EL PRECIO DE LA LIBERTAD - Parte 1
Se
atribuye a Thomas Jefferson la frase: “El precio de la libertad es
su eterna vigilancia”.
Y ser libre tiene un costo. Lo han demostrado a lo largo de la historia los múltiples intentos de sojuzgar, y los que aún perviven como islas de esclavitud.
El
Uruguay ha comulgado con el respeto irrestricto a la libertad
individual desde sus orígenes como nación independiente.
Artigas le dio el sello indeleble de republicanismo democrático, que se recoge en nuestra Constitución, en su Art. 8º: “Todas las personas son iguales ante la ley no reconociéndose otra distinción entre ellas sino la de los talentos o las virtudes”.
Artigas le dio el sello indeleble de republicanismo democrático, que se recoge en nuestra Constitución, en su Art. 8º: “Todas las personas son iguales ante la ley no reconociéndose otra distinción entre ellas sino la de los talentos o las virtudes”.
Wilson
Ferreira solía contar la anécdota de un extranjero que, en tránsito
hacia Buenos Aires, recaló en el puerto de Montevideo. Allí se puso
a conversar con un humilde paisanito que le dijo: “Ud. debería
quedarse acá”. El extranjero preguntó por qué, y el criollo le
respondió: “Porque aquí nadie es más que naides”.
Por
eso, porque todos valemos lo mismo, en nuestra Patria hay pocas
acciones de quebranto institucional, siempre son inadmisibles.
En
marzo de 1933, el presidente avisó en el Parlamento que la crisis
económica iba a aumentar. La desocupación había llegado a niveles
muy altos, el Estado estaba atrasado en el pago de las jubilaciones y
la Intendencia de Montevideo debía los sueldos. La falta de moneda
extranjera y la escasez de petróleo paralizaban las importaciones,
la industria, el transporte y gran parte del sistema productivo del
país. Días después del anuncio, el presidente Terra se instaló en
el cuartel de Bomberos de Montevideo con el apoyo de la policía y
disolvió las Cámaras.
Nunca
antes las Fuerzas Armadas intervinieron en decisiones políticas,
hasta que el 15 de abril de 1972, después de varios enfrentamientos
armados entre la guerrilla y la policía, y una fuga del penal de
Punta Carretas de subversivos conmovieron a la sociedad oriental. Fue
declarado por la Asamblea General el estado de Guerra interno,
convocando a las FFAA a enfrentar el desborde anti institucional.
La
situación no fue exclusiva, desde el año 1959, la revolución
cubana contra la dictadura de Batista, se asumió como una rebeldía
contra el poder por muchísimos jóvenes.
La
llamada Guerra Fría post segunda guerra mundial, había dividido en
bandos a comunistas y liberales. Ambos habían financiado y formado
milicias para la acción violenta y defensiva. Unos en pos de imponer
una dictadura similar a la de Cuba, en contra de las instituciones
democráticas, que se consideraban dictaduras burguesas.
Otros
defendiendo el sistema institucional democrático que permitía la
alternancia en el gobierno.
Desde
Cuba se formaron cuadros, se financió y dio armamento a
organizaciones políticas que representaban al partido Comunista en
países que estaban integrados al sistema democrático. Así lo
reconoció Esteban Valenti que estaba a cargo del arsenal comunista
en Uruguay para la “revolución” e imponer una dictadura.
Esperaban
el desarrollo de una cantidad de focos de levantamiento social,
hechos violentos que ameritaran enfrentar el aparato armado del
Estado. Mientras tanto, realizaban acciones de infiltración en
centros educativos para reclutar militantes, dominan la dirigencia
sindical y varios medios de prensa.
Un
grupo joven de militantes formados en Cuba, se apresuró a iniciar
acciones copiando otros que iniciaron acciones en varios países
sudamericanos. Sus acciones delictivas urbanas buscaban impresionar
por el terror a la población, burlando a la policía y realizando
escapatorias cinematográficas, convencidos de que no se convocaría
a las Fuerzas Armadas hasta tanto la institucionalidad estuviera
aterrorizada y hubieran ganado adeptos suficientes para enfrentarlas.
El
ataque más importante fue la serie de asesinatos por el
MLN-Tupamaros el 14 de abril de 1972. En la mañana, el grupo ejecutó
a tres soldados. Al capitán de corbeta Ernesto Motto, asesinado
mientras salía de su hogar, así también, un francotirador asesinó
al profesor Armando Acosta y Lara.
Se
llevaron adelante un total de 13 asesinatos en menos de 24 horas. Ese
mismo día, las fuerzas policiales invadieron las sedes del partido
Comunista y del movimiento 26 de marzo.
El
presidente Bordaberry solicitó al Parlamento declarar el país en
estado
de guerra interno,
superada la Justicia y la policía en el enfrentamiento.
El
evento recordado como el "día de sangre", no solo marcó
el inicio de las acciones de las Fuerzas Armadas en la lucha contra
el terrorismo, sino que también redujo drásticamente la popularidad
de los movimientos guerrilleros. Fernández Huidobro luego admitiría
que la ofensiva del 14 de abril se había tratado de un "grave
error de apreciación".
Entraron
en acción las FFAA en el marco institucional de una GUERRA.
Actuaron
sus integrantes bajo el mando militar, cumpliendo órdenes de la
Justicia penal civil. Fueron movilizados todos los oficiales,
suboficiales, y personal de tropa.
El
personal militar que no cumpliera las órdenes estaba desertando, con
las consecuencias correspondientes en estado de guerra.
Los
mandos
militares
fueron asumiendo que los arsenales demostraban que había mucho más
que un grupo sedicioso en lucha contra las instituciones. Ampliaron
el radio de su responsabilidad hasta el extremo de integrar casi todo
al concepto de Seguridad Nacional, como parte de su responsabilidad
natural.
Así
lo plantearon al presidente Bordaberry y se fue extendiendo el campo
de intervención militar, hasta que en febrero de 1973 los mandos
militares colocaron al presidente en confrontación con el Parlamento
por la supresión de inmunidad parlamentarias a varios de sus
integrantes. La demora parlamentaria en resolverlas, incentivó a los
mandos militares a considerar que se estaba en complicidad con
cabecillas de la subversión, y exigieron al presidente la disolución
del Parlamento, que se produjo recién el 27 de junio.
Es
meridianamente claro, que ningún
joven oficial militar
pudo tomar decisiones sobre las acciones con los detenidos por su
cuenta. Menos que éstos hubieran decidido avanzar sobre el
Parlamento.
La
decisión fue exclusivamente de los mandos.
Las posiciones personales eran intrascendentes. La posibilidad de
manifestarse en cualquier sentido era nula en el marco de un golpe de
Estado en ciernes.
En
el próximo capítulo:
la venganza será terrible.