EL ESTADO TE CUIDA - Parte 3

El mercado es el proceso a través del cual los individuos coordinan sus acciones unos con otros, satisfaciendo sus necesidades a través de la producción encaminada a la satisfacción de las necesidades de los demás.

La interacción comercial que genera el mercado entre producción y satisfacción de necesidades, no tiene techo. Se retroalimenta con nuevas necesidades y llegará hasta donde alcance la creatividad, la inversión, el esfuerzo, y el riesgo de la función empresarial. Su límite es llegar a satisfacer las infinitas necesidades que la sociedad va modificando.

Por tanto, cualquier cosa que se disponga que haga el Estado como proveedor de bienes o servicios lo puede hacer más eficazmente un privado.

La afirmación, debió ser la opuesta: “mercado hasta donde sea posible, estado hasta donde se pueda reducir, para no perjudicar la creación productiva”.

Para satisfacer las necesidades del cliente, tanto la empresa privada como el Estado como proveedor, deben ajustarse a una competencia que les exige atender a restricciones presupuestales, competir en eficiencia y eficacia en la relación costo beneficio que le ofrecen al consumidor.

¿Cuál es entonces ese mínimo del estado que, conviene a toda la sociedad, y cómo hacerlo eficaz y eficiente?

La tradición liberal exige pensar al estado como algo ajustado a la realidad social y económica, que impacte lo menos posible en el derecho a la propiedad privada, cumpliendo el principio de no agresión.

Optimizar la utilización de los recursos para permitir que crezcan, y que los beneficiarios sean los consumidores, tanto de servicios y bienes privados cómo públicos.

El problema es que se abusa del poder estatal y se hace imprescindible imponerle serios límites al desborde del poder de imperio; a la posibilidad de extraer recursos ilimitadamente del productor privado haciéndole la vida imposible.

Para un político y un burócrata el cielo es el límite. Las restricciones constitucionales, legales, o simplemente naturales de la economía, siempre tienen una excusa para ser barridas, y avanzar sobre el sector privado.

El estado es un grupo de personas, cada una de ellas con caras y ojos igual que el que está al otro lado del mostrador. Se trata de un grupo de personas cuyos ingresos son el resultado de la confiscación de la riqueza, que previamente imponen a otros individuos que la han creado a través de su participación esforzada en el proceso de mercado.

El estado que ellos representan, es la única agencia dentro de la sociedad compuesta por la minoría, que debe necesariamente crear pobreza en aquellos que involuntariamente pagan los impuestos para poder acrecer su riqueza. Y dedican su ingenio para escaparse de cualquier obligación de control externo para ejercer esa exacción violenta.

El estado, monopolio de la violencia, actuando como un grupo criminal altamente organizado, pretende que no exista competencia privada en el “negocio” de abusar de la plata de toda la sociedad en un territorio determinado.

Aun cuando ese dinero confiscado se aplique a necesidades reales y urgentes de una parte de la sociedad, siempre existe una apropiación adicional del beneficio para el político o el burócrata que queda a su libre albedrío.

Así, los principales medios ajenos que asigna el estado a la producción de la seguridad, evitan víctimas del delito entre los pagadores de impuestos, propende a que no sean víctimas de otros criminales no institucionalizados.

El estado, desviado de su utopía constitucional, es el resultado de un proceso evolutivo en el que un grupo de brutos y burdos bandoleros se da cuenta de que hay propiedad privada en sus víctimas, y decide que le conviene organizarse en una mafia criminal, más sofisticada, para asegurar sus ingresos futuros.

Su objetivo, es afectar a los individuos que son la fuente de los impuestos, anteponiendo sus gastos presupuestales sin consideración a que los individuos que producen la riqueza se retiran a los lugares donde no los confisquen; o los expropien en menor grado. O sencillamente se encogen los hombros y dejan de producir acosados por la burocracia política.
Es la única agencia en la sociedad que esgrime proteger a los individuos agrediéndolos en su vida y propiedad. Merece el reproche ético que, auditando sus acciones, resultará que casi el 100% son fraude.

A partir de las conclusiones anteriores, es imprescindible salir del claustro mental que nos ha convencido de que “el Estado te cuida”. Sus agentes cuidan únicamente sus propios intereses de eternizarse en el expolio.

La única forma de saber si aquellas acciones que el estado tiene como objetivo cumplir, desde recoger la basura, arreglar parques, o impartir justicia, es realmente necesario que las cumpla un burócrata estatal. O, sería mejor que en el marco de competencia del libre mercado, se abriera la oportunidad a empresarios privados de producirlas mejor y más barato.

Definir por competencia según lo que dicte el consumidor: o bien, la función empresarial se encarga de manera más eficiente de producir aquellos servicios; o un burócrata (sin el padrinazgo político).

Si no lo produce el privado porque no habría hallado ganancia empresarial, querría decir que, aquello que producía el estado en determinada cantidad y calidad no era realmente necesario.

Subsidiar, transitoriamente, al que no pueda pagarlo, será siempre más conveniente para la sociedad que pagar burocracia para siempre.

No hay serpientes y monstruos más allá del límite del estado.

Ni en éste únicamente se encuentran personas más sabias, buenas, y generosas.

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