LOS DUEÑOS DE LA RIQUEZA

Hay emprendedores ricos que dependen de colocar acciones, endeudarse, participar a otros en los dividendos. Ninguno tiene la riqueza asegurada, normalmente se funden y vuelven a empezar.

La misma suerte corren sus empleados, cuya estabilidad está sujeta al éxito o fracaso del emprendedor.

Los únicos que tienen asegurados sus ingresos son los políticos y los burócratas públicos. Se eternizan en el cargo sean gobierno o minoría. Amplían a conveniencia el gasto público, unidades públicas innecesarias, ponen a nuestro cargo nepotismo y amiguismo.

Se especializan en contubernios y corruptelas para hacerse impunes. Induce a los lobbies, consiguen privilegios. Ignoran el trabajo informal, y toleran la evasión como forma de sobrevivir. Todo retroalimenta la desfinanciación y asegura que nunca alcancen los recursos genuinos para financiarse.

Los nabos de siempre que pagan sus obligaciones soportan además, refinanciaciones, exención de multas y recargos.

Los pobres no son culpa mía. Es de los que manejan los recursos como propios, sin hacer ningún esfuerzo para reducir el gasto, y “generosamente” te dejan a voluntad un mínimo de lo que te ganaste.

Repiten consignas y recetas fallidas para no ajustarse. Su pensamiento religiosamente, nos lleva cuesta abajo.

Thomas Sowell escribió: “El hecho de que tantos políticos sinvergüenzas y mentirosos sean exitosos no es sólo una reflexión para ellos, sino también para nosotros. Cuando la gente quiere lo imposible, solamente los mentirosos pueden «satisfacernos». Y agregó: “…no existen las soluciones, solo existen los compromisos”.

Nunca van a ordenar el gasto político a la realidad, sucumbimos, hasta extinguir la capacidad de producir y pagar impuestos.

Es muy difícil que alguien entienda algo cuando viven justamente de no entenderlo.

En un tiempo en que la tecnología aplicada está borrando las fronteras y esfumando el costo tributario y regulatorio, el sistema político lucha y se desangra por aumentar la carga de impuestos a los que van quedando engallolados

Se ha vuelto a la monarquía absoluta, el dueño de todo tiene el poder. Puede prometer que no aumentará impuestos, y aumentarlos impunemente. El costo político poco importa, Nada cuenta la ética ni la moral.

Ese relato infecta y hunde a las sociedades. La plata es del político, es avaro si no la reparte, es generoso si la regala.

Distorsionan la realidad al servicio del poder y en contra de los ciudadanos.

En cuanto se advierte el engaño, los inversores se retiran. Algunos reclaman su derecho por Tratados de Inversión. Otros, se asocian con el poder político. Retacean la inversión hasta que la producción se extingue. Vuelven a empezar clamando por inversores.

El lema de campaña es: Tú pagas la exoneración fiscal con pobreza que beneficia a las grandes empresas; acabemos con los beneficios fiscales. Quitan exenciones a las empresas que ellos convocaron.

Para financiar más cargos políticos escamotea el problema del exceso sobre los que sí pagan. Parten del supuesto de que los impuestos son todos justos y se destinan a cumplir el objetivo social. En cambio, pagan más cargos políticos y burócratas eternizados impúdicamente innecesarios.

La demagogia de que la falta de recursos es responsabilidad de «las grandes empresas», y que todo se arregla cobrándoles lo que se le antoje al gobierno para repartir a los pobres”, omite adrede el impacto sobre los que viven de trabajar en esas empresas y comerciar con ellas.

No alcanza con que traigan su capital, generen puestos de trabajo, y divisas por exportación, hay que “acabar con los responsables de los miserables”.

El Estado tiene un presupuesto asfixiante, un endeudamiento brutal del que paga apenas intereses, una inflación (otro impuesto ilícito adicional sobre el poder adquisitivo), pero la culpa es del que paga pocos impuestos.

Los que se sienten marginados del festín de los políticos que se los apropian, exigen a los candidatos una mordida. La solución: mayor carga tributaria. Como si cargar de impuestos no tuviera nada que ver con las consecuencias sobre toda la sociedad, especialmente los más pobres.

Aplicar impuestos cada vez más elevados e insoportables es animar a la evasión fiscal, a la informalidad, el desempleo, la pobreza. Un círculo vicioso calamitoso.

Todo el manifiesto ideológico multi fracasado, sigue estos cánones engañosos: «La economía mundial está al servicio de un 1% que acumula más riqueza que el 99% restante». “Somos siervos de los ricos privados”.

La ideología progre no reconoce que no es a los ciudadanos que nuestro dinero no nos lo arrebata a la fuerza el feriante o el Shopping, del que resultan miles de puestos de trabajo, es el ancestral recaudador. Hace desaparecer el consumo, el ahorro, la inversión, y el trabajo. Multiplica pobreza.

No hablan de los muchos tributos, nacionales, departamentales, regulaciones, y abusos burocráticos. Organismos inútiles, precios públicos que paga el esquilmado contribuyente para poder trabajar.

Omiten que el grueso del gasto público, aquí y en todo el mundo, lo pagan las personas corrientes, pequeños empresarios, los que intentan zafar para tener una mínima rentabilidad, y sobrevivir.

Cargan la pobreza sobre quienes tienen que soportar la carga tributaria que ellos nos imponen; sin ninguna consideración al destino irresponsable, sin medida de los recursos consumidos.

Una enorme y creciente desigualdad separa a los dueños de la riqueza que concentra el poder, de sus súbditos pobres o en camino a serlo. Igualar en la pobreza ha sido el sistema aplicado con todo éxito por tiranos de la peor laya.

La carga tributaria es ya insoportable, paraliza la producción, imposibilita ahorrar, producir, trabajar, consumir, y comerciar. Camino de servidumbre, pobreza igualitaria.

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