LA CULTURA DEL RELAJO

RELAJO: Desorden, falta de seriedad, barullo, desbarajuste, confusión, cachimbeo.
Cuando tu única herramienta es un martillo, todo lo que ves te parecen clavos. Si utilizas un martillo como herramienta de precisión, probablemente hagas más mal que bien.
Los macroeconomistas, con sus modelos matemáticos pretenden representar a toda la economía; creen que su actividad es esencial para el estudio de las cuestiones políticas. No tienen la humildad intelectual de reconocer que es algo prácticamente imposible y potencialmente peligroso. Una alquimia por abuso no puede salir bien.
Los gobernantes tratan de dirigir la actividad de los ciudadanos, solo teniendo en cuenta lo que se ve fácilmente, ignoran lo que no se ve a primera vista. Aparte de los problemas éticos de interferir con la libertad individual, meten la pata, erran feo por ignorancia y tozudez.
La tarea de reingeniería social es imposible debido a la complejidad de los sistemas sociales, imposibles de controlar por sus múltiples y variadas interconexiones.
El macroeconomista ofrece una coartada “genial” para el político: en lugar de estudiar cada uno de los múltiples sectores, factores o aspectos de una economía y fracasar con todo éxito en el intento, huyamos hacia adelante, distraigamos la atención del espectador, intentemos cambios a ciegas, eso sí, con sofisticación matemática, y con voz engolada.
Vendamos nuestra debilidad como una fortaleza. Olvidemos que no somos capaces de representar con precisión ningún sector real de una economía. Si lo fuéramos, usaríamos las predicciones de nuestros modelos para garantizar nuestro éxito empresarial y enriquecernos fácilmente, lo que obviamente no ha sucedido. Intentemos representar todo a la vez; asumamos que los detalles parciales y locales desaparecen o se vuelven irrelevantes por la magia de la compensación estadística.
Mencionemos con superficialidad a la microeconomía, anunciando que se toman decisiones en condiciones de incertidumbre. Tratando que no se note mucho, demos un salto sin red, ignorando cómo los agentes coordinan sus acciones empresarialmente de forma evolutiva y adaptativa.
Asumamos que, gracias a nuestra genialidad política, toda la economía estará ajustada y en equilibrio en todos los mercados; salvo “pequeñas perturbaciones” que, como parecen muy complicadas, vamos a decir que son aleatorias.
Presumamos de rigor científico porque usamos modelos matemáticos en sistemas informáticos: si luego no predicen la crisis generalizada no será consecuencia de los datos que cargamos, sino de la realidad que se empeña en no comportarse como se debe. Alguien habrá a quien cargarle el resultado.
Aspiremos a entenderlo todo para ocultar que no sabemos casi nada de los fenómenos particulares y concretos que sumamos y restamos. Pongamos la etiqueta de justicia social indeterminada que apabulla.
Justifiquemos todo con el efecto del cambio dinámico. Sostengamos el paradigma básico: la conducta privada no es del todo racional ni justa; el conocimiento y la competencia no son perfectas, para eso el martillo político ajusta los “fallos del mercado”. Y, pidamos más y más dinero para nuestras líneas de acción, claramente, indeterminadas.
La expansión y la recesión son esencialmente asimétricas. Una expansión debida fundamentalmente al intervencionismo estatal sobre la emisión de dinero, endeudamiento y multiplicación burocrática está forzando descoordinaciones y generando tensiones excesivas en un sistema natural, inicialmente bien ajustado, por el orden espontáneo de la economía.
Luego de la intervención del político, y su aliado, el economista, que cree tener todo bajo control, los componentes del relajo en el sistema no se reacoplan gradualmente, las tensiones se acumulan y el sistema se rompe de forma catastrófica.
La cultura del relajo en la macroeconomía, provoca la cultura del relajo en la micro de familias y empresas. Donde antes había pugna por asignar recursos a proyectos empresariales, ahora es necesario recalcular, reasignar recursos, liquidar empresas, truncar otras. Donde antes había confianza, que se gana con dificultad y se pierde con facilidad, ahora hay desconfianza.
Un globo es muy distinto mientras se está hinchando con endeudamiento, inflación, subsidios, burocracia, asignación asimétrica de impuestos y regulaciones, que después de haber explotado; provoca espanto.
El animal humano sale poco a poco de sus madrigueras. La cultura del relajo provoca especulación, destroza inversión productiva, salario, el sistema de seguridad social. Atentos y con miedo a los depredadores políticos y sus veleidades cada individuo sale corriendo en cuanto detecta el peligro.
La vanidad de manejar algo que se define como macroeconomía desde el púlpito político, como si pudieran, genera distorsiones inevitables en la asignación de recursos económicos y humanos.
Los ejemplos del ordenamiento feroz que realizó el gobierno de Milei en 12 meses intentando quitar la pata política sobre la economía, ha enviado señales de cambio de la cultura del relajo al sistema productivo privado. Llevará tiempo que la micro asuma que no habrá más ajuste, dádivas, privilegios.
Otros ejemplos perversos, como Europa, EEUU, y más cercano, Brasil, demuestran que la credibilidad es un valor intangible imposible de recuperar cuando se perdió.
La banalidad de meterse en lo que no se conoce; la cultura del relajo es facilonga. Gira en torno a la hipótesis de que hay dinero del Estado que no se agotará, y “distribuirlo” es hacer lo políticamente correcto.
El desastre es entonces, inevitable.

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