hasta a los países “ricos” les cuesta entender.
El orden del gasto público, libera recursos imprescindibles de la voracidad fiscal. El trastorno de hubris transformó al Estado en leviatán.
El desborde se convierte en negocio político. La corrupción pasa a estar justificada. La inmoralidad se apodera del dinero de la gente sin medida ni razón. Arma una estructura penal de impunidad; lo normal es coimear globalizadamente. Sobrecosto abusivo parásito, que espanta al productor, al inversor, convierte el salario en promiscuidad, promueve desempleo e informalidad.
La clase política, se eterniza en un cargo sin piedad de quienes tienen que soportarlo. Rechaza asumir costos del orden suponiendo que la sociedad no lo retribuye electoralmente.
Milei demostró que las sociedades están preparadas para liberarse del yugo. Aceptan el costo, cuando se sinceran los desbordes corruptos de una casta que engulle, esclaviza y expatría.
El orden lo consiguió en apenas 12 meses un grupo de audaces liberales, que lo impuso en una sociedad culturalmente acostumbrada a sufrir el estupro obsceno, la impudicia que los robaba una y otra vez.
Con el voto la mayoría dijo basta. El mandato: orden es progreso.