INTELIGENCIA AUSENTE
China,
segundo país en número de millonarios 862.400, mientras que la
población centimillonaria es de 2.352 personas. La población con
más de cien millones de dólares representa el 0,27% de la población
de millonarios, quedando por encima de EEUU en cuanto a distancia
entre ambos segmentos. Los 305 milmillonarios que registra China
representan el 12,97% de su población centimillonaria de su
población más adinerada es más homogéneo entre los distintos
grados de millonarios.
En tiempos en que el presente y futuro del mundo del trabajo lo define el uso de la IA (inteligencia artificial) persiste la IA (inteligencia ausente). Como el pulpo tienen esfínteres en la cabeza encerrados en su ideología.
La semana pasada se desarrolló en Pekín el IV Foro del Partido Comunista de China y los partidos de América Latina y el Caribe.
Asistió al evento Juan Castillo, secretario general del partido comunista uruguayo. Allí trazó algunos "parámetros" sobre relaciones laborales ajustados a “sus principios”, estancados en el siglo XIX. El exterior preocupado por dignificar el trabajo, el interior regresivo en domeñarlo hasta exterminarlo.
Un canto a Mao, Fidel, y al pajarito de Chávez, somete a la égida del partido la formación, el control del “lumpen” ignorante de que es explotado.
"La dicotomía entre trabajo y salario no debe formar parte de nuestra agenda"; Juan, señalando la "falsa oposición". "Cuando escuchamos que se crean miles de fuentes de trabajo tendemos a evitar preguntarnos cuál es el salario de esos nuevos empleos, cuáles son las condiciones laborales, cómo resolverán las trabajadoras los cuidados de sus hijos".
Los chinos volvieron 4000 años atrás y lo dejan en manos de las personas libremente. Lo descubrieron a un alto costo social, muchísimo sacrificio, y… están contentos.
Para Castillo, no se puede "priorizar el trabajo a cualquier costo". El acceso a la seguridad social, a la jubilación y a las pensiones dignas, “son responsabilidad del Estado y de los sindicatos”.
En China no penetró en Castillo, el «socialismo con características chinas», que hace 46 años se convirtió en la República Popular China. La meta de la reforma económica era transformar a la multifracasada economía planificada en una economía de mercado.
En 2010, China se convirtió en la segunda economía más grande del mundo3 y en el 2014, la primera en términos de paridad del poder adquisitivo.
Allí, Castillo planteó otra pregunta “progresista”: cómo deberían tributar las "máquinas" que contribuyan a la destrucción de empleos.
Con la economía china creciendo a niveles siderales, la incorporación de máquinas no le molesta, impulsa el crecimiento en beneficio de todos.
Castillo incorporó otro periclitado preconcepto: "Entendemos que los avances tecnológicos no deben ser considerados como instrumentos facilitadores de la reducción de costos".
El capitalismo no tiene problemas en sustituir la mano de obra por tecnología, pues su principal cometido es garantizar la acumulación, que asegura inversión, rentabilidad, crecimiento, estabilidad laboral.
Castillo quiere detener el avance tecnológico, o morderlo con un impuesto. Tiene la fatal arrogancia de creer que administra los recursos mejor que los empresarios que lo arriesgan en cada decisión. Detesta el orden natural que multiplica millonarios asegurando trabajo digno a millones de chinitos. El quiere hacerlo pasto de burócratas políticos.
"Para los comunistas uruguayos, es el Estado y sus instituciones las que deben garantizar en forma permanente la formación de los trabajadores", tarea que en manos de "otros actores" generaría "una contradicción que no dudarían en resolver en favor del capital".
Expone impúdicamente su incapacidad ante la realidad china que ya no formatea ideológicamente a los trabajadores; deja que se ocupen de formarse si aspiran a mejores salarios.
Los esqueletos ideológicos deben haber generado una piadosa sonrisa. ¿De qué vivirían los dueños del partido comunista sin renovación?
Vivieron 60 años equivocados. El capitalismo de Estado de China salva al país, al partido, integrado por varios millonarios. Ven con ojos liberales la lucha contra el proteccionismo, las regulaciones, las restricciones a la circulación de tecnología, bienes y capitales.
Castillo, inteligencia ausente, ignora que el capital humano es el más importante en cualquier organización, incluido el Estado. Por ello, las empresas multimillonarias cuidan a sus trabajadores preparados, competitivos, y creativos.
La utopía Castillo produjo enormes holocaustos, pobreza extrema, destruyó aparatos productivos, dejó desolación, barbarie, expatriación desesperada. Excelente para la casta mafiosa gobernante; horroroso para desempleados, familias, y proyectos personales.
Educar para el trabajo ignora cuáles van a sobrevivir, cuáles se van creando, quienes pagarán los salarios y los impuestos.
Lo único permanente es el cambio, y la enseñanza pública todavía no se ha enterado.
La responsabilidad social de las empresas es aumentar los beneficios. La mera existencia como empresa, que proporciona bienes o servicios, puestos de trabajo y beneficios, es el papel adecuado de la empresa en el tejido social, lo demás Milton Friedman lo tachó de socialismo.
El negocio de las empresas es el negocio, y eso es lo que ayuda a los consumidores y a la sociedad civil a prosperar, diga lo que diga la Harvard Business School, o Juan Castillo.
En tiempos en que el presente y futuro del mundo del trabajo lo define el uso de la IA (inteligencia artificial) persiste la IA (inteligencia ausente). Como el pulpo tienen esfínteres en la cabeza encerrados en su ideología.
La semana pasada se desarrolló en Pekín el IV Foro del Partido Comunista de China y los partidos de América Latina y el Caribe.
Asistió al evento Juan Castillo, secretario general del partido comunista uruguayo. Allí trazó algunos "parámetros" sobre relaciones laborales ajustados a “sus principios”, estancados en el siglo XIX. El exterior preocupado por dignificar el trabajo, el interior regresivo en domeñarlo hasta exterminarlo.
Un canto a Mao, Fidel, y al pajarito de Chávez, somete a la égida del partido la formación, el control del “lumpen” ignorante de que es explotado.
"La dicotomía entre trabajo y salario no debe formar parte de nuestra agenda"; Juan, señalando la "falsa oposición". "Cuando escuchamos que se crean miles de fuentes de trabajo tendemos a evitar preguntarnos cuál es el salario de esos nuevos empleos, cuáles son las condiciones laborales, cómo resolverán las trabajadoras los cuidados de sus hijos".
Los chinos volvieron 4000 años atrás y lo dejan en manos de las personas libremente. Lo descubrieron a un alto costo social, muchísimo sacrificio, y… están contentos.
Para Castillo, no se puede "priorizar el trabajo a cualquier costo". El acceso a la seguridad social, a la jubilación y a las pensiones dignas, “son responsabilidad del Estado y de los sindicatos”.
En China no penetró en Castillo, el «socialismo con características chinas», que hace 46 años se convirtió en la República Popular China. La meta de la reforma económica era transformar a la multifracasada economía planificada en una economía de mercado.
En 2010, China se convirtió en la segunda economía más grande del mundo3 y en el 2014, la primera en términos de paridad del poder adquisitivo.
Allí, Castillo planteó otra pregunta “progresista”: cómo deberían tributar las "máquinas" que contribuyan a la destrucción de empleos.
Con la economía china creciendo a niveles siderales, la incorporación de máquinas no le molesta, impulsa el crecimiento en beneficio de todos.
Castillo incorporó otro periclitado preconcepto: "Entendemos que los avances tecnológicos no deben ser considerados como instrumentos facilitadores de la reducción de costos".
El capitalismo no tiene problemas en sustituir la mano de obra por tecnología, pues su principal cometido es garantizar la acumulación, que asegura inversión, rentabilidad, crecimiento, estabilidad laboral.
Castillo quiere detener el avance tecnológico, o morderlo con un impuesto. Tiene la fatal arrogancia de creer que administra los recursos mejor que los empresarios que lo arriesgan en cada decisión. Detesta el orden natural que multiplica millonarios asegurando trabajo digno a millones de chinitos. El quiere hacerlo pasto de burócratas políticos.
"Para los comunistas uruguayos, es el Estado y sus instituciones las que deben garantizar en forma permanente la formación de los trabajadores", tarea que en manos de "otros actores" generaría "una contradicción que no dudarían en resolver en favor del capital".
Expone impúdicamente su incapacidad ante la realidad china que ya no formatea ideológicamente a los trabajadores; deja que se ocupen de formarse si aspiran a mejores salarios.
Los esqueletos ideológicos deben haber generado una piadosa sonrisa. ¿De qué vivirían los dueños del partido comunista sin renovación?
Vivieron 60 años equivocados. El capitalismo de Estado de China salva al país, al partido, integrado por varios millonarios. Ven con ojos liberales la lucha contra el proteccionismo, las regulaciones, las restricciones a la circulación de tecnología, bienes y capitales.
Castillo, inteligencia ausente, ignora que el capital humano es el más importante en cualquier organización, incluido el Estado. Por ello, las empresas multimillonarias cuidan a sus trabajadores preparados, competitivos, y creativos.
La utopía Castillo produjo enormes holocaustos, pobreza extrema, destruyó aparatos productivos, dejó desolación, barbarie, expatriación desesperada. Excelente para la casta mafiosa gobernante; horroroso para desempleados, familias, y proyectos personales.
Educar para el trabajo ignora cuáles van a sobrevivir, cuáles se van creando, quienes pagarán los salarios y los impuestos.
Lo único permanente es el cambio, y la enseñanza pública todavía no se ha enterado.
La responsabilidad social de las empresas es aumentar los beneficios. La mera existencia como empresa, que proporciona bienes o servicios, puestos de trabajo y beneficios, es el papel adecuado de la empresa en el tejido social, lo demás Milton Friedman lo tachó de socialismo.
El negocio de las empresas es el negocio, y eso es lo que ayuda a los consumidores y a la sociedad civil a prosperar, diga lo que diga la Harvard Business School, o Juan Castillo.