LOS HOMBRES DIOSES
Siempre aparecen los sabios que intentan corregir la naturaleza humana. Teóricos que le encuentran miles de imperfecciones.
Para “mejorarla”, sintiéndose superiores, aplican reiteradamente recetas fracasadas, dejando millones de víctimas.
La vida en sociedad construye valores en base a prueba y error. La ideología insiste tozudamente en imponerse sobre la realidad la economía y la condición humana, con defectos y virtudes.
La palabra woke («despierto» en inglés) se originó en EEUU para referirse a quienes se enfrentan o se mantienen alerta frente al racismo. Desde finales de la década de 2010, se ha utilizado como un término general para los movimientos políticos ideológicos de antecedentes totalitarios implosionados, una corriente ideológica fracasada en lo económico y social. Su objetivo: generar una contracultura en cuestiones como desigualdad social, autopercepción de género y orientación sexual, y promover “nuevos derechos”, criticando el éxito del liberalismo para generar desarrollo e ir borrando las asimetrías económicas con educación y posibilidad de empleo.
Enfrentan a los que alcanzan una posición económica y social relevante, por diferencias naturales y valores de ahorro, inversión, honradez, y solidaridad voluntaria. Los que tiran del carro para generar más oportunidades.
Personas que se autoperciben de género diverso al sexo de nacimiento, a las que la ley iguala en derechos, presionan con violencia de todo tipo a niños, jóvenes y padres, para que la sociedad se divida con los que no aceptan culturizar antagónicamente.
Crearon lo políticamente correcto, no admitiendo pensar diferente. Combaten, incluso violentamente, por imponer un único punto de vista.
Cambian el enfoque de que las minorías son discriminadas, generando discriminación inversa, una segregación artificial, que impulsa a otros a responder con la misma agresividad.
Persigue, en última instancia, que, quienes ocupen cargos de poder pertenezcan a un esquema global ideológico preformateado.
Despejado el derecho indiscutible de todas las personas a realizar su proyecto de vida libremente, respetando a todos los demás, es una forma de reinventar una ideología absolutamente agotada, que utiliza a la democracia para promover la caída del sistema.
Los derechos en una democracia se consiguen sin violencia, sin generar divisiones, sin imponerse a los que piensan diferente, y menos incorporarlos al pensamiento único, como avance cultural. Oculta una periclitada intención de alcanzar el poder para avanzar sobre derechos naturales, normas constitucionales y legales, que permiten convivir, defender lo propio y mejorar en colectivo.
Los hombres dioses tienen poco de la humildad natural y menos de la benignidad de los dioses. Sintiéndose superiores, avasallan, destruyen. La fatal arrogancia arrastra que pueden modelar las relaciones económicas, culturales y sociales a su imagen y semejanza.
Si se imponen, destruyen la armonía, estancan la economía, y persiguen a los demás por pensar diferente y no alinearse a preconceptos. Nadie gana allí. Viejos resentimientos afloran. Se auto elevan a la condición de Catón o Catilina, y destruyen lo alcanzado, sin tener nada diferente, un mejor destino.
Grandes hombres, en cambio, aceptan la alternancia, sirven con humildad, honradez, y vocación los requerimientos de todos.
Algunos líderes históricos han revisado sus errores, hasta de haber empuñado las armas para imponerse. Un choque con la realidad.
José Mujica, señaló: “Hace 50 años yo tenía una devoción por el Estado y la revolución. Esa obra del pensamiento de Lenin.
A lo largo de los años he visto que ese fantástico trabajo teórico, desembocó en reiterados fracasos, porque la famosa “dictadura del proletariado”, cuanto más corta mejor, decía Rosa Luxemburgo. fue un preanuncio, que terminó generando una burocracia que inmovilizaba la operatividad del propio Estado.
Eso nos lleva que hoy en el Uruguay, no podemos repetir cosas que no anduvieron.
Tenemos una economía de mercado, la tenemos que entender y la tenemos que respetar como es. Porque el desafío inmediato es un cambio civilizatorio que significa la entrada en la era del conocimiento.
El desafío que tenemos por delante es educar a nuestros niños, particularmente en formación científica y técnica, porque dentro de 30 o 40 años el grueso de los trabajadores van a ser calificados. Y el que no esté calificado no trabaja.
Hoy tenemos que desarrollarnos en esta economía real, para tener los medios que puedan servirnos para ese desafío para las nuevas generaciones.”
Otros, no aprendieron nada, reproducen las tragedias de la ideología teórica aplicada y sus holocaustos, pese al revolcón la “mano invisible”, paralizada, multiplicando pobreza.
Tenía razón Hayek, la fatal arrogancia los hace creer que son dioses.
No entienden que producir y comerciar son instituciones naturales de la convivencia en sociedad. Los mercados, el sistema de precios o el lenguaje, no son un invento o diseño humano para responder a determinadas necesidades, son fruto de un orden espontáneo, resultado natural de la acción humana, pero no de diseño ideológico, de una casta superior.