LA DEGENERACIÓN PARLAMENTARIA - Parte 3
Decía
Maquiavelo que sólo los ciudadanos tienen el compromiso absoluto
hacia su república, lo que les hace superiores a cualquier fuerza
militar que podría actuar en contra del pueblo.
Lo que Maquiavelo llamó la virtú. está muy relacionada con la participación democrática: ya que la república pertenece a todos, la virtú es la moral que aconseja y conmina a todos a participar en la cosa pública. Es una idea que procede del hombre como animal político de Aristóteles: un ciudadano comprometido con su ciudad, con su sociedad.
Por su parte, James Harrington, remarca: la participación en la cosa pública exige tener independencia del Estado y del resto de la sociedad. Y esa independencia se obtiene por medio de la propiedad. Sólo los ciudadanos que tengan propiedad son suficientemente independientes como para participar en los asuntos comunes.
La insuperable condición humana con sus claroscuros hace difícil este encaje con la democracia, y en muchas ocasiones produjo conflicto de intereses que se contrapuso con dilemas totalitarios.
La anunciada crisis del idílico Parlamento siglo XXI se ha agravado en la consideración pública. La cuarta revolución tecnológica, la aceleración de la vida a nivel cuántico, ha convertido el parlamento en un artefacto disfuncional, tanto por su forma, antigua, como por los procedimientos para la toma de sus decisiones: lentos, inaptos, caros, discursivos, hasta venales. Déficit que parece que no puede corregir, pues deriva directamente de su propia naturaleza y de una enrevesada interpretación de su misión constitucional.
El asalto al Parlamento que se está dando por el desprecio público, implica darles formación básica a los legisladores sobre su real función, hacerles sentir como los romanos, “memento mori” (recuerda que morirás), bajar la soberbia del despacho, el recinto, y los privilegios.
La crisis también tiene relación con la tercera revolución industrial, el cambio más intenso y vertiginoso de la historia de la especie.
No se puede hablar de nuestra realidad sin leer “Nexus” de Yuval Noah Harari. Quantum Supremacy: How the Quantum Computer Revolution Will Change Everything, del profesor de la universidad de Nueva York Michio Kaku. Los cambios no son mera fantasía, ni una realidad que llegará dentro de muchos años. La singularidad está entre nosotros.
Por la ley de Moore, cada año, duplicarán su potencia las computadoras cuánticas, y pronto llegarán a ser accesibles para la gente común.
300 millones de puestos de trabajo corren el riesgo de ser automatizados, según informe de Goldman Sachs.
Decía un cibernavegante: “cómo es posible que el gobierno permita que Musk haga negocios por miles de millones y no puede regalarme un coche nuevo por fin de año. ¡Qué gobierno!” El gobierno jamás podría dar semejante impulso.
Proyectos de ley impropios de tal distinción agravian la actividad parlamentaria.
Prohibir los nombres ‘feos’; multar por ser infiel, para sancionar al cónyuge infiel, y también a su amante. Definir cuál es el primer día de la semana, si es el lunes o el domingo. Son algunos ejemplos.
El último proyecto de ley de presupuestos aprobada por el Congreso de EEUU contiene la asombrosa cifra de 4.000 “earmarks“, partidas de gasto, con letra pequeña, que financian proyectos y dádivas a intereses especiales en los distritos de los miembros, a los que se asigna la apabullante suma de 10.000 millones de dólares. La quinta parte de lo que el gobierno federal gastó en el desarrollo de la vacuna y el tratamiento contra el COVID-19.
Un legislador latino promovió la declaración del día nacional del kimchi -una comida típica coreana-. Otro, declarar el castellano como el idioma oficial de la argentina. Conmemorar el día del gol, en un homenaje a Diego Maradona, y al segundo tanto que le convirtió a Inglaterra en el Mundial de 1986.
Reconocer y homenajear al productor y co-creador de La
Pantera Rosa, argumentando, que “hay quienes desde sus ideas
lograron trascender con el objetivo de alegrar las infancias de
millones de niños”.
Un legislador generoso con su pueblo, propuso el proyecto de ley de la “siesta”; 20 minutos de descanso adicional al trabajador, que luego debía compensar. La propuesta fue rechazada por 56 votos en contra y 26 a favor.
Otros ejemplos: el Día del hincha del fútbol en conmemoración de las 16 barras muertos en un accidente de tránsito. Sancionar a los periodistas que “en forma imprudente, invasiva y hostigosa” insistieran en abordar a un entrevistado que se negara.
Proyecto de Ley “anti memes”, insólita iniciativa para sancionar
a quienes hicieran estas piezas gráficas con alusiones a las
autoridades.
Un legislador uruguayo, de un partido político que se dice liberal, ha propuesto: «Hay que legislar sobre IA o pasaremos a la confusión generalizada». Tal como ocurrió cuando se incendió la biblioteca de Alejandría, para frenar el conocimiento humano; o se baleó la rueda por quien quería parar su avance transformador, viene ahora este intento de detener a la tecnología. ¡Cuánto mejor sería que se informara, se formara, y ayudara a que nuestros niños y jóvenes no sean analfabetos tecnológicos!
A los burócratas, y políticos, en general, les preocupa cómo mantendrán sus privilegios. A los ciudadanos comunes nos preocupa que quienes nos dirigen no sepan que, estancados, los perderemos todos.
Únicamente tener resiliencia, sin procrastinar, para este tiempo que vivimos, evitará que se nos maneje a distancia como objetos.
Veamos seguidamente la alternativa transformadora del Parlamento.