LA ERA DE LA DISCORDIA

En un reportaje de Perfil, Enrique Krauze señaló: “Vivimos una era de discordia, como aquella que le tocó vivir a Spinoza, quien dijo: 'veo el triste espectáculo del mundo y las guerras, pero no lo lamento ni tampoco desfallezco. Todo esto no es más que un incentivo, para poder estudiar y comprender lo que pasa.' Se aplicaría intensamente a tratar de comprenderlo con el recurso de la razón. Y afanosamente, a luchar por la libertad individual. 

En el ‘corsi e ricorsi’ de la historia, estamos volviendo a un siglo de dogmatismos en izquierdas y derechas, de dogmatismo en todos lados. 

Como sucesor de una familia inmigrante en México, reflexiona Krauze: “…creo que los valores republicanos que fundaron a nuestros países, a nuestras naciones hace 200 años, que estaban inspirados en el prototipo histórico de la República Romana. Países que miraban hacia Estados Unidos también fundando un orden político con división de poderes, con el poder acotado, con libertad individual, valores fundacionales de nuestras naciones, …están en entredicho”.

A Benjamín Franklin hace 250 años le preguntaron: ¿Queremos una república o una monarquía? Y dijo: “Una república, si sabemos mantenerla”.

Sobre México Krauze señaló: “La Constitución mexicana de 1824 establecía una república representativa, democrática y federal. En muy pocos momentos hemos sido una república representativa, democrática y federal, hemos sido más bien una monarquía, sexenal a veces, no democrática, centralista, pero nunca se han perdido esos valores y por momentos salen a la superficie en episodios memorables.

De 1997 a 2024 fuimos una república con división de poderes, una democracia con elecciones libres, limpias, con libertades y con un orden federal. Pero, he escrito: “Réquiem para la República” porque creo que el régimen de López Obrador liquidó a la República Mexicana. Y Claudia Sheinbaum, ha sellado esa liquidación. Hoy somos un país con menos libertad. Un país en donde no hay división de poderes. El poder lo tiene un solo partido, Morena, una presidenta y un poder detrás del trono que es López Obrador. 

Hemos asistido a una decisión legislativa, bárbara, la liquidación del Poder Judicial. Los jueces en México van a ser electos popularmente. En ningún lugar del mundo eso ha funcionado, más bien ha supeditado la Justicia al poder.

Si usted liquida el Poder Judicial y la carrera judicial, si usted despide a magistrados, jueces y ministros de la Corte, si usted hace a un lado toda la experiencia jurídica de México por 200 años y la experiencia de miles de juzgadores a todo lo largo y ancho del país y lo sustituye con elecciones que van a ser absolutamente caóticas, para elegir a partir de cartas de recomendación de un vecino quién va a ser el juez, es más o menos como encargar el Departamento de Urgencias en un Hospital, al chofer.

Esto es concentrar totalmente el poder en una persona y en un partido. La liquidación de la República. AMLO repartió de manera masiva dinero en efectivo a amplísimos sectores de la sociedad mexicana. Un reparto necesario, pero no a costa de destruir las instituciones sociales, de salud, de asistencia, de educación, de cultura. En esencia, destruyó el Estado, recabó el dinero, ahorcó esas instituciones y repartió el dinero. Si hubiera podido repartir, pero sin detrimento de las instituciones centenarias en México. Claro está que los apoyos sociales se cobran con obediencia política.

Un presidente que habla todos los días tres horas y su mensaje pasa multiplicado en todos los medios de comunicación, sin crítica razonable. Que ven millones de personas, 365 días al año por seis años, explica, junto con los “programas sociales” por qué hubo 60% del electorado posible que votó por Claudia Sheinbaum. 

Es una minoría la que votó en contra, pero es una inmensa minoría. Y esa inmensa minoría en una República se la respeta. No hubo ningún respeto. Se arrasó con ella, y además se ha liquidado a todos los órganos e instituciones autónomas, de transparencia, de competencia, de energía, etcétera. Esa es la situación del México actual. 

Nada nuevo en nuestra América. Gobiernos ineptos ordenar el Estado, reintegrar al contribuyente los recursos para reinversión productiva, ineptos para generar crecimiento genuino. Oposición radical al cambio educativo, económico, burocrático. 

Una sociedad segmentada en una confrontación violenta entre espacio para crecer o para aumentar la burocracia y atemperar el desempleo de inútiles. 

Sin respuesta a los más infelices. Ni camino de salida de la eternización en el estancamiento social y económico.

La era de la discordia construye nuevas monarquías. Oclocracias monárquicas hacen desaparecer a la República para concentrar todo el poder en hordas anárquicas.

Vamos directo a multiplicar la violencia. La única solución es amplitud para negociar con urgencia caminos de consenso. 

La desesperanza inquietante democrática y republicana se pregunta: ¿quiénes no han podido ponerse de acuerdo en tiempos más propicios, superarán la tentación ideológica de ser tiranos?

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