EL ESTADO TE CUIDA Parte 1
Ludwig von Mises, sostiene que el Estado es el monopolio de la coerción, creado por la sociedad para crear y mantener el marco institucional que permita tener a raya a los agentes que opten por la violencia privada para satisfacer sus necesidades. Impidiendo la creación de recursos a los medios económicos de la producción y el intercambio voluntario.
Algunos autores libertarios afirman que el Estado es éticamente indefendible, como económicamente ineficiente.
Veamos las diversas posiciones.
La cultura que se nos ha impuesto con sagacidad y esmero es que el Estado “…te cuida”, Un apotegma político-estatista, que hace blasfemo siquiera pensar en la posibilidad de sustituir semejante parásito, por algo mucho más eficaz y eficiente.
Se podrá intentar inútilmente reducirlo, pero, no está prohibido siquiera concebir como viable la eliminación del Estado. En realidad, la sustitución de las funciones que la sociedad entienda necesario cumplir por agentes privados que lo hagan menos costoso y con mejor resultado para los intereses de toda la sociedad.
Algunos respiran tranquilos, por posiciones liberales transigentes, que se autocensuran, rescatando la existencia de algo como el Estado mínimo. Un paso hacia poner a régimen a dieta del gasto público al obseso contumaz por multiplicarlo.
El síndrome del prisionero nos somete a no discutir siquiera la necesidad de semejante aparato. Hace imposible considerar que el Estado, cuyos ingresos provienen del arrebato involuntario de la propiedad de los demás, que a diario criticamos por su ineficiencia, su ineficacia, y su abuso, dejara de existir.
¿De dónde provendría el orden? ¿De dónde provendría el permiso para comerciar con unos y no con otros? ¿De dónde provienen los jueces, los policías, etc., sino es el del Estado?
Tendremos que dejar para otro capítulo las posibles formas de producción privada de las actividades de que se ocupa actualmente el Estado.
Pero, queda claro que cuando el propio Estado quiere cumplir algunas tareas mejor que su propia inoperancia, restringiendo la ineptitud, la ignorancia y la arbitrariedad del desborde al que ha llegado, recurre a la contratación de la actividad privada.
Ya vamos desnudando, que el Estado es un plus del gasto para autorizar a otros a que hagan las tareas que se debió realizar el burócrata, que no las cumple, para las que debe contratar a un privado, pero igual cobra el sueldo. Todo ese costo duplicado, y el plus del riesgo de corrupción, pesan sobre el contribuyente.
Este monstruo devora la vida, producción, y el sustento de tanta gente, que simplemente quitarle el gasto por acciones duplicadas asignadas a privados, ya es un ahorro. Aunque a veces, ideas clientelistas, reviven la estatización, y el espiral vicioso del gasto vuelve a repetrise.
El Estado es un organismo vivo. Mucho más vivo que cualquier individuo. Hace más de 60 años que se habla en nuestro país de la “Reforma del Estado”. Y hace el mismo tiempo, que esa ameba esquiva que se le ponga a dieta.
Por el contrario, crece y crece, asfixiando toda la actividad productiva, desde el pequeño emprendedor hasta a la inversión privada de calidad.
Los únicos que se salvan, simplemente por una cuestión de sobrevivencia del Estado y del sistema político, son las empresas extranjeras, que no vendrían a invertir en un mercado subdesarrollado, en un mercado hiper regulado, en un mercado sofocado por regulaciones e impuestos, si no fuera porque esa explotadora del privado, los exime de las cargas de soportarlo.
Luego, se queja de que las mismas exoneraciones que otorgó el político-burócrata, son recursos esquivos a su devoción consumista de lo ajeno.
Esas condiciones que se brindan al extranjero, no liberan al local. Mientras a quien venga de afuera a arriesgar su dinero, invirtiendo en un país donde las reglas las cambian a piacere de un burócrata, un político, o una necesidad de darle de comer a la máquina burocrática-política, el modesto emprendedor local las padece sin remedio.
El parásito estatal-político, o viceversa, uno se alimenta del otro, es una tentación para la corrupción, el nepotismo, amiguismo, clientelismo. No obstante los hechos que la impunidad autopercibida oculta, y aún los delitos probados, en las mentes deformadas del ciudadano, ciego a la realidad que lo expolia, el Estado “…es una imprescindible necesidad, hay que soportarlo, pagar sus demandas absurdas, verlo desarrollarlo inventando oficinas inútiles, y crecer. El Estado es nuestro.
Así inventaron aquella famosa definición de los estatistas tímidos: “Tanto mercado como sea posible, tanto Estado como sea necesario”.
Y como la necesidad la marca el sistema político, la retroalimentación del Estado, su obesidad y aplastamiento del mercado, está asegurada.
Veremos alternativas en el próximo capítulo.