EDUCACIÓN vs. IDEOLOGÍA

Cantinflas define claramente: “Una cosa es ganarse al pan con el sudor de la frente y otra bien distinta es ganarse el pan con el sudor del de enfrente”.

Si no estamos preparados y dispuestos a ganarnos el pan con nuestro propio esfuerzo y formación, existe la tentación de vivir de lo ajeno.

Nullius in verba” significa que no hay palabras finales. Estar siempre revisando conceptos para redefinir el conocimiento anterior, que está constituido por corroboraciones provisorias, abiertas a refutaciones, que han permitido nuevos saltos cuánticos para bienestar del ser humano y la baja radical de la pobreza.

El conservadurismo, el anquilosamiento, es la contracara del liberalismo y con ellos se genera el estancamiento, el retroceso personal y social.

Nuestra educación en conflicto con la ideología, vive en un clima áspero de incomprensiones e intereses opacos de variada intensidad.

La construcción ideológica de una educación contrapuesta a la sociedad que la soporta y financia, se produjo concomitantemente con la implosión de la Unión Soviética y la debacle del muro de la vergüenza en Berlín.

Quedó expuesto un holocausto social de proporciones cósmicas. Pero, Antonio Gramsci, una persona tóxica, escribía desde la cárcel de un fascista, ex socialista, las bases antitéticas de la libertad de pensar. La restricción a crear conocimiento nuevo, a formar personas útiles para el trabajo. El bloqueo a avanzar para beneficio colectivo. “Tomen la cultura y la educación, el resto se da por añadidura”

Su manual caló en el ideologismo militante. El designio de que todo vale para alcanzar una sociedad utópica probadamente fracasada, permitía, a unos cretinos vivir a costa del “sudor del de enfrente”.

El pobre que pagaba para que su hijo fuera carne de cañón de una revolución truncada, que pervivía parasitando la educación, convirtiéndola en herramienta de confrontación social. Una casta vive y medra de paralizarla, adoctrinando. Frustra con ahínco que el estudio sirva al estudiante y con él mejore la sociedad.

La educación que debiera enseñar cómo pensar, nunca qué pensar, formar pensamiento crítico e independiente, pasó al pensamiento único. Una religiosidad laica convirtiendo prosélitos.

Improcedente, exacerbada y malintencionada, la ideología fue inficionando la educación pública, que otrora permitió alcanzar umbrales universitarios a generaciones de una condición económica media y baja. Era la esperanza de los pobres, sacrificarse, soñar la ilusión de “M´hijo el dotor”.

Todo pasó a ser inoperante. No se permite medir resultados. No se audita el gasto educativo. Atenta contra la “independencia universitaria”, contra la laicidad. El gobernante no mete “pezuñas” en la currícula. El sistema de sindicalistas maneja la educación.

La gratuidad, una beca no arancelada, se convirtió en doctrina para justificar horrorosos desmanes del gasto creciente para deficientes resultados, que pagan con el sudor “los de enfrente”.

La laicidad, alejar doctrinas que deformen niños y jóvenes, dio lugar a la unicidad. Está permitido, más bien, es exigido, enseñar lo que Gramsci predicó: la destrucción del sistema de libertad de pensamiento y de expresión sin restricciones. Demoler la sociedad para construir un hombre robótico “nuevo”. Sin pensamiento propio; sin capacidad crítica; sin rebelarse al manual que exige definirse, y luchar, entre: “explotados y explotadores”.

Destruyen la educación que impulsó a quienes no tenían recursos superar su condición adquiriendo más conocimientos. Despegar, superarse, ganarse un pan mejor con el sudor de SU frente.

Nos copan pesadas cadenas de odio. Paralizan la educación convirtiéndola en inservible. Producen deserción, abandono, desinterés. Apadrinan analfabetos universitarios que llegaron a cargos docentes. Lo que interesa es repartir sueldos, y honores docentes falsos.

La mente abierta es discriminada, acallada, segregada, expulsada, perseguida. Gramsci va ganando por goleada.

La educación ideológica burocratizada paralizó la decisión de reformar la educación. La convirtió en una rémora estancada manejada por un grupúsculo de sindicalistas.

Un viejo ex presidente, ideológicamente gramsciano, reconoció que su discurso de proclamación: “Educación, educación y más educación”, no pudo contra la casta sindical. En febrero de 2013 señaló: “El trabajador que te dice – con todo el derecho – dejo a los gurises sin clases, olímpico. Antes de empezar este año ya nos estaban anunciando que iban a parar, porque esto y lo otro no servía… Pará un poquito ¿Por qué castigas a los chiquilines? Vení a patear al gobierno y rompernos todo lo que quieras, pero no dejes a los gurises en pelotas”,

La libertad en el más amplio sentido es imprescindible en una educación tecnológica mutante por minutos. El profesor no sabe lo que se enseñará mañana. Debe aprender del alumno crítico; crear el clima analítico, formar para cowork de librepensadores. Soñar el mañana. Ayudar a cambiar la pisada a millones de niños y jóvenes que sin esa herramienta, entrado el segundo cuarto del siglo XXI, apuntan únicamente a una renta básica universal.

Entradas populares de este blog

POR LA RAZÓN O LA FUERZA

CRISIS O DECADENCIA DE UN IMPERIO

UN NEGRO PORVENIR