LA SINGULARIDAD Y LA POBREZA

La utopía marxista y sus diversos intentos de aplicación partía de que la riqueza no crecía. Para eliminar la pobreza había que repartirla igualitariamente. El capital, que la representaba, debía ser confiscado violentamente, para que una planificación burocrática produjera bienes idénticos que satisficieran las necesidades.

La utopía proponía pasar por procesos autoritarios, cambiar la cultura del ahorro individual, someter al individuo libre, imponerle de forma bestial otro sistema. Destruir lo rural. Pasar a lo industrial. Destruir al hombre viejo.
Concentrar los recursos en burócratas, distribuirlos planificadamente. Así, eliminaríamos la pobreza.

Aquella utopía sirve de excusa a tiranos para esclavizar y matar a millones de personas, multiplicar holocaustos, controlar policíacamente. Hacer millonarios a políticos y burócratas.

La pobreza tal como hoy la conocemos, ese escalón inicial común al ser humano al nacer, será eliminada.

Lo va a conseguir un algoritmo singular, creado por la inteligencia de seres humanos libres, aplicando sus propios recursos producto de su inteligencia creativa, en un sistema cada vez más libre.

El parámetro mínimo de calidad de vida será en poco tiempo el que tienen hoy los multimillonarios.

Exacerbar al estatismo multiplicó la pobreza, desperdició recursos ajenos por ignorancia y corrupción.

La pobreza puede reducirse hoy mismo aplicando acciones gubernamentales contrarias al socialismo del siglo XXI. Lo prueba ese laboratorio a cielo abierto de dirigentes liberales que votó el pueblo argentino.

Recetas de concentración etática, populismo peroncho-kirchnerista, multiplicaron exponencialmente la pobreza y la indigencia, que superaron el 50%, más de veinte millones de personas. Un lastre colectivo social de corrupción, que hizo millonarios únicamente a los “gerentes del pobrismo”; miserables explotadores. Una casta política que vivía mintiéndoles, que, “el Estado te cuida”.

Milei les dijo la realidad: NO HAY PLATA. Restringió el gasto público a lo imprescindible, sosteniendo a los más infelices con asistencia directa.

La pobreza aumentó inicialmente por el efecto recesivo. Bajó en el tercer trimestre 14%, porque se le devolvió al ciudadano más del 48% de ingresos que le quitaba el impuesto inflacionario, mejorando la capacidad adquisitiva.
Cayeron intermediarios corruptos que abusaban del asistencialismo, eternizaban la pobreza, usada como carne de cañón contra la sociedad productiva.

La pobreza sigue siendo un flagelo que depende de la inversión privada, generando oportunidades de trabajo, y de la formación educativa.

Pero, ha nacido una esperanza. “El indigente del futuro podría ser un equivalente al multimillonario de la actualidad.”

El filósofo sueco transhumanista, teórico de la inteligencia artificial, fundador del Instituto del Futuro de la Humanidad de la Universidad de Oxford, Nick Bostrom, plantea los desafíos en el desarrollo de los sistemas de inteligencia artificial para alinearlos con valores humanos.

Una temática desarrollada desde hace tiempo por autores como Raymond Kurzweil, fundador de la Universidad de la Singularidad de Silicon Valley en “La singularidad está cerca. y “Cómo crear una mente”, y por Yuval Noha Harari en “21 lecciones para el siglo XXI” y “Nexus”, sobre lo que los niños necesitan aprender para triunfar en el 2050.

Los académicos del MIT, Stanford, Berkeley, Oxford, son intelectuales que trabajan cerca de los científicos y empresarios que están construyendo ya la singularidad.

En pocos años la vida será “resuelta”. Un mundo surge en el que los indigentes podrán disponer tanto como los multimillonarios de la actualidad. La economía crece al ritmo de la revolución tecnológica, terminará prescindiendo del trabajo de los seres humanos que se dedicarán a experimentar alegría y felicidad.

Vivimos cambios vertiginosos asociados al desarrollo de una inteligencia artificial superior a la humana, que también se encargará de la investigación y el desarrollo económico. El proceso empezó con la aparición de la computación y la internet; se acelerará con la computación cuántica, la internet de las cosas y una constelación de herramientas tecnológicas que progresan todos los días.

En veinte años hemos avanzado más que en los trescientos mil anteriores en que habitamos el planeta. Nos encaminamos a fundar colonias espaciales, una realidad virtual perfecta, remedios para el envejecimiento y a desarrollar todo tipo de tecnologías que parecían ciencia ficción. Con la superinteligencia, el tiempo va a comprimirse y podremos ver muchas de esas transformaciones nosotros y nuestra posteridad.

La economía va a duplicarse cada pocos meses. El indigente podrá vivir como el multimillonario de la actualidad, si se logra que se formen para recibir los beneficios tecnológicos, y que todos los seres humanos tengan la oportunidad de aprovechar los adelantos.

Las que desarrollan esta revolución son enormes empresas privadas. Si Mark Zuckerberg, Jeff Bezos, Steve Jobs hubiesen sido políticos, burócratas de oficina a cargo del desarrollo de la ciencia, todavía estaríamos evaluando la compra del “teletrófono” inventado por Antonio Meucci para conectar su oficina con el dormitorio de su esposa enferma de reuma.

Vamos al mundo del postrabajo, en el que los seres humanos no necesitarán trabajar por motivos económicos. Ese mediano plazo alcanzará a muchos de nosotros.

El progreso prácticamente ilimitado, es pasible de convertirse en un riesgo existencial que amenace con la extinción de la vida. Depende de lo que hagamos para que la revolución tecnológica nos lleve a una vida infinitamente mejor o a un despotismo global que nunca podrá ser derrocado.

Como dice Bostrom en el libro, “Deep Utopia: Life and Meaning in a Solved World”: la inteligencia artificial es un acontecimiento de consecuencias sin precedentes, “una ruptura en el tejido de la historia”. Pero va a ser manejado por los seres humanos de este momento, en todos los niveles.

La mayoría de nuestros políticos juega a la ruleta rusa con el futuro de los que producen, hacen demagogia con el pobrismo. Ignorantes, ignorando un tsunami que no dejará nada en su sitio.

La utopía de la eliminación de la pobreza está prácticamente resuelta por la singularidad. Falta incorporarle al avance tecnológico imponente valores humanos adecuados, definiciones políticas que protejan la libertad individual acordes al tiempo verdaderamente revolucionario imparable.

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