GOBIERNOS ADOLESCENTES
Los
gobiernos adolescentes son los que tienen baja tolerancia a la
frustración.
Son el resultado de pueblos adolescentes, que no han madurado en circunstancias límites, que les ha enseñado las restricciones propias de lo normal de la vida.
Refunfuñan cuando no se les da algo que quieren. Sufren y se enojan con la vida que les tocó en suerte. No comprenden porqué a otros la vida les sonríe fácilmente.
Los gobernantes adolescentes ofrecen con liviandad soluciones imposibles, o que producen más daño que satisfacción. Y vuelven a empezar. Creen que los que ponen límites son otros humanos, y no la realidad que tiene la tozuda condición de imponerse siempre.
La frustración inevitable de no conseguir lo que se pretende sin ningún esfuerzo, o peor, a costa del sacrificio de otros, es una alternativa que recorren sin ningún pudor. Y si todavía no sirve para resolver su angurria de vivir como los que maduraron, trabajan, se esfuerzan, se superan, aumenta la frustración, el enojo, hasta el odio y la rémora de envidia crece.
Se dicen de izquierda porque creen que es posible de algún modo que desconocen, realizar sus utopías, sin importar el sacrificio de otros que demande.
En realidad, son simplemente adolescentes, egoístas, ridículos en sus decisiones, y autoritarios. Quieren imponer su necedad a toda costa.
En lugar de evaluar caminos serios y responsables, abusan de la paciencia ajena hasta que la agotan.
Viven porque el aire es gratis. Cualquier esfuerzo por mínimo que sea les parece agobiante, desconocen cómo los demás llegaron a tener algo que envidian, que demandó muchísimo más esfuerzo.
Son parásitos, no regalan nada de ellos. Asumen que tienen más derecho que los demás, y quieren que les den en bandeja todo lo que pretenden.
Se acostumbraron a vivir de arriba, o del costado. Nunca piensan en cómo resolver sus propios problemas. Cuando otro le ayuda, es su obligación. Si no lo hace es un egoísta que no se da cuenta de su sufrimiento.
Tienen gran generosidad con lo ajeno. Se sienten solidarios porque el sacan a unos, se quedan ellos con la mayor parte, y le dan algo a otros tan adolescentes como ellos.
Siempre se les debe algo. Son eternos acreedores de la vida, Nunca piensan que los demás tienen derecho a lo que se ganaron, y que ellos deben respetarlo.
Adolescentes. Les duele algo que no saben bien que es. Por tanto, siempre tienen un motivo avieso para abusar de los que sonríen a la vida.
Si les ocurre un pequeño incidente, los pone al borde de una crisis de nervios, se apapuchan, y buscan alguien que les brinde un seno materno para morir abrazados.
Como se sienten ineptos para casi todo, es fácil reconocerlo y avanzar pidiendo que otro se los resuelva. Nada hay que agradecer ya que la vida fue más benevolente con los otros y los jodió a ellos.
Una ridícula vocación de ser víctimas de cualquier cosa, por lo cual salir a reivindicar manifestando su odio al sistema, que ignoran bien qué o quién es, está siempre a disposición.
No pueden madurar, la adolescencia los protege de salir a la intemperie y recibir las bofetadas que los puede noquear.
Que otros vayan y las
reciban. Nada hay que agradecer. Es una obligación que ellos
transfieren sin responsabilidad alguna.
En el gobierno aplican la misma receta. Son adolescentes, que eligen a otros cófrades, para no sentir el remordimiento de que se les reclamen responsabilidades.
Nunca responden que harán. No lo saben ni les interesa.
Ya dijeron que hay que hacerlo mejor. Van a repartir lo de otros a quienes se sientan tan adolescentes como ellos.
Endeudarse está bien. Joden a otros, sin conciencia ni voluntad de la reprimenda. Ya buscarán a quienes culpar. O directamente dirán que los que les prestaron son irresponsables de demandar resarcimiento porque sabían que ellos eran adolescentes.
Enfrentan al mundo a caballo de otros. Son parásitos, y buscarán parásitos que les ofrezcan cobijo, y si fracasan, cosa inevitable, los hará responsables de no haber repartido suficiente, endeudado suficiente, devaluado suficiente, regalado suficiente.
Los pobres los trajeron otros, ellos apenas tienen que atender que sonrían. Pan y circo. Y si no hay pan, el circo se paga con deuda.
Festejan lo que no ocurre, siempre habrá tiempo para lamentarse de lo mal que se portaron otros con ellos.
Un gobierno adolescente es tan peligroso como una bomba atómica en el inodoro.
Cuando las papas quemen, se esconderán como niños, buscarán adultos para resolver sus desastres, y los responsabilizarán por no haberlos comprendido y dejarles jugar con el gobierno.
Gobierno y pueblo adolescente es el mejor cóctel para fracasar, a veces un poco, y otros vendrán que buenos los harán.
Otras, más vale que la realidad los golpeé frecuentemente, única forma de intentar mantener la esperanza de que maduren.