LA DEGENERACIÓN PARLAMENTARIA - Parte 2
Por eso, la gente no vota para que su candidato gobierne con consenso con los demás partidos, sino con el firme deseo de que haga lo que ellos quieren, sin contar con nadie más. Para eso le han ganado a las otras minorías.
Locke sostiene la libertad natural de la persona como fundamento de la sociedad políticamente organizada. Argumenta que esa libertad se expresa como pacto o contrato para instituir la sociedad política o Estado, y como decisión mayoritaria para adoptar un régimen político o de gobierno.
Si el ingreso a la sociedad civil no obligase a sus miembros, cada individuo se podría comportar como Catón, que iba al teatro sólo para salir de él, dice Locke, irónicamente. Y así, el poderoso Leviatán no duraría ni siquiera el día en que nació.
Toda la sociedad política, se mueve en la dirección que le imprime la fuerza de la minoría mayor, el consentimiento de la mayoría. Quedan incluidos necesariamente todos los miembros del cuerpo político. La decisión mayoritaria obliga a todos, porque contiene en sí misma, según la ley de naturaleza y de la razón, "el poder de la totalidad".
Los actuales parlamentos han olvidado -maliciosamente- esos orígenes que les daban potestad y obligación de elaborar leyes que desarrollasen el sano derecho natural, razonablemente; y a la par fiscalizar y perseguir la actividad del gobernante abusador o corrupto.
Hoy no son más que extensiones del Ejecutivo, aprobando leyes que éste ha “cocinado” previamente. Pasan por la “escribanía”, sin el control legislativo. Cuando se carece de mayoría absoluta, se “negocia” con la otra minoría, por prebendas, cargos, privilegios, abusos presupuestales.
Un ejemplo paradigmático, el 'mensalao' (‘Gran mesada’). Escándalo político que destapó una red de corrupción y sobornos encabezada por el entonces partido gobernante de Brasil. En el 'juicio del siglo' -como se lo bautizó- el Supremo Tribunal Federal juzgó a 38 ex funcionarios, empresarios y banqueros involucrados en una red de compra de votos en el Congreso, orquestada entre 2002 y 2005 por el Partido de los Trabajadores (PT).
Quedó en evidencia, que el “convencimiento” a la minoría (oposición) es pecuniario, dinero, cargos, o negocios. El parlamentario corrupto no desenmascará a los cómplices que los sobornan ante la Justicia. Utiliza con alevosía los fueros legislativos (que no aplican a delitos anteriores ni flagrantes) para la impunidad.
Los casos conocidos de corrupción parlamentaria son cada vez más, y en diversos países.
En Uruguay renunció un vicepresidente, que fue penalmente condenado por usar de una tarjeta corporativa para compras personales. Un senador, en este período, presentó renuncia, formalizado por abuso de funciones, al falsear documentos para atender a una amiga indebidamente.
En Argentina un senador acaba de ser despedido, luego de ser detenido in fraganti con 200 mil dólares en Paraguay, con su querida secretaria.
EEUU suma el lobby como institución a la negociación parlamentaria, que expone el interés concreto de una corporación para obtener privilegios. Una vía directa a colusionar con intereses personales de los parlamentarios, o a financiar sus campañas.
Lo que une todos los casos, es la pérdida del respeto por los electores, incapaces de asumir responsabilidades éticas morales y políticas, salvo que, tardía y levemente les alcance la Justicia. La que queda involucrada, por omisión, falta de recursos, o complicidad.
Asociarse al despilfarro aumenta el desprestigio de los parlamentarios. En las encuestas tienen los peores registros pese a ser “nuestros” representantes.
Queda en evidencia que legislan para conformar y utilizar para sí el entramado normativo enmarañado con que rodean al ciudadano.
Decía Bastiat en “La Ley” que “(…) desde el momento en que las personas desheredadas han recobrado sus derechos políticos, la primera idea que se les ocurre no es liberarse del despojo, sino organizar contra los demás, y en detrimento propio, un sistema de represalias, como si fuera preciso que, antes del advenimiento de la justicia, tuvieran que sufrir el castigo todos”.
Tuvo claro que si la máquina legislativa servía -como sirve- para otorgar privilegios a unos y quitar derechos a otros, en lugar de para ordenar lo mínimo y necesario para la vida en sociedad, el acceso a esta se regiría por el puro interés corporativo. Y así sucede, cuando los legisladores dicen hablar no ya en nombre de sus partidos, ni tan siquiera del “pueblo”, sino en contra de todos los demás.
Las políticas de la izquierda son contra la derecha, contra “los de arriba”, contra los ricos, contra la hegemonía, el sexo diverso del género, los que atacan la naturaleza. Siempre, llevan ínsito el objetivo de destrucción de esta forma de sociedad para hacer algo distinto, no identificado.
La democracia es para la guerrilla la continuación del avance ideológico por un medio más aburrido y desgastante. El insulto parlamentario, el impedimento a toda mejora económica y social, frenar el crecimiento de los recursos privados para que beneficio colectivo, repartir lo que haya sin considerar que destruye la creación de más y mejores.
Es de justicia reconocer que el ideal democrático per se no debe ser reputado negativo. El problema no es el sistema. Por el contrario, los antisistema hacen política y defraudan a sus votantes; lo desvirtúan con el oprobioso resultado de sus acciones.
La seguimos en la próxima. Repasaremos normas absurdas para controlar al ciudadano. Y veremos la nueva forma de corregir al parlamento degenerado.